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Miercoles, 14 de Noviembre de 2012

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Cuando las cuentas no salen y la desesperación comienza a tomar derroteros de cotidianidad, el mundo de las ocurrencias toma volumen, jaleado además por una pléyade de desesperados que, generalmente con razón, piden un cambio que permita mejorar sus condiciones de vida.


Mariana Pineda, interpretada por Pepa Flores.

Hace 200 años, en Cádiz, se promulgó la primera Constitución española conocida popularmente como ‘la Pepa’ por haber sido sancionada el 19 de marzo, Día de San José.

Fue una de las más liberales de su tiempo: establecía la soberanía en la Nación (y no ya en el rey), la separación de poderes, el sufragio universal, la libertad de imprenta y la abolición de los señoríos, entre otros avances.


Nos habían hecho creer que la Constitución, la pobre, era algo intocable. Que nuestra seráfica, envilecida y pactista Carta Magna era algo más que el popelín de cuatro franquistas reconvertidos a una beatífica y comercial democracia de dos partidos o bandas (de bandoleros). Y ahora resulta que no. Que la Constitución de las alabanzas fáciles es una vulgar ramera, que se puede cambiar por el procedimiento de urgencia, en dos semanas de agosto, por indicación de dos mandatarios extranjeros y un banco. Mundial y tal.


La mayoría de los analistas políticos coincide en que el Partido para de Justicia y el Desarrollo (AKP), liderado por el actual Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, se alzará con la victoria en las próximas elecciones legislativas, que se celebrarán el próximo día 12 de junio. Sería éste el tercer éxito electoral de la agrupación de corte islámico que irrumpió en la vida pública del país otomano a finales de 2002, tras el descalabro sufrido por partidos tradicionales, completamente desacreditados por los escándalos de corrupción y la falta de liderazgo político. En aquél entonces, el fenómeno AKP logró adueñarse de un espacio político deshabitado. Para los pobladores de Turquía empezaba una nueva etapa; la era de la transparencia y la honradez. Al menos, estas fueron las consignas de la primera campaña electoral de Erdogan.


Como ciudadano observador que creo ser, he podido notar cierta mirada preocupada en la persona de nuestro actual presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Quiero pensar que don José María Barreda no puede estar de acuerdo con lo que el presidente del Gobierno Nacional está haciendo, y que está librando una lucha interior, muy difícil seguramente de resolver, entre su lealtad partidista y las íntimas convicciones morales que me permito suponerle.
Un día le vimos desmarcarse sobre la ley del aborto, en lo concerniente a esa nueva posibilidad legal de que una niña de 16 años pueda abortar sin decir ni mu a sus padres. Pero nada nos dijo sobre las connotaciones éticas de esa ley que permitirá que, en pocos años desde su entrada en vigor, podamos afirmar estadística en mano que un millón de nascituri españoles han sido asesinados en el vientre de sus madres. Y tampoco le hemos visto manifestarse sobre las aberraciones morales y políticas que el factótum de su  partido está en la actualidad perpetrando, contra la voluntad, por lo menos, de la mitad de los españoles, y con la connivencia, claramente evidenciada, del resto.
No parece aventurado suponer que el señor Barreda tiene un discurso en famille, que no osa expresar en público, tanto sobre la errática y peligrosa trayectoria que José Luis Rodríguez Zapatero está siguiendo, por ejemplo, en el asunto del “Estatut”, como sobre las maquinaciones de su cordobés colega “catalán”. Y por ello me sorprende en extremo que no se atreva a demostrar que es un hombre de Estado y no un político a la orden, y que sabe discernir, a pesar de sus complejos condicionantes partidistas, entre lo que es bueno para España y lo que pone a nuestro país y a nuestra Constitución en el más grave de los peligros.
No son sólo los asuntos regionales los que deben ahora preocuparle, sino el negro futuro que un moderno Tenorio está fraguando para España entera.
Ante la imposibilidad de que la Oposición cumpla su misión de freno, debido a su escasez de votos y a una mejorable ley electoral, la esperanza de muchos españoles está puesta en ese lider, aún no aparecido, que se atreva a plantarse con energía – y con los “atributos” que la ocasión requiere – ante los gravísimos errores que se están cometiendo en nuestra patria. Necesitamos esa “Estatua” del Comendador que, como en el drama de Zorrilla que tanto juego ha dado en la última sesión del curso político, vuelva a aparecerse, ahora a Zapatero, para aconsejarle:  “…un punto de contrición / da a un alma la salvación, / y ese punto aún te lo dan. /(…) Aprovéchale con tiento, / (Tocan a muerto.) / porque el plazo va a expirar, / y las campanas doblando / por tí están, y están cavando / la fosa en que te han de echar.” Esta cita, obviamente, sólo es aplicable a la equivocada vida política del interfecto.