PES.- Javier Pradera, uno de los fundadores del diario El País y también escritor y abogado además de periodista, falleció este domingo a los 77 años de edad, según informa la edición digital de este periódico. En la actualidad codirigía junto a Fernando Savater la revista Claves de la razón práctica.
Nacido en San Sebastián el 28 de abril de 1934, se licenció en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) con premio extraordinario para pasar a formar parte del Cuerpo Jurídico del Ejército del Aire. Entre 1954 y 1964, militó en el Partido Comunista. Su beligerancia política le granjeó la expulsión casi inmediata de ese trabajo y más tarde de su puesto de profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.
Su activismo político le llevó también a prisión en tres ocasiones durante el franquismo, aunque las causas se acabaron sobreseyendo. Tras la muerte de Fernando Claudín y Jorge Semprún, abandonó el Partido Comunista de España.
Como editor, trabajó en Tecnos y desde 1962 hasta 1966 fue director en España de la editorial Fondo de Cultura Económica para luego dirigir Alianza Editorial de 1967 a 1986.
En 1976 se incorporó a El País como editorialista y jefe de opinión. Fue autor del célebre editorial de la edición de El País que salió a la calle en pleno golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Entre otras distinciones, Pradera fue reconocido con el Premio Cuco Cerededo en 1984.
En 1986, pasa a ser columnista y miembro del consejo editorial de El País tras firmar junto a otros intelectuales un documento en el que pedía el “sí” en el referéndum sobre la integración de España en la OTAN. Por último, en 1990 lanza la revista Claves de la Razón Práctica.
José Andrés Rojo lo describe en El País como alto y delgado, un tanto desgarbado, con los pelos desordenados y sus gafas, la sonrisa en la comisura de los labios siempre lista para celebrar cualquier ocurrencia o maldad, y sus manos huesudas y largas pasando las páginas de una pila de periódicos, como si persiguiera cualquier idea sospechosa para refutarla de inmediato con una elaborada batería de argumentos.
Sus primeros textos firmados en El País aparecieron el 16 de mayo de 1976. Una columna, en la que hablaba de la desaparición de los procuradores franquistas y donde escribía que "el presidente de las Cortes, aliado con el Gobierno, ha improvisado un procedimiento de urgencia cuya fuente de legitimación no es jurídica sino política", y llamaba después a la unión de todos los partidos para que la legitimidad del proceso fuera irreprochable. Su última pieza apareció el domingo 20; se titulaba Al borde del abismo.
La primera vez que lo detuvieron fue en febrero de 1956, cuando Joaquín Ruíz Jiménez, quien había abierto la mano a los estudiantes, fue destituido como ministro de Educación y los conflictos estallaron en la Universidad. Víctor Pradera, el abuelo de aquel joven revoltoso, había fundado el Bloque Nacional con José Calvo Sotelo y fue asesinado por un grupo de milicianos poco después de producirse el golpe de Estado contra la República. Su padre, Javier, corrió la misma suerte un día después. Así que aquel estallido universitario no solo fue relevante porque constituyera un claro desafío a un régimen rigurosamente autoritario, sino porque lo protagonizaban, entre otros, algunos descendientes del bando de los vencedores. El joven Javier Pradera mostraba así su radical independencia frente a los lazos más fuertes, los familiares, y se comprometía a fondo (fue expulsado de su trabajo en el Ejército del Aire casi inmediatamente) en la larga y enojosa lucha contra el franquismo.
La honestidad de su trayectoria, la inteligencia con la que se acercó a una sociedad sometida a un brusco cambio de valores, su generosidad, la radicalidad de no renunciar a la complejidad y saberle sacar punta a los matices. De eso trata su historia personal, que tanto tuvo que ver con la historia de este país. Vivió apasionadamente sin buscar nunca el protagonismo y procurando que, a través de la lucidez de sus comentarios, las cosas no se torcieran demasiado y pudiéramos todos ser cada vez un poco más libres.



