Miercoles, 23 de Mayo de 2012

Actualizado05:20:49

Navegas por My Blog Dashboard Tags Ricardo Romanos

Mi Blog

en periodistas en español
Tags >> Ricardo Romanos

OColis-Abeytua-1

Octavio Colis 

El senador fascista McCarthy visitó en 1951 a Dashiell Hammet en la enfermería de la cárcel de Kentucky. Durante años, el senador había perseguido al escritor por sus vinculaciones con el izquierdismo comunista y, quizá tratando de dejar para la historia una nota periodística que reflejara cierta humanidad en su memorial desmesuradamente despiadado, se acercó a la cama del escritor y le dijo: “Señor Hammet, si usted hubiera estado en mi lugar estoy seguro que no habría permitido que sus libros estuvieran en las bibliotecas de los Estados Unidos”, a lo que Hammet, respirando con dificultad, respondió: “Señor McCarthy, si yo hubiera estado en su lugar no habría permitido que hubiera bibliotecas en los Estados Unidos”. De todas formas, como supe años más tarde gracias a un amigo secreto del escritor argentino Osvaldo Soriano, a Dashiell Hammet no lo mataron las secuelas del acoso insidioso y recalcitrante del senador McCarthy, ni tampoco murió de cáncer de pulmón en el Lennox Hill Hospital de Nueva York, ni siquiera yace en el cementerio Nacional de Arlington; por absurdo que parezca a Hammet lo asesinó el actor John Wayne de una brutal paliza que le propinó antes de arrojarlo al río Hudson, en cuyas aguas lo devoraron rápidamente los oscuros peces salvelinos…


OColis12-02-Felipe

Los 400 de La Movida

Octavio Colis

Yo siempre anduve en la parte más movida y desenfocada de La Movida, entre esa masa informe y gaseosa que se expandía de aquí para allá haciendo cosas o asistiendo a la celebración de la recién estrenada libertad creativa madrileña. Paco Almazán decía que el Madrid de La Movida lo hacían día a día 400 personas y lo pisoteaban 4 millones, además de los visitantes ocasionales, que eran muchos, muy ansiosos y se turnaban constantemente, como los peregrinos de Lourdes.


OColis-09-1

El artista marchito

Octavio Colis

Creo que no es de interés para este informe por entregas lo que nos sucedió en el United Kingdom durante los años 1972 y 73. Simplemente diré que vivimos y trabajamos en varios lugares durante ese tiempo: En Londres (en el flat de unas amigas en Dorset Square, cerca de Baker Street); en Tunbridge Wells (una pequeña ciudad del condado de Kent); en un pueblecito de montaña: Aberfoyle (en el escocés Perthshire, entre Perth y Glasgow); y en Albury, una aldea en Tiddington The Fox (en el Oxfordshire, muy cerca de Oxford), lugar éste en el que permanecimos más tiempo, acompañando a Robin Rusell Steele, a su esposa e hija, en su magnífica casa de campo del siglo XVI que aún conservaba el aspecto imponente que debió tener en sus días medievales.


OColis-08-1

Mastabas y el asesinato del ángel pastor

En 1981, nueve años después del lugar memorístico en el que había dejado la entrega anterior, La ciudad de los encuentros (3), escribí un guión para un audiovisual, rehaciendo un relato mío sin publicar: El arquero, y con la indemnización que había conseguido de Z -ya que, por razones que explicaré en su momento, la empresa del inefable Antonio Asensio había decidido cerrar el periódico gemelo de El Periódico de Catalunya, El Periódico de Madrid, en el que yo trabajaba- decidí llamar a Ángel Pastor (que vivía con Teresa Escudero en París) y a Ricardo Romanos (que entonces dirigía la Escuela de Arte Dramático de La Rioja) y marcharme con ellos y con el fotógrafo Antonio Lafuente a la playa de San José, para trabajar allí ese guión con idea de mezclar las fotografías de Antonio en una unidad de fundido de diapositivas y presentar el audiovisual en festivales, centros cívicos y cafés de moda (creo que lo estrenamos en La Aurora).


OColis-07-1

El botijo ibérico, dolorosa pasión mística. Me gustaría regalárselo a los del 15M, para que tuvieran un exvoto de los valores que les reclaman los españoles de bien. Ahora voy a recordar Lisboa a finales de los años sesenta … porque si todo tiene que ver con todo, todo tiene que ver conmigo, también.


OColis-Madrid-1

Octavio Colis

La primera vez que vine para quedarme definitivamente, Madrid estaba mucho más lejos de Logroño que ahora, no sólo porque los kilómetros eran entonces más largos, sino porque yo era tan joven que no conocía el sentido de casi nada y todo lo que encontraba en el camino me entretenía. Pero ya amaba esta ciudad, antes de conocerla. Mi padre había estudiado medicina en la Facultad de San Bernardo, muy cerca de donde estoy escribiendo esto ahora, y siempre me habló de Madrid como del lugar fascinante en el que ocurrían cosas que nunca sucederían en Logroño, ni en un millón de años. Nuestra pequeña ciudad se desmoronaba sin remedio junto al Ebro y yo me esforzaba todo lo que podía en hacer acopio de lo que preveía me sería útil cuando estuviera preparado para huir en patera y encontrar mi sitio aquí. Yo no quería ser médico como mi padre, o como mi abuelo -una tendencia ésta la de ejercer la medicina casi obsesiva en mi familia-, no sabía qué quería ser, quizá sólo no quería hacerme mayor en ese lugar que tampoco era para adolescentes, y como entendía no habría remedio en eso de crecer esperaba que sucediera cuanto antes y que me pillara la metamorfosis en Madrid. Hoy sigo teniendo la misma fascinación por esta ciudad que cuando tenía doce años, hace cincuenta, sólo que ahora con mucha más razón, o razones. He vivido en diferentes países, he viajado y conocido otros lugares, muchos de ellos fantásticos o, al menos, interesantes -por eso fui o me quedé un tiempo-, pero para mí un viaje sólo ha terminado del todo cuando vuelvo a Madrid y lo cuento.