Jueves, 24 de Mayo de 2012

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La justicia del Reino: miope, corrompida y manoseada

En un auto más que escandaloso, politizado y salpicado de innumerables vicios tanto en la forma como en el fondo, el Juzgado de Instrucción número 47 de Madrid, intenta criminalizar, penalizar y aprehender a diez exiliados políticos guineoecuatorianos y a un difunto abogado español, por prefabricados delitos de “desórdenes públicos” y de “daños”, a raíz de una manifestación registrada en la embajada de Guinea Ecuatorial en verano de 2005, tras el intento de asesinato a un exiliado político perpetrado por sicarios pagados por el régimen de Teodoro Obiang

 

 

 

PEDRO NOLASCO

El puño de hierro y asesino del tirano Teodoro Obiang es tan largo y potente que no entiende de fronteras a la hora de perseguir a disidentes políticos. Así lo demuestran los innumerables secuestros y asesinatos a exiliados políticos perpetrados en los últimos veinte años en Camerún, Gabón, Benín, Nigeria, Costa de Marfil y  Reino de España.

Excepto Camerún, que tuvo que expulsar y declarar persona non grata al Embajador Florencio Mayie Elá, por el secuestro de un exiliado político y juzgar a los policías implicados, ningún otro país ha reaccionado contra la violación territorial de un Obiang que, pisoteando abiertamente el Derecho internacional,  ha ido cazando como moscas – en no importa qué país – a disidentes políticos que huyen de la barbarie sociopolítica que se vive en Guinea Ecuatorial desde 1969.

El Reino de España, cuyos dirigentes políticos berrean machaconamente que “viven en un Estado de Derecho y Democrático” como si, efectivamente, dudaran de ello, que, de hecho, dudan de ello, como la inmensa mayoría de la población del Reino,  no dijo absolutamente  nada sobre la incursión del malvado puño de Obiang en su territorio, esta vez pillado in fraganti.

En plena luz del día y a ojos vistos de todos los vecinos, dos sicarios visitaron la casa de un exiliado político para asesinarlo y lo confundieron con su hermano, a quien asestaron cinco puñaladas mortales. Sobrevivió de milagro. El blanco de los sicarios, que estaba en la terraza de su casa junto a familiares y  amigos, al escuchar el grito de socorro de su hermano, salió en su auxilio y vieron a un hombre, colombiano, huyendo velozmente del lugar. Lo persiguieron y lo redujeron. La policía vino horas después y se lo llevó.

Los servicios de inteligencia, la guardia civil y la policía están más que documentos que dicho intento de asesinato fue el principio de una represión política largamente tramada por Teodoro Obiang a través de su embajada en Madrid para asesinar a disidentes exiliados en el Reino. Si pudiera, retaría al Gobierno español a desclasificar los informes secretos elaborados al respecto por la policía y los cuerpos mencionados.

Llegado el turno de la famosa “Justicia” del Reino, no hubo mención de terrorismo de Estado, en éste caso, internacional, orquestado por un régimen, el de Teodoro Obiang, en el territorio español. Durante la vista, los propios sicarios abrieron un poco la boca, pero el juez les silenció y se limitó a tratar el caso como delito común, lo que también, basándose en no se sabe qué fuentes, había aireado ciertos medios de prensa del Reino nada más producirse el intento de asesinato. ¿Qué habría sido de la suerte de los exiliados si ellos mismos no hubieran reducido al sicario de Obiang? La justicia no sólo manipuló el caso sino, en el peor de los casos, ha condenado a quienes  inmovilizaron al sicario.

 

Presión política

Es de sobra conocido por la propia población española que la Justicia del Reino no sólo es miope y corrupta sino también está profundamente politizada y manoseada. Si no, ¿cómo es posible que un delito de terrorismo de Estado se convierta, de un plumazo, en un delito de delincuencia común? Se pregunta desesperadamente la oposición guineana.

Esa indefensión judicial que convierte a las víctimas en verdugos sólo se puede entender en el auto que, a instancias del procurador del déspota guineano en España, Jacobo García García, pondera el Juzgado de Instrucción número 47 de Madrid para llevar a la cárcel a diez opositores guineanos y a un difunto abogado español.

El puño de hierro y asesino de Teodoro Obiang porta al mismo tiempo criminalidad, demasiados fajos de euros y barriles de petróleo. La tentación está más que servida.

El ex ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, no puede quedar al margen cuando se trata de ese caso. En su intento de enriquecerse con el petróleo ensangrentado de Malabo anduvo detrás del déspota durante el tiempo que permaneció  en el cargo y se convirtió en un miembro más de su régimen, un portavoz cuyas declaraciones eran siempre desvergonzadas cuando defendía la tiranía de Teodoro Obiang. ¿Cuánto habría reembolsado con ese trabajo? Es el nudo de la cuestión que siempre estará al aire hasta que se produzca un cambio de rumbo político en el país negroafricano.

‘Rumores’ ampliamente extendidos en círculos de la oposición guineana exiliada en el Reino apuntan a que el ex ministro español presionó desde un primer momento al ministerio del Interior y el de Justicia para que el intento de asesinato quedase como un caso de ajuste de cuentas o de delincuencia común. ¿Qué iba a hacer el juez del caso? Carpetazo. http://www.periodistas-es.org/myblog/pedro-nolasco-ndong-obama/espana-indulta-a-un-sicario-de-obiang http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2005/524/1130623203.html

 

Un auto inquisitorial

En el susodicho auto solo falta que se califique a los acusados de terroristas. El Fiscal del caso, basándose en la denuncia del procurador del tirano, Jacobo García García, dice que los acusados “atentaron contra la paz pública”, porque “penetraron en la embajada de Guinea Ecuatorial, fracturaron mobiliario, material informático y de oficina, así como los retratos del presidente de Guinea, esparcieron por el suelo los archivos, fracturaron los inodoros, lavabos y espejos, causando daños que han sido tasados pericialmente en 10.858,36 euros”.  Siempre, según el auto, “cinco integrantes no identificados agredieron a la primera secretaria de la embajada Victoriana Mbasogo Mangué [sobrina del déspota], causándola lesiones consistentes en contusión bucodental que requirió para su sanidad una primera asistencia facultativa”.

Según el Fiscal, los referidos hechos son constitutivos de un delito de desórdenes públicos y un delito de daños penados por el Código Penal. Y solicita la pena de dos años de prisión por el delito de desórdenes públicos, así como la accesoria legal de inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena. Por el delito de daños, la pena de multa de diez meses con una cuota diaria de 6 euros, con la responsabilidad subsidiaria del artículo 53 del Código Penal para caso de impago. Los acusados serán condenados también al pago de las costas procesales. El Fiscal se interesa igualmente por la expulsión del territorio español y prohibición de regreso al mismo por el plazo de diez años.

En concepto de responsabilidad civil, solicita el Fiscal, los acusados indemnizarán conjunta y subsidiariamente a la embajada de Guinea Ecuatorial en España la cantidad de 10.858,36 euros por los daños causados en su sede. El Fiscal interesa para el caso que se dicte sentencia condenatoria, que se remita testimonio de la misma a la autoridad gubernativa a los efectos de la incoación del correspondiente expediente sancionador de conformidad con el Reglamento de Extranjería.

 

“¿Atentado contra la paz pública?”

Éste Fiscal es único, tan único en su peculiar manera de interpretar el Derecho. ¿Cómo una simple manifestación de una oposición aterrorizada puede calificarse como atentado contra la paz pública? ¿La paz pública de dónde? ¿De Guinea Ecuatorial o del Reino de España? ¡Qué pena!

Queda claro hasta qué punto el asunto está más que politizado y controlado por el tirano de Malabo, cuyo procurador en España, Jacobo García García, tendrá que revelar en su día cuántos barriles de petróleo recibió para distorsionar los conceptos más elementales del Derecho, hasta el extremo de influir en el Fiscal.

Cuando aluden “atentado contra la paz pública”, quieren acogerse a la Convención de Ginebra de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados y dejar al margen de la Ley a los acusados que, en este caso, serían automáticamente expulsados del Reino y si cabe, ser extraditados a su país. Burda maniobra a la Justicia. Claro, la Justicia del Reino.

Lo que se produjo en la embajada de Guinea Ecuatorial en junio de 2005 fue un acto legítimo de la oposición guineana en defensa de su integridad física y  personal, en un momento en que éstas habían sido puestas en juego tanto por el régimen guineano que el país de acogida.

Con la vista gorda de las autoridades españolas competentes, el régimen guineano venía planeando en su sede diplomática de Madrid una serie de atentados para acabar con ciertos exiliados políticos y hasta que se produjo el primer intento, todo discurría discretamente muy a pesar de las numerosas alertas lanzadas por la oposición, como consta en diversas comisarías de Madrid, cuando la oposición empezó a recibir llamadas telefónicas anónimas  amenazantes.

El Gobierno y sus servicios correspondientes no hicieron absolutamente nada para proteger a quienes recibían dichas llamadas, ni menos investigar su autoría. Queda claro que querían un baño de sangre en el colectivo de  exiliados guineanos y éste se habría producido si escapara el sicario del atentado de Alcorcón.

¿Qué hacen los servicios de seguridad y del orden público españoles cuando descubren un zulo de terroristas? Exactamente es lo que hizo la oposición, porque la embajada de Guinea Ecuatorial se había convertido a lo largo de los años en una sede de sicarios, de corrupción y de tráfico de droga, como consta a las autoridades españolas que, en numerosas ocasiones, han declarado persona non gratas a diplomáticos guineanos por su implicación en el tráfico de droga.

Sin embargo, extraña que el auto se limite única y exclusivamente a ponderar sobre la manifestación, sin remontar el origen de los hechos. El auto no puede ser más que inquisitorial, en el momento en que crea absoluta indefensión en los acusados, a los que considera como simples delincuentes. ¿Si el régimen guineano, bajo el consentimiento del Reino, no hubiera contratado a sicarios para matar a opositores exiliados, se habría registrado la manifestación del 24 de junio de 2005? ¿Dónde está la justicia? ¿Por qué la justicia española no quiere, hasta la fecha, tratar ese tema como terrorismo de Estado?

El Gobierno del Reino dice que no negocia con los terroristas. Tampoco la oposición guineana, al menos la del exilio, negocia con terroristas, porque Obiang y su régimen no son sino una organización criminal, que llevan treinta y dos años aterrorizando a los guineanos tanto dentro que fuera del país.

 

Inseguridad y discriminación

Los exiliados políticos guineanos viven en la más absoluta inseguridad en el Reino de España y son objeto de una férrea discriminación por parte del Gobierno y de la Administración. No gozan si quiera de los más elementales derechos contemplados en la Convención de Ginebra de 1951. Lo que no se registra en colectivos de otros países como, por ejemplo, Cuba. Mientras éstos gozan de todos los derechos habidos y por haber, los negritos guineanos tienen que lidiárselo día a día incluso para sobrevivir, tener una vivienda digna o acceso a servicios sanitarios gratuitos.

La Convención de Ginebra de 1951 establece que “los Estados Contratantes concederán a todo refugiado el trato más favorable posible y en ningún caso menos favorable que el concedido generalmente a los extranjeros en iguales circunstancias, respecto a la adquisición de bienes muebles e inmuebles y otros derechos conexos, arriendos y otros contratos relativos a bienes muebles e inmuebles”. ¿Cuántos exiliados guineanos disfrutan de ello?

Ni en lo más elemental ni en lo más relevante, los exiliados guineanos han sido apoyados por el Reino. El Gobierno de aquí  no los considera como tales, de gente huida de su país por la persecución política de la tiranía que allí impera. En España están tratados como inmigrantes comunes, de negritos que han venido a buscarse la vida en el paraíso español y, por eso, cuando se producen casos como el intento de asesinato a manos de sicarios contratados y pagados por el régimen guineano, rápidamente lo trasladan a delincuencia común si no a simple ajuste de cuentas. ¿Por qué? El futuro nos lo revelará con más precisión. Mientras, lo único que España consigue y ha venido consiguiendo con comportamientos de esa naturaleza es un odio visceral de los guineanos. En el futuro, llegado el cambio de rumbo político en el país negroafricano, habrá una ruptura radical no sólo con el pasado interno sino también con los gobiernos occidentales que, sin escrúpulos, apoyaron la tiranía. La reciprocidad diplomática.

 

Petróleo y crisis

En la actualidad el Gobierno español es el más importante lobby del régimen guineano en el mundo occidental. ¿Qué más se puede esperar cuando americanos y sionistas hacen más de lo mismo? En los últimos ocho años, políticos del Reino, Gobierno y partidos políticos [PSOE, PP, CiU, ERC, PNV] han desfilado frente a Teodoro Obiang para rendirle pleitesía e implorarle que admita la inversión del capital español en su antigua colonia, a cambio de lavar su imagen, silenciar la oposición interna y externa y obviar las exigencias sobre la democratización y el respeto de los derechos humanos. El colmen de tal sumisión llegó en febrero de este año con la visita del presidente del Congreso español, José Bono quien, dicho sea de paso, escenificó una importante contradicción diplomática ya que, en noviembre de 2007, el mismo Congreso vetó la entrada del déspota guineano en su hemiciclo. ¡Obiang no era tan déspota como hoy!

La producción petrolífera se incrementa en el país centroafricano mientras la antigua metrópoli transita, desorientada, en una profunda crisis de valores y económica. La avidez por el petróleo de Obiang es la que marca hoy el rumbo de las relaciones hispanoguineanas. Todo, absolutamente todo, transcurre conforme al guión del déspota, de modo que el Gobierno del Reino y sus empresas que invierten en el país centroafricano están más que obligados a satisfacer las exigencias de Obiang si quieren beneficiarse del maná que atesora en su coto privado. La historia os lo demandará.

 

 

 

 

Comentarios (2)Add Comment
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En concordancia.......
escrito por Dante Chalco Vargas, octubre 05, 2011
Estoy plenamente de acuerdo con PEDRO NOLASCO NDONG OBAMA, con Nguemansingber-Mba y con todos los que amamos la justicia y la verdad, deplorando la injusticia y la mentira. Yo les había ofrecido, oficialmente, al gobierno de España coadyuvarlos en la salida de la crisis económica mundial, ofreciéndoles el Proyecto SSS, que es la revolución mundial del fútbol, para realizar el nuevo Campeonato Mundial de Fútbol SSS en España; pero, vistos estos acontecimientos de larga data y desde esta tribuna, retiro ese ofrecimiento y lo paso al nuevo gobierno de Guinea Ecuatorial, que vendrá después de la era de teodoro obiang y sus cuarenta ladrones. España se ha caído de la gracia de todos nosotros, los que desde fuera le amábamos. Qué decepción tan grande me embarga, qué congoja, qué dolor.......!!!!!!!¿Por qué nos hacen esto?!!!!!!!
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¿Qué ha aportado España históricamente al pueblo de Guinea Ecuatotial?
escrito por Nguemansingber-Mba, octubre 04, 2011
Ésta es la pregunta real que debería hacerse cada guineano desde hoy hasta que Obiang y su régimen den por concluidos sus dias de gloria, y actuar en consecuencia.
Yo me lo pregunto a menudo y, a más de su lengua y su religión, cosas ambas que impusieron a hierro y fuego, hasta el dia de hoy no se me ocurre nada; ningún mérito del reino de España que pueda hacerme siquiera plantearme la conveniencia de la continuidad de unas relaciones bilaterales siquiera mínimas y de cara a la galeria entre un futuro gobierno realmente democrático en Guinea Ecuatorial y el Reino de España. Sinceramente y desde un juicio objetivo, desde la colonización española el pueblo soberano de Guinea ha recibido bastantes más palos que zanahorias de la "Madre patria". Socavando incluso en estos últimos tiempos los valores democráticos, éticos y cívicos que esta nación moralmente podrida llamada España promueve y recoge en su Constitución.
Creo sinceramente que el reino de España tuvo demasiadas oportunidades a lo largo de la historia para demostrar su amistad y apoyo al pueblo guineano, y nunca las aprovechó conveniente y satisfactoriamente.
Con amigos como España, para qué quiere el pueblo de guinea enemigos?
Estoy convencido de que la ruptura definitiva y radical con España es, en un futuro democrático, el mejor negocio que haría el pueblo de guinea en materia diplomática. Hay más paises en Europa, como los escandinavos, o Rusia, Japón o China, con los que, reforzando el marco de cooperación, y cediéndoles el puesto de privilegio que desde siempre ocupa la estéril España en la diplomacia guineana, con toda seguridad saldria mucho más beneficiado que ahora el castigado pueblo de Guinea Ecuatorial.
Hoy declaro que el dia que acabe el imperio de Obiang, el embajador español en Malabo debería tener 24 horas para abandonar el pais junto a todos sus parásitos compatriotas. El Reino de España, junto a los EE.UU. ha apoyado y avalado ante el mundo libre durante décadas, en pro de sus intereses, la brutal dictadura que ha secado, castigado, y expoliado hasta la saciedad al noble pueblo guineano. Y sería del genero tonto que un gobierno democratico de la nueva Guinea mantuviera lazos diplomáticos con un estado que se ha lucrado abiertamente de su sufrimiento, y se ha posicionó casi siempre del lado de la Bestia.
Me eduqué y crié en España. Y fué en España donde busqué refugio ante la persecución de que fui objeto en mi pais. Era un defensor a ultranza de España, pero por primera vez en mi vida, y visto lo visto, hoy tengo que levantarme y gritar: ¡¡ ABAJO ESPAÑA!!

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