Su “graciosa” Majestad y lo digo con el adjetivo propio de la cacería al que él solo se ha invitado, ha hecho que en menos de cuatro meses pase de darnos un discurso importante y ponerse a la altura de las circunstancias, a quedarse a la altura del betún. Como dice un refrán, entre todos la mataron y ella sola se murió, me refiero a España, a esta España nuestra de la que Usted, Señor, es el monarca. Doña Sofía, que aún celebra la Pascua Ortodoxa a pesar de ser católica, se marcha al lugar de donde nunca debió salir para evitar encontrarse con la realidad de la Zarzuela. Un lugar en donde ya no duerme nadie al parecer.
Por San Blas, la cigüeña verás y si no la vieres, año de nieves, dice el refrán. Mariano, que está “sembrao” en ese tema del refranero, desde que se pasea por Europa, dice más de lo que debe cuando no debe; y van, y le pillan. Cierra su primer mes de cole advirtiéndonos que por San Blás la reforma verás. Verás tú, veremos todos. Eso, según añade, le va a costar una huelga y eso, según pensamos el resto, nos va a costar más dinero. De momento el PIB cae un 0.3 % y España ya se asoma al precipicio de la recesión. Mientras tanto, en ese lugar llamado Unión Europea, el de San Blas, se fotografía con Sarko y cía y aprueban reforzar las ayudas a las pymes y al empleo juvenil.
Mientras Rajoy hace manitas con Ángela y ésta le cuenta que hasta dentro de tres años España, la nuestra, no verá los frutos del momento recorte, intentará ver a Cameron para corroborar que el Peñón sigue siendo de su Graciosa Majestad. A estos datos, tengo que añadir que hoy es un día enormemente triste para la sociedad española. Cinco millones doscientas setenta y tres mil seiscientas personas no pueden llevarse un trozo de pan a la boca. Casi seiscientos mil hogares tienen a todos sus miembros en paro y eso, que es como el censo, aún no están todos. Hay muchas personas que no trabajan y no están en la cola del paro porque para qué. España, esa grande y libre, no puede proporcionarle un trabajo a una persona cualificada, tampoco puede a una con pocos recursos, tampoco a una que nunca estudió. Hemos tocado fondo señores. El triste fondo que se esperaba pero que ninguno de los aspirantes a la sopa boba de la Moncloa veían llegar.
Los españoles recordamos todos aquellos brotes verdes que atisbaba el leonés. Ese hombre que veía cosas que nunca vimos los demás, y mire usted por donde lo intentamos; vaya si lo intentamos. España se quebró hace años y nadie veía por ningún sitio la salida, pero huimos. Huimos hacia adelante entre las cañas y las tapas. El quehacer del español es ver la realidad disfrazada y ya escampará, porque nuestra simpatía nos permite estar de fiesta mientras estamos en paro.
Las hijas de Elena, tres, eran tres, y ninguna era buena.
Ahora están estas tres; al menos del mismo palo, cada una contándonos qué dice la otra.
Soraya, que es la que manda más o al menos la que está en el candelabro, acabó el año pidiéndole no a los Reyes, sino a los españoles, un esfuerzo más, o unos impuestos más, según le contó el jefe de la banda. Pasadas las fiestas, cuando los españoles, ya no se esfuerzan, sino que se levantan pensando qué será de mi en este día, aparece en los medios de nuevo con la frase que ya le va que ni al pelo; otro esfuerzo más. Entre tanto, vivimos los desahucios, los tristes finales de hipotecas impagadas, los despidos de los contratados por Navidad como el turrón y suma y sigue. Mientras, España ha estado entretenida y algo más parada si cabe en este mes, entre los puentes, las navidades en plural y los Reyes, que parecen no llegar nunca. Nos han entretenido con los chorizos de la corona, los trajes del valenciano, la llegada de la Botella al palacete de Gallardón y poca cosa más.
Ni te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes. Urdangarín ya se ha apartado solo y se ha embarcado en el país de los corruptos; ese lugar llamado España y forma parte ya de los llamados a ser chorizos. No sé qué le faltaba al chico y mira que le he dado vueltas. Buen trabajo, buenos coches, un palacio, una infanta y hala, vaya menuda pelota se ha hecho él solito porque la avaricia rompe el saco. Tanto, que ya no sale en la foto. El Rey, que entre la pata coja y las gafas de sol, ve menos de lo que nos dice ha decidido cortar por lo sano y con el tiempo, y si no, al tiempo, se separará de la infanta y cruzará ésta el charco y a La Caixa, que ahí al menos, te tenemos controlada y no estás en manos de un chorizo en tierra extraña.
Samba Bahía, Samba Bahía...p,p,p,p,p,p,p,p,p,p,p,p,p,p,...y mientras Rajoy besaba a su mujer. La música llenó la calle Génova y como dice el refrán, el que la sigue la consigue. Al gallego se le podrán achacar algunas cosas, pero que no tiene tesón, no. En ese mismo balcón ha visto la victoria de otros y la derrota, una y otra vez. Su siempre mirada sonriente nos hace ver que no se alegra ni se entristece porque debe ser siempre él. Ni saltos ni brincos a pesar de que lo pida el respetable, ni un atisbo de haber bebido como hiciera Gallardón quien con la lengua de trapo le dijo a los peperos, gracias de aquella manera. A pesar de todo; “no habrá milagros”. Con esas palabras Mariano se apoyó en el atril del balcón. Una mirada perdida, la de Viri, su mujer, que no supo y no contestaba. Tampoco parecía alegrarse ni le habían dicho las mujeres de alrededor, ponte esto o aquello. Ella ha salido a apoyar a su marido, como lo ha hecho siempre. Una persona que está detrás y que no va a saber estar delante. No la han aconsejado antes y ella no es Anita Botella o mis cánticos de Jesmar.