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Domingo, 30 de Diciembre de 2012

Actualizado08:53:47

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Violencia en Oriente Medio: Siria arrastra a Líbano

Mona Alami (IPS/Beirut).- Líbano se hunde cada día en una inseguridad general, arrastrado por el caos en Siria que se filtra por la frontera.

Repetidos secuestros, múltiples incursiones sirias causando la muerte de ciudadanos libaneses y el propagado uso de armas entre la población son algunos de los indicadores del deterioro de las instituciones públicas de este país.

Tras la liberación de tres funcionarios y ocho soldados vinculados con los asesinatos en el puesto de control militar de Kweikhat del jeque sunita Ahmed Abdul Wahed y de sus acompañantes, hombres armados organizaron una protesta en la norteña región de Akkar, bloqueando calles y disparando al aire, en una obvia muestra de fuerza.

"La situación definitivamente se está saliendo de control debido a la falta de acuerdo en el gobierno para un enfoque unificado sobre la seguridad. Las instituciones del Estado están perdiendo su credibilidad", admitió a IPS un alto funcionario.

La entrada constante de las fuerzas de seguridad sirias en el territorio de Líbano, cuya diversa población se encuentra dividida entre los que apoyan al rebelde Ejército Libre de Siria y los que respaldan al régimen del presidente Bashar Al Assad, no es condenado por Beirut, lo que está socavando la soberanía del país.

Las tropas sirias han efectuado varias redadas dentro de territorio libanés desde que comenzó la rebelión contra Assad en marzo de 2011.

En la norteña región de Wadi Khaled, las fuerzas sirias secuestraron a un funcionario de aduanas y a dos agentes de seguridad libaneses de la aldea de Buqaiaa.

La semana pasada, 30 soldados sirios entraron en la región oriental libanesa de Masharii al-Qaa y abrieron fuego contra los residentes.

Masharii al-Qaa está conformada por Ersal, una aldea sunita, y Qaa, predominantemente cristiana.

Ersal respalda a los combatientes rebeldes sirios, a los que por el contrario los habitantes de Qaa ven con recelo. La zona se ha convirtió en escondite para refugiados sirios y es atacada con frecuencia por las fuerzas de Assad.

Este mes, tres personas murieron y otras siete resultaron heridas cuando las tropas sirias dispararon proyectiles de artillería y granadas propulsadas por cohetes contra la zona libanesa de Wadi Khaled en enfrentamientos con rebeldes.

"No entendemos por qué el Estado (libanés) duda tanto en enviar militares a la frontera. No es normal que una nación se niegue a proteger su propio territorio", dijo Rateb Ali, residente de la frontera, en conversación con IPS.

Otros habitantes de la zona admitieron haber perdido fe en las instituciones libanesas, incluyendo la policía, el ejército, el sistema judicial y el propio gobierno.

Los residentes ahora depositan su confianza en líderes locales y en organizaciones benéficas.

"Nadie quiere que la crisis siria se derrame en Líbano. Quieren evitar el surgimiento de movimientos radicales, que fácilmente podrían explotar la ausencia del Estado en la región", dijo a IPS el sociólogo Talal Trissi, en referencia a los varios grupos salafistas (integristas) que se instalaron en el norte de Líbano.

La desconfianza en el gobierno se exacerbó por otros incidentes de seguridad no resueltos, como el intento de asesinato contra el parlamentario libanés Boutros Harb, integrante de la coalición proiraní y antisiria Alianza del 14 de Marzo.

Ciudadanos libaneses impidieron el atentado, forcejeando con tres sospechosos que instalaban un artefacto explosivo en la residencia de Harb, aunque estos lograron escapar.

"Tenemos pistas claras en este caso en particular, que por razones políticas no podemos comunicar. Es exactamente por esto que necesitamos medios políticos para responder, y ello solo podrá ocurrir si hay un claro consenso entre nosotros, las figuras políticas. Si no es así, la situación se saldrá de control y será demasiado tarde para arreglar las cosas", alertó el alto funcionario consultado por IPS.

Muchos temen que Líbano se convierta en un "estado fallido", condición generalmente definida por la presencia de tres elementos: pérdida de control y del uso de la fuerza dentro del territorio, implosión de las estructuras de poder y de la autoridad, y colapso del imperio de la ley.

La crisis siria empuja inexorablemente a Líbano a estos tres problemas.

"Líbano es un estado débil. Hubo una decisión internacional para construir el país de manera que el Estado siempre tuviera un poder limitado, para así impedir que prevalecieran las diferentes comunidades", dijo a IPS el politólogo Hillal Khashan, de la American University de Beirut.

Desde su independencia en 1943, Líbano es una democracia, hogar de 18 diferentes comunidades religiosas.

El problema es que "el sistema de Líbano no funciona. Sufre fases de funcionalidad y de disfuncionalidad, sin colapsar totalmente nunca, una situación que estamos viviendo ahora", explicó a IPS el analista Karim Makdessi, profesor asociado del Instituto Issam Fares.

Además, sostuvo que las instituciones todavía funcionaban, pero que su credibilidad estaba afectada.

Los expertos coinciden en que cuando el Estado se debilita y el poder de las instituciones públicas disminuye, aumenta el poder de las sectas religiosas.

No obstante, "el caos es una forma de vida en Líbano. La gente está acostumbrada", matizó Khashan. "Aún creo que estamos muy lejos de ser un estado fallido, como Afganistán. A pesar de los preocupantes indicadores, no creo que el país alcance un estado de colapso total".

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