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Sábado, 16 de Noviembre de 2013

Actualizado07:45:49

¡Ministra, dimite!

La ministra de Cultura Ángeles González-SindeMercedes Arancibia.- En una de las pegajosas duermevelas de mis pasadas jornadas de gripe con mucha fiebre, apareció en la pantalla azulada de la televisión Angeles González-Sinde, ministra de Cultura, contestando a un periodista (que le había preguntado con toda la educación del mundo): “No, no he pensado en dimitir. Y usted, ¿ha pensado en dimitir?”.

 

Primero me dije: “Mira qué chula la señora ésta”, pero después lo pensé mejor y me di cuenta de que no, una ministra no puede nunca responder atacando al periodista: primero porque significa que se cree por encima del resto de los mortales y no acepta la crítica (que, por cierto, está incluida en su sueldo que pagamos todos, también el periodista de marras), y después porque, mira por donde, cuando un cargo público se equivoca tan rotundamente como la ministra Sinde proponiendo una ley que es una cagada y no pueden apoyar ni siquiera quienes están “obligados” por obediencia debida a hacerlo, lo que tiene que hacer es poner su cargo a disposición de quien corresponde (en este caso, el presidente Zapatero), que luego no lo aceptará -porque el horno no está para más cambios- pero al menos la ministra habrá salvado la cara y el pundonor que se le suponen.

La ministra Sinde no fue la primera opción del Presidente para ocuparse de Cultura. Según me cuentan lo que podríamos llamar “fuentes cercanas a Moncloa”, antes que ella rechazaron la cartera (que parece maldita) Aitana Sánchez Gijón y Marisa Paredes. Está claro que tenía que ser una mujer, por aquello de seguir manteniendo algo semejante a la paridad (que tampoco sé si es una conquista ya; ahora lo que se necesitarían son políticos inteligentes y eficaces y lo menos importante sería que fueran mujeres, hombres, gays, lesbianas o transexuales). Y también está claro que tenía que estar relacionada con las llamadas “artes escénicas”, a la vista de la terna. Quién sabe por qué, un presidente también tiene derecho a algún capricho (siempre que no perjudiquen al personal).

Parece que Aitana y Marisa se negaron a cargar con el muerto de, a estas alturas de la película, pasar a engrosar el equipo de un presidente que con nuestros millones de votos ha debido hacer una pelota para jugar al fútbol; de un político (y económico, que diría mi amigo, el que tiene siempre los pies en la tierra) que ha conseguido tener a un tercio del país en el paro y otro tercio en el umbral de la pobreza, o por debajo (y menos mal que aquí todos sabemos hacer chapuzas, porque si no lo que tendría es una revolución en la calle); un dirigente (a él le gusta lo de líder, pero en realidad eso carece de importancia, porque ahora todos son líderes) que ha sido capaz de perder las elecciones de 2012 un año y medio antes de convocarlas.

 

Ángeles González-Sinde: ¡Ministra, dimite!
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