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Viernes, 16 de Noviembre de 2012

Actualizado12:43:48

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El sincretismo de Machu Picchu

Teodoro Rentería Arróyave
Comentario a Tiempo

Machu Picchu, Cuzco, Perú. De antemano sabemos que es un imposible, sin embargo creemos que ningún ser humano debería dejar pendiente cuando menos un visita a este portento del ingenio, de la cultura y de la sabiduría andina.

Claro, sin dejar de reconocer que el visitante tendrá dos panoramas contrastes: la majestuosidad del sitio arqueológico único e irrepetible y la miseria del pueblo que vive olvidado de todo progreso no obstante las ganancias de la industria turística que aquí se hace millonaria por esta sola razón: la herencia de los ancestros.

Toda persona hoy puede entrar a la Internet y sólo con las palabras mágicas Machu Picchu, encontrará las tomas y las escenas mejor logradas, recorrerá con la magia de la tecnología hasta los detalles más delicados que seguro en gran medida se le escapara al visitante, sin embargo, nada como hacerse presente y sentir en cuerpo, en alma o como se quiera, en el numen la potestad de la inteligencia del indio americano.

Como será este sincretismo, tomando en cuenta su explicación clásica de que representa el proceso de transculturación y mestizaje entre distintas culturas, que pudimos percatarnos de un invidente que vivía el momento de la magia del lugar, mientras nuestros amigos de viaje, el colega tamaulipeco, Mario Ángel Díaz Vargas y su esposa Arlette no cesaban de reconocer que algo tiene ese lugar enclavado en un solar entre cientos de montañas a 2 mil 400 metros sobre el nivel del mar, al ser testigos del recorrido total de una joven discapacitada la cual se desplazaba en muletas.

Arriba, unos 650 metros más se encuentra la montaña que da nombre al sitio arqueológico, Machu Picchu que significa Montaña Vieja, el cual se empezó a conocer por la comprobación de su existencia en 1911 por el estadounidense Hiran Bingham, que no su descubridor, pues los lugareños lo conocían desde siempre; Melchor Ortega y un niño de 11 años, Gabino Sánchez fueron sus guías, el jovencito tuvo un papel de máxima importancia porque conocía ese lugar hasta en sus más recónditos recovecos, simple, porque era la cancha de sus juegos infantiles.

Para llegar este lugar, primero tiene que hacerse por tren o a pie, no existe carretera alguna, luego a tomar los modernos autobuses que recorren 8 kilómetros de brecha serpenteada robada de las laderas de la montaña, con una destreza de los operadores que evitan a cada instante un accidente lamentable, inclusive cuando se encuentran de frente dichos vehículos que transportan a 39 pasajeros. Los precipicios puede uno imaginarlos, para llegar al destino hay que subir unos mil 200 metros.

Volvamos al tema social, quiénes son los verdaderos beneficiados con la derrama en dólares de más de un millón y medio de turistas que visitan Machu Picchu cada año, la contestación es más que triste, indignante: las empresas extranjeras y algunas nacionales, muy pocas, puesto que son las propietarias de los sistemas ferroviarios, de los hoteles y de la contratación de los tours internacionales.

Mientras, el pueblo local medio se defiende con la venta de las artesanías, que posiblemente también estén en manos de empresarios monopolistas voraces. Ya explicamos que las ganancias públicas del turismo se van integras al gobierno federal.

Como en muchas localidades de nuestros pueblos autóctonos, al lado de la riqueza infamante, la situación de miseria se le encuentra en todas partes, a donde se ose mirar. Machu Picchu nos recibe en una estación de tren más o menos presentable, luego el mercado de vendimias deprimente, puestos con techos de laminas como son las casuchas de adobe donde viven los locales, que algunos "hermosean" con tejas y minúsculos detalles en barro, como la cruz, la escalera, los bueyes de labranza, que significan, paradójicamente, fe, prosperidad y trabajo, pues aquí, es sólo trabajo.

Pocos negocios aceptan el pago con tarjetas bancarias, como es lógico únicamente en los hoteles de cierta categoría y en los comercios de la plata. Para mayor apreciación de la situación, la mayoría de los restaurantes no están en la red bancaria. Para retratar mejor aún la realidad de aquí, no vimos ni un automóvil, ya que no existe ni un tramo de calle pavimentada. La ruta de los autobuses turísticos es exclusiva.

El sincronismo que es comunión de culturas y creencias, no ha hecho justicia a los verdaderos herederos de los genios incaicos que dejaron estos vestigios, que para algunos significan millonarios ingresos, para otros el goce intelectual, para otros más llenarse de la enérgica positiva que está ahí, que no conoce del paso de los siglos, para los lugareños, repetimos, la injusticia social, hasta ahora el progreso y las oportunidades de desarrollo no llegan, se les ha negado por siglos.

Periodista y escritor. Vicepresidente de FELAP y Presidente fundador y vitalicio honorario de FAPERMEX. Agradeceré Sus comentarios y críticas en Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla , Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla y Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla Nos escuchamos en las frecuencias en toda la República de Libertas Radio. Le invitamos a visitar: www.felap.info, www.ciap-felap.org, www.fapermex.mx, y www.clubprimeraplana.com.mx

 

El sincretismo de Machu Picchu
Comentarios (1)Add Comment
0
difiero en el asunto de los automoviles
escrito por uno, noviembre 14, 2012
Talvez habria que pensar en que el tamaño del pueblo, muy acorde a su suelo util, hace totalmente innecesario la utilizacion de automoviles,las calles son peatonales, pavimentadas o no, un auto no cabe y no deberia caber!, ya hay suficiente daño con los miles de carteles de precios y comidas a un pueblo ubicado en un lugar precioso, para cuidarlo faltan normativas o si las hubiere, respeto por las existentes, que permitan un desarrollo armonico del pueblo, asi como regulen y promuevan la participacion de la comunidad local en las decisiones y la participacion del capital que por concepto de turismo ingresa.

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