En
un auto más que escandaloso, politizado y salpicado de innumerables vicios
tanto en la forma como en el fondo, el Juzgado de Instrucción número 47 de
Madrid, intenta criminalizar, penalizar y aprehender a diez exiliados políticos
guineoecuatorianos y a un difunto abogado español, por prefabricados delitos de
“desórdenes públicos” y de “daños”, a raíz de una manifestación
registrada en la embajada de Guinea Ecuatorial en verano de 2005, tras el
intento de asesinato a un exiliado político perpetrado por sicarios pagados por
el régimen de Teodoro Obiang
PEDRO NOLASCO
El puño
de hierro y asesino del tirano Teodoro Obiang es tan largo y potente
que no entiende de fronteras a la hora de perseguir a disidentes políticos. Así
lo demuestran los innumerables secuestros y asesinatos a exiliados políticos
perpetrados en los últimos veinte años en Camerún, Gabón, Benín, Nigeria, Costa
de Marfil y Reino de España.
Excepto Camerún, que tuvo
que expulsar y declarar persona non grata al Embajador Florencio Mayie Elá, por
el secuestro de un exiliado político y juzgar a los policías implicados, ningún
otro país ha reaccionado contra la violación territorial de un Obiang que, pisoteando
abiertamente el Derecho internacional, ha ido cazando como moscas – en no importa qué
país – a disidentes políticos que huyen de la barbarie sociopolítica que se
vive en Guinea Ecuatorial desde 1969.
El Reino de España, cuyos
dirigentes políticos berrean machaconamente que “viven en un Estado de Derecho y Democrático” como si,
efectivamente, dudaran de ello, que, de hecho, dudan de ello, como la inmensa
mayoría de la población del Reino, no
dijo absolutamente nada sobre la
incursión del malvado puño de Obiang en su territorio, esta vez pillado in
fraganti.
En plena luz del día y a
ojos vistos de todos los vecinos, dos sicarios visitaron la casa de un exiliado
político para asesinarlo y lo confundieron con su hermano, a quien asestaron
cinco puñaladas mortales. Sobrevivió de milagro. El blanco de los sicarios, que
estaba en la terraza de su casa junto a familiares y amigos, al escuchar el grito de socorro de su
hermano, salió en su auxilio y vieron a un hombre, colombiano, huyendo
velozmente del lugar. Lo persiguieron y lo redujeron. La policía vino horas
después y se lo llevó.
Los servicios de
inteligencia, la guardia civil y la policía están más que documentos que dicho
intento de asesinato fue el principio de una represión política largamente
tramada por Teodoro Obiang a través de su embajada en Madrid para asesinar a
disidentes exiliados en el Reino. Si pudiera, retaría al Gobierno español a
desclasificar los informes secretos elaborados al respecto por la policía y los
cuerpos mencionados.
Llegado el turno de la
famosa “Justicia” del Reino, no hubo mención de terrorismo de Estado, en éste
caso, internacional, orquestado por un régimen, el de Teodoro Obiang, en el
territorio español. Durante la vista, los propios sicarios abrieron un poco la
boca, pero el juez les silenció y se limitó a tratar el caso como delito común,
lo que también, basándose en no se sabe qué fuentes, había aireado ciertos
medios de prensa del Reino nada más producirse el intento de asesinato. ¿Qué
habría sido de la suerte de los exiliados si ellos mismos no hubieran reducido
al sicario de Obiang? La justicia no sólo manipuló el caso sino, en el peor de
los casos, ha condenado a quienes
inmovilizaron al sicario.
Presión
política
Es de sobra conocido por
la propia población española que la Justicia del Reino no sólo es miope y
corrupta sino también está profundamente politizada y manoseada. Si no, ¿cómo
es posible que un delito de terrorismo de Estado se convierta, de un plumazo,
en un delito de delincuencia común? Se pregunta desesperadamente la oposición
guineana.
Esa indefensión judicial
que convierte a las víctimas en verdugos sólo se puede entender en el auto que,
a instancias del procurador del déspota guineano en España, Jacobo García
García, pondera el Juzgado de Instrucción número 47 de Madrid para llevar a la
cárcel a diez opositores guineanos y a un difunto abogado español.
El puño de hierro y
asesino de Teodoro Obiang porta al mismo tiempo criminalidad, demasiados fajos
de euros y barriles de petróleo. La tentación está más que servida.
El ex ministro español de
Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, no puede quedar al margen cuando se
trata de ese caso. En su intento de enriquecerse con el petróleo ensangrentado
de Malabo anduvo detrás del déspota durante el tiempo que permaneció en el cargo y se convirtió en un miembro más
de su régimen, un portavoz cuyas declaraciones eran siempre desvergonzadas cuando
defendía la tiranía de Teodoro Obiang. ¿Cuánto habría reembolsado con ese
trabajo? Es el nudo de la cuestión que siempre estará al aire hasta que se produzca
un cambio de rumbo político en el país negroafricano.
‘Rumores’ ampliamente
extendidos en círculos de la oposición guineana exiliada en el Reino apuntan a
que el ex ministro español presionó desde un primer momento al ministerio del
Interior y el de Justicia para que el intento de asesinato quedase como un caso
de ajuste de cuentas o de delincuencia común. ¿Qué iba a hacer el juez del
caso? Carpetazo. http://www.periodistas-es.org/myblog/pedro-nolasco-ndong-obama/espana-indulta-a-un-sicario-de-obiang
http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2005/524/1130623203.html
Un
auto inquisitorial
En el susodicho auto solo
falta que se califique a los acusados de terroristas. El Fiscal del caso,
basándose en la denuncia del procurador del tirano, Jacobo García García, dice
que los acusados “atentaron contra la paz
pública”, porque “penetraron en la embajada de Guinea Ecuatorial,
fracturaron mobiliario, material informático y de oficina, así como los
retratos del presidente de Guinea, esparcieron por el suelo los archivos,
fracturaron los inodoros, lavabos y espejos, causando daños que han sido
tasados pericialmente en 10.858,36 euros”. Siempre, según el auto, “cinco integrantes no
identificados agredieron a la primera secretaria de la embajada Victoriana
Mbasogo Mangué [sobrina del déspota], causándola lesiones consistentes en
contusión bucodental que requirió para su sanidad una primera asistencia
facultativa”.
Según el Fiscal, los
referidos hechos son constitutivos de un delito de desórdenes públicos y un
delito de daños penados por el Código Penal. Y solicita la pena de dos años de
prisión por el delito de desórdenes públicos, así como la accesoria legal de
inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de
la condena. Por el delito de daños, la pena de multa de diez meses con una cuota
diaria de 6 euros, con la responsabilidad subsidiaria del artículo 53 del
Código Penal para caso de impago. Los acusados serán condenados también al pago
de las costas procesales. El Fiscal se interesa igualmente por la expulsión del
territorio español y prohibición de regreso al mismo por el plazo de diez años.
En concepto de
responsabilidad civil, solicita el Fiscal, los acusados indemnizarán conjunta y
subsidiariamente a la embajada de Guinea Ecuatorial en España la cantidad de
10.858,36 euros por los daños causados en su sede. El Fiscal interesa para el
caso que se dicte sentencia condenatoria, que se remita testimonio de la misma
a la autoridad gubernativa a los efectos de la incoación del correspondiente
expediente sancionador de conformidad con el Reglamento de Extranjería.
“¿Atentado
contra la paz pública?”
Éste Fiscal es único, tan
único en su peculiar manera de interpretar el Derecho. ¿Cómo una simple
manifestación de una oposición aterrorizada puede calificarse como atentado
contra la paz pública? ¿La paz pública de dónde? ¿De Guinea Ecuatorial o del
Reino de España? ¡Qué pena!
Queda claro hasta qué
punto el asunto está más que politizado y controlado por el tirano de Malabo,
cuyo procurador en España, Jacobo García García, tendrá que revelar en su día
cuántos barriles de petróleo recibió para distorsionar los conceptos más
elementales del Derecho, hasta el extremo de influir en el Fiscal.
Cuando aluden “atentado contra la paz pública”, quieren
acogerse a la Convención de Ginebra de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados
y dejar al margen de la Ley a los acusados que, en este caso, serían
automáticamente expulsados del Reino y si cabe, ser extraditados a su país. Burda
maniobra a la Justicia. Claro, la Justicia del Reino.
Lo que se produjo en la
embajada de Guinea Ecuatorial en junio de 2005 fue un acto legítimo de la
oposición guineana en defensa de su integridad física y personal, en un momento en que éstas habían sido
puestas en juego tanto por el régimen guineano que el país de acogida.
Con la vista gorda de las
autoridades españolas competentes, el régimen guineano venía planeando en su
sede diplomática de Madrid una serie de atentados para acabar con ciertos
exiliados políticos y hasta que se produjo el primer intento, todo discurría
discretamente muy a pesar de las numerosas alertas lanzadas por la oposición,
como consta en diversas comisarías de Madrid, cuando la oposición empezó a
recibir llamadas telefónicas anónimas amenazantes.
El Gobierno y sus
servicios correspondientes no hicieron absolutamente nada para proteger a
quienes recibían dichas llamadas, ni menos investigar su autoría. Queda claro
que querían un baño de sangre en el colectivo de exiliados guineanos y éste se habría producido
si escapara el sicario del atentado de Alcorcón.
¿Qué hacen los servicios
de seguridad y del orden público españoles cuando descubren un zulo de
terroristas? Exactamente es lo que hizo la oposición, porque la embajada de
Guinea Ecuatorial se había convertido a lo largo de los años en una sede de sicarios,
de corrupción y de tráfico de droga, como consta a las autoridades españolas
que, en numerosas ocasiones, han declarado persona non gratas a diplomáticos
guineanos por su implicación en el tráfico de droga.
Sin embargo, extraña que
el auto se limite única y exclusivamente a ponderar sobre la manifestación, sin
remontar el origen de los hechos. El auto no puede ser más que inquisitorial,
en el momento en que crea absoluta indefensión en los acusados, a los que
considera como simples delincuentes. ¿Si el régimen guineano, bajo el
consentimiento del Reino, no hubiera contratado a sicarios para matar a
opositores exiliados, se habría registrado la manifestación del 24 de junio de
2005? ¿Dónde está la justicia? ¿Por qué la justicia española no quiere, hasta
la fecha, tratar ese tema como terrorismo de Estado?
El Gobierno del Reino
dice que no negocia con los terroristas. Tampoco la oposición guineana, al
menos la del exilio, negocia con terroristas, porque Obiang y su régimen no son
sino una organización criminal, que llevan treinta y dos años aterrorizando a
los guineanos tanto dentro que fuera del país.
Inseguridad
y discriminación
Los exiliados políticos
guineanos viven en la más absoluta inseguridad en el Reino de España y son
objeto de una férrea discriminación por parte del Gobierno y de la
Administración. No gozan si quiera de los más elementales derechos contemplados
en la Convención de Ginebra de 1951. Lo que no se registra en colectivos de
otros países como, por ejemplo, Cuba. Mientras éstos gozan de todos los
derechos habidos y por haber, los negritos guineanos tienen que lidiárselo día
a día incluso para sobrevivir, tener una vivienda digna o acceso a servicios
sanitarios gratuitos.
La Convención de Ginebra
de 1951 establece que “los Estados Contratantes concederán a todo
refugiado el trato más favorable posible y en ningún caso menos favorable que el concedido generalmente
a los extranjeros en iguales circunstancias, respecto a
la adquisición de bienes muebles e inmuebles y otros derechos conexos,
arriendos y otros contratos
relativos a bienes muebles e inmuebles”.
¿Cuántos exiliados guineanos disfrutan de ello?
Ni en lo más elemental ni
en lo más relevante, los exiliados guineanos han sido apoyados por el Reino. El
Gobierno de aquí no los considera como
tales, de gente huida de su país por la persecución política de la tiranía que
allí impera. En España están tratados como inmigrantes comunes, de negritos que
han venido a buscarse la vida en el paraíso español y, por eso, cuando se
producen casos como el intento de asesinato a manos de sicarios contratados y
pagados por el régimen guineano, rápidamente lo trasladan a delincuencia común
si no a simple ajuste de cuentas. ¿Por qué? El futuro nos lo revelará con más
precisión. Mientras, lo único que España consigue y ha venido consiguiendo con
comportamientos de esa naturaleza es un odio visceral de los guineanos. En el
futuro, llegado el cambio de rumbo político en el país negroafricano, habrá una
ruptura radical no sólo con el pasado interno sino también con los gobiernos
occidentales que, sin escrúpulos, apoyaron la tiranía. La reciprocidad
diplomática.
Petróleo
y crisis
En la actualidad el
Gobierno español es el más importante lobby del régimen guineano en el mundo
occidental. ¿Qué más se puede esperar cuando americanos y sionistas hacen más
de lo mismo? En los últimos ocho años, políticos del Reino, Gobierno y partidos
políticos [PSOE, PP, CiU, ERC, PNV] han desfilado frente a Teodoro Obiang para
rendirle pleitesía e implorarle que admita la inversión del capital español en
su antigua colonia, a cambio de lavar su imagen, silenciar la oposición interna
y externa y obviar las exigencias sobre la democratización y el respeto de los
derechos humanos. El colmen de tal sumisión llegó en febrero de este año con la
visita del presidente del Congreso español, José Bono quien, dicho sea de paso,
escenificó una importante contradicción diplomática ya que, en noviembre de
2007, el mismo Congreso vetó la entrada del déspota guineano en su hemiciclo.
¡Obiang no era tan déspota como hoy!
La producción petrolífera
se incrementa en el país centroafricano mientras la antigua metrópoli transita,
desorientada, en una profunda crisis de valores y económica. La avidez por el
petróleo de Obiang es la que marca hoy el rumbo de las relaciones hispanoguineanas.
Todo, absolutamente todo, transcurre conforme al guión del déspota, de modo que
el Gobierno del Reino y sus empresas que invierten en el país centroafricano están
más que obligados a satisfacer las exigencias de Obiang si quieren beneficiarse
del maná que atesora en su coto privado. La historia os lo demandará.

escrito por Dante Chalco Vargas, octubre 05, 2011
escrito por Nguemansingber-Mba, octubre 04, 2011
Yo me lo pregunto a menudo y, a más de su lengua y su religión, cosas ambas que impusieron a hierro y fuego, hasta el dia de hoy no se me ocurre nada; ningún mérito del reino de España que pueda hacerme siquiera plantearme la conveniencia de la continuidad de unas relaciones bilaterales siquiera mínimas y de cara a la galeria entre un futuro gobierno realmente democrático en Guinea Ecuatorial y el Reino de España. Sinceramente y desde un juicio objetivo, desde la colonización española el pueblo soberano de Guinea ha recibido bastantes más palos que zanahorias de la "Madre patria". Socavando incluso en estos últimos tiempos los valores democráticos, éticos y cívicos que esta nación moralmente podrida llamada España promueve y recoge en su Constitución.
Creo sinceramente que el reino de España tuvo demasiadas oportunidades a lo largo de la historia para demostrar su amistad y apoyo al pueblo guineano, y nunca las aprovechó conveniente y satisfactoriamente.
Con amigos como España, para qué quiere el pueblo de guinea enemigos?
Estoy convencido de que la ruptura definitiva y radical con España es, en un futuro democrático, el mejor negocio que haría el pueblo de guinea en materia diplomática. Hay más paises en Europa, como los escandinavos, o Rusia, Japón o China, con los que, reforzando el marco de cooperación, y cediéndoles el puesto de privilegio que desde siempre ocupa la estéril España en la diplomacia guineana, con toda seguridad saldria mucho más beneficiado que ahora el castigado pueblo de Guinea Ecuatorial.
Hoy declaro que el dia que acabe el imperio de Obiang, el embajador español en Malabo debería tener 24 horas para abandonar el pais junto a todos sus parásitos compatriotas. El Reino de España, junto a los EE.UU. ha apoyado y avalado ante el mundo libre durante décadas, en pro de sus intereses, la brutal dictadura que ha secado, castigado, y expoliado hasta la saciedad al noble pueblo guineano. Y sería del genero tonto que un gobierno democratico de la nueva Guinea mantuviera lazos diplomáticos con un estado que se ha lucrado abiertamente de su sufrimiento, y se ha posicionó casi siempre del lado de la Bestia.
Me eduqué y crié en España. Y fué en España donde busqué refugio ante la persecución de que fui objeto en mi pais. Era un defensor a ultranza de España, pero por primera vez en mi vida, y visto lo visto, hoy tengo que levantarme y gritar: ¡¡ ABAJO ESPAÑA!!


