Miercoles, 23 de Mayo de 2012

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OColis16-barrio-ciudad-viejaCrónicas palestinas

Octavio Colis

Teniendo en cuenta que en Jerusalén, de los siete días de la semana, tres son de celebración religiosa obligada: los viernes del Islam, el sábado judío y el domingo cristiano, y que las tres religiones monoteístas celebran multitud de fechas en las que se detiene el tiempo laboral en extravagantes ritos paródicos, uno camina siempre sorprendido entre autos de fe a cuál más espectacular.


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Octavio Colis

La primera vez que vine para quedarme definitivamente, Madrid estaba mucho más lejos de Logroño que ahora, no sólo porque los kilómetros eran entonces más largos, sino porque yo era tan joven que no conocía el sentido de casi nada y todo lo que encontraba en el camino me entretenía. Pero ya amaba esta ciudad, antes de conocerla. Mi padre había estudiado medicina en la Facultad de San Bernardo, muy cerca de donde estoy escribiendo esto ahora, y siempre me habló de Madrid como del lugar fascinante en el que ocurrían cosas que nunca sucederían en Logroño, ni en un millón de años. Nuestra pequeña ciudad se desmoronaba sin remedio junto al Ebro y yo me esforzaba todo lo que podía en hacer acopio de lo que preveía me sería útil cuando estuviera preparado para huir en patera y encontrar mi sitio aquí. Yo no quería ser médico como mi padre, o como mi abuelo -una tendencia ésta la de ejercer la medicina casi obsesiva en mi familia-, no sabía qué quería ser, quizá sólo no quería hacerme mayor en ese lugar que tampoco era para adolescentes, y como entendía no habría remedio en eso de crecer esperaba que sucediera cuanto antes y que me pillara la metamorfosis en Madrid. Hoy sigo teniendo la misma fascinación por esta ciudad que cuando tenía doce años, hace cincuenta, sólo que ahora con mucha más razón, o razones. He vivido en diferentes países, he viajado y conocido otros lugares, muchos de ellos fantásticos o, al menos, interesantes -por eso fui o me quedé un tiempo-, pero para mí un viaje sólo ha terminado del todo cuando vuelvo a Madrid y lo cuento.