Javier Martín
En un somero artículo sobre la aún no sobrevenida “primavera árabe”, publicado en junio de 2011 en la revista Foreign Affairs, el sociólogo estadounidense Jack Goldstone, experto en movimientos sociales y política internacional, argumenta que para que una revolución culmine en éxito deben concurrir cuatro circunstancias: que el gobierno haya perdido toda credibilidad y parezca tan injusto e incompetente como para ser visto como una amenaza para el futuro nacional; que las elites -especialmente las castrenses- se sientan tan desafectas a la dirección política que obvien su defensa; que un amplio y heterogéneo sector de la población se movilice; y que los poderes internacionales eviten defenderlo o impidan que recurra a la fuerza para salvarse.
Javier Martín
El 17 de marzo de 2011, en pleno asedio de las tropas libias sobre la ciudad rebelde de Benghazi, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1973 que impuso una zona de exclusión aérea sobre el país y autorizó el uso “de todas las medidas necesarias”, a excepción de la fuerza de ocupación, para supuestamente proteger a la población civil.
Javier Martín
Ajeno al caos que bulle en el centro de Teherán, el pequeño pabellón central de la embajada británica en la capital persa conserva ese empaque lustral que rezuman los lugares en los que se ha escrito la historia. Hace setenta años, en sus espaciosas salas decoradas con parco estilo inglés, Winston Churchill, Josef Stalin y Frankling D. Roosvelt (the big three) se reunieron por vez primera desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial para decidir el destino de la humanidad. A lo largo de una gran mesa de madera maciza que aún preside la sala principal, los dignatarios del Reino Unido, Rusia y Estados Unidos cerraron los detalles técnicos y políticos del desembarco de Normandía, el llamado “día D”, que supuso el golpe de gracia a los delirios imperialistas de Adolf Hitler y el principio del fin del conflicto. En aquellos tiempos, el Sha Reza Pahlevi ya había sido obligado a abandonar el Eje y optado por declararse neutral, decisión que transformó Irán en lugar de tránsito de tropas y pertrechos con destino al acosado frente ruso. Una década después, Londres y Washington le devolvieron el favor: una conspiración urdida por la CIA con ayuda de los servicios secretos británicos desencadenó la caída del populista primer ministro, Mohamad Mosadegh, reforzó el contestado poder del hedonista Sha y convirtió a Estados Unidos y el Reino Unido en los dos enemigos más enconados de nacionalistas, comunistas y religiosos persas.
Javier Martín
Casi un año después de que Túnez prendiera la fogarada de las revueltas y desatara los reprimidos vientos de cambio en el mundo árabe, el presidente de Yemen, Alí Abdulá Saleh, se ha convertido en el cuarto mandatario obligado a abandonar el poder y el primero en hacerlo a través de un acuerdo negociado con la oposición, y bendecido por la comunidad internacional.