Libia: el factor tribal

Escrito por: Paco Audije en Comunicación

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Paco Audije

Ustedes, como europeos, no entienden nada.  Lo explican todo en función de estrategias internacionales y de estallidos ciudadanos surgidos de una mecánica social distinta a la suya”, nos dijo aquel africano en un debate, a finales de los años 90 del siglo pasado. Estábamos en pleno período de las guerras que descompusieron a la malograda Yugoslavia.  He olvidado todo de aquel acto y el nombre de aquel interlocutor. No me he olvidado de su advertencia inteligente. La geoestrategia, los conflictos culturales y religiosos, los choques de intereses, están bien, reflexionen sobre ellos, vino a decirnos, pero piénsenlo todo también en términos tribales (tribu serbia contra tribu croata, tribu albano-kosovar contra tribu serbio-kosovar, etcétera): “Así todo encajará mejor”, insistió. Y Gaddafi se ha declarado alguna vez más africano que árabe… Así que ahora nos preguntamos, ¿qué papel juega el factor tribal en Libia?

En su famoso Libro Verde (inspirado de manera vaga en el más extendido Libro de Citas del Presidente Mao) Muammar Gaddafi señala: “Una coalición de clase o tribal es preferible a una coalición multipartidista, ya que las sociedades están formadas por comunidades tribales. Apenas podemos encontrar grupo alguno de gente que no pertenezca a una tribu y toda la gente pertenece a una clase específica”. Según esa idea, la concepción marxista de clase está siempre solapada por una pertenencia tribal inevitable. De modo que –quizá- esa adscripción tribal es la que sigue moviendo a Gaddafi tanto como a la mayoría de sus enemigos internos. Alia Brahimi, experta de la London School of Economics, ha sido contundente: “Gaddafi ha despreciado las viejas estructuras militares tribales, pero las mismas no tendrán problemas mayores a la hora de encontrar armamento… Eso propiciará las deserciones en el ejército y será un factor clave”.

La ira política, la evolución tecnológica, la revuelta social misma, los intereses de las compañías petrolíferas, la intromisión de las potencias extranjeras, no desaparecen; pero en el escenario libio tienen –necesariamente- que atravesar el filtro tribal. Las ideologías, panarabista, socialista, nacionalista o islamista, por ejemplo, se desarrollan allí –además- en función de su arraigo en uno u otro clan. Los jefes tribales tienen una influencia cierta en atizar la guerra civil o negociar un acuerdo de paz. Su posición política real, en su calidad de jefes de clan, no se evapora porque a nuestra mentalidad “europea” le cueste ver la realidad a través de ese prisma.

El sistema asambleario (Yamahiriah), del que habla ayer mismo Gaddafi, es un foro en el que los líderes de las tribus predominantes se ponen de acuerdo para proponer o imponer. El historiador libio Faraj A. Najm calcula que hay 140 tribus en el país, de las cuales una treintena tendría algún peso político en el régimen. Si miramos hacia la distribución geográfica del éxito o fracaso de la revuelta, veremos que la localización de los núcleos urbanos principales (Tripoli y Bengasi), y la influencia de las distintas tribus parecen decidir el predominio de las distintas alternativas actuales.

Encontramos datos, pero no muy precisos, para valorar la implicación de los distintos grupos tribales en el aparato estatal de Libia. Las palancas principales parecen en manos de los Qadhadhifa (grupo tribal de Gaddafi, que no es la más numerosa). La tribu principal, Warlafa, un millón de miembros (18 por ciento de la población libia), que vive sobre todo en Tripolitania,  parece haber optado –mayoritariamente- por enfrentarse a quien muchos libios llaman “el perro loco”. Se trata de la región fronteriza con Egipto, más influida por los acontecimientos de El Cairo y Alejandría, y donde hasta la independencia del país (1951) había poco sentimiento de pertenencia a la misma entidad que Trípoli. ¿Estarían los intereses petrolíferos occidentales fomentando una secesión de esa zona? Es una posibilidad aún sin indicios claros de que pueda ser así. Sin embargo, todo indica que los Gaddafi (el dúo familiar Muammar-Salif el Islam, al menos) se apoyan principalmente en las tribus que habitan el centro del país: el riesgo de secesión no debería descartarse, aunque no aparezca por ahora.  

Cuando hablamos de “revueltas árabes”, apuntamos realidades muy diversas. En Marruecos, Argelia, Túnez o Egipto, el factor tribal no ha desaparecido; pero otros factores tienen un peso más elevado en el siglo XXI. Los factores sociales propios de las sociedades urbanas actuales pesan en mayor medida. Quizá en Libia tenemos que modificar los porcentajes, si queremos acertar en nuestros análisis. Lo que sucede tiene su lógica, pero puede que esa lógica no sea exactamente la nuestra. Se habla de “los intereses de los militares”, pero vemos que sus posiciones están fracturadas en líneas que no responden a único vector. ¿Cuántos son fieles a su clase social, a su nivel jerárquico, cuantos a su tribu? ¿Cuántos responden a la discriminación que ellos o los suyos han sufrido o percibido como tal durante décadas? Dicen (Naira Galarraga, en El País, 25 de febrero) que el ejército es “lo más parecido a una institución que queda en este país sin partidos, sindicatos, poder legislativo, ni sociedad civil”. No es mucho. Y poco tiene que ver con Argelia, Egipto o Siria, donde las fuerzas armadas sí son una institución, buena o mala es otra cuestión.

Por el contrario, el analista libio Mahamoud al Nakou dice en The Guardian (domingo 27 de febrero) que los rebeldes proceden de todos los segmentos de la sociedad libia y que atraviesan las grietas de lo tribal. Afirma que cientos de miles de libios han estudiado en Europa y Estados Unidos, que su educación los aleja del esquema tradicional de las tribus libias: “La táctica de Gaddafi ha sido jugar la carta tribal. En un par de sus últimos discursos, prometió a varias tribus riquezas y tierras, bajo el viejo principio de divide y vencerás. No faltan los comentaristas que cometen el error de creer que Libia es una sociedad tribal. No lo es. Sólo necesitamos mirar hacia esta revolución en la que nadie enarbola la separación o se aparta de esa juventud libia que lidera al pueblo en su marcha hacia una Libia libre”. Desde luego la renta per cápita en Libia es la más alta entre los países árabes afectados por la reciente ola de revueltas, con excepción de Bahrein, ¿pero cuál ha sido y es el reparto efectivo? Continuamente, nos llegan también testimonios de libios que dicen estar por encima de los clanes y por la unidad del país. Sin embargo, ¿qué porcentaje entre ellos siente que está –de verdad- por encima del sentimiento de pertenencia tribal? Leemos que sólo el 15 por ciento, aunque no sabemos bien de donde sale el dato.

Y quizá lleven parcialmente razón, pero no es cierto –como se está repitiendo- que el régimen de Gaddafi haya superado el entramado tribal. Al contrario, ha impulsado siempre el rechazo a las instituciones “modernas” (occidentalizantes) y ha favorecido las tradicionales. Como expresión de su punto de vista, el Libro Verde es clarísimo: “Desde el momento en que la tribu es una familia en sentido amplio, ofrece a sus miembros los mismos y amplios beneficios materiales y ventajas sociales que la familia proporciona a sus integrantes; pues la tribu es una familia de otro orden. Pero debemos poner de relieve que -en el contexto de la tribu- un individuo puede permitirse un comportamiento zafio, que no tendría en el seno de su propia familia. Sin embargo, a causa de la dimensión menor de la familia, no hay una supervisión inmediata (del comportamiento personal), mientras que en la tribu todos sus miembros se sienten siempre bajo supervisión de los demás. Tras estas consideraciones, (está claro que) es la tribu quien conforma las pautas de comportamiento de sus integrantes, desarrollando un tipo de educación social más noble que la de cualquier institución educativa. La tribu es la escuela social en la que todos crecen absorbiendo los altos ideales que terminan estableciendo el modelo de comportamiento vital. La tribu es un “paraguas” social natural para la propia seguridad. En virtud de las tradiciones sociales tribales, la tribu provee protección colectiva en forma de ajuste, venganza y defensa; es decir, en forma de protección social. La sangre es el primer factor de formación de la tribu, pero no es el único. La adscripción es también un factor de formación tribal. Con el paso del tiempo, las diferencias en los factores de adscripción y sangre se diluyen, dejando a la tribu como una unidad física y social única, que permanece -pese a todo- como unidad originaria por (sus vínculos de) sangre”. No podía ser más claro.

Hanspeter Mattes, del Instituto Alemán de Estudios Globales, experto en Libia, es preciso: “La llegada al poder de Muammar Gaddafi en 1969 devino en una alianza de la tribu del propio Gaddafi (los Qadhadhifa) con los Warfalla y los Maqarha, que obtuvieron puestos clave en el terreno de la seguridad, es decir, en las fuerzas armadas, la policía y los servicios de inteligencia. De este modo se aseguraron su control. Por esa misma razón, no se podía esperar una oposición política abierta del predominio de esas tres tribus, ya que para unirse a la oposición tenían antes que renunciar a su propia pertenencia tribal. Eso se ha materializado ahora, porque los Warfalla se han opuesto al duro tratamiento dado por Gaddafi a sus opositores. Así se han distanciado de la tribu de Gaddafi. La tribu Warfalla puede permitírselo porque son poderosos. Para las tribus más pequeñas esa opción era más difícil”. Libia, recuerda Mattes, carece de constitución alguna desde 1977, así que no hay marco legal de referencia y todo acuerdo nuevo tiene que basarse en las estructuras verdaderamente existentes: las tribus aparecen como una referencia inmediata. Incluso el debilitado líder libio convocó al comité de jefes tribales hace pocos días (el 21 de febrero) para valorar una posible salida a la crisis.  

Así que no hay que equivocarse con sus salidas surrealistas o su reciente provocación con el paraguas. Cuando Gaddafi viajaba a Occidente, y se hacía instalar un campamento beduino en Lisboa o Roma, no se dirigía tanto a nosotros como al orgullo tradicional libio. No era sólo el acto folclórico de alguien que había perdido la cabeza. Era mercadotecnia política moderna con simbología del pasado. Lo más probable es que los días del perro loco estén contados, pero  los factores tribales seguirán presentes, por encima o por debajo de la superficie del conflicto civil de Libia.  Incluso para propiciar un arreglo estable. Inshallah.

Comentarios (1)Add Comment
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LIBIA: EL FACTOR TRIBAL
escrito por CAMINO CIORDIA, marzo 04, 2011
Gracias Paco por este magnífico artículo tan oportuno y, por otra part, tan clarificador del por qué de lo que pasa en Libia. Te felicito y te lo agradezco, porque creo que leerlo es de utilidad pública.

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