Félix Población*

La Sexta y Tele5 combaten ahora por ganarse la audiencia en la noche de los sábados con sendos programas de parecido formato, basados ambos en el debate sobre un asunto polémico de actualidad, en muchos casos coincidente. La sexta noche, en La Sexta, tiene como partícipe fijo al expresidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla, un político caracterizado por hablar muy claro y bien a la hora de expresar sus opiniones. Aunque este programa tenga por ahora menos enjundia que el de Tele5, mucho más curtido en antena, la colaboración del expresidente cántabro es un excelente fichaje por aportar una perspectiva crítica muy atinada y casi siempre afincada en los criterios del ciudadano de a pie.

A tono con la sensibilidad de Revilla para captar el estado de crispación que se respira entre sus conciudadanos ante el actual y grave panorama que ofrece el país, este político montañés demostró el pasado sábado que su vinculación con el clima de opinión que se respira en la calle no es aparente ni circunstancial y que los problemas que le participan quienes acuden a él para compartirlos, no le resbalan. En un periodo como el que estamos padeciendo, con la corrupción campando cada día y mes tras mes en los medios de comunicación, nada ha sido tan reconfortante para quien esto escribe como la emoción de Miguel Ángel Revilla hablando de esas víctimas de terrorismo financiero a las que se les robó sus ahorros: cerca de un millón de españoles estafados por determinados bancos a cuenta de las llamadas participaciones preferentes. Que al expresidente de Cantabria se le humedecieran los ojos y se le quebrara la voz al referirse a un matrimonio de ancianos, que al cabo de sesenta años de trabajo vio como se esfumaban sus cien mil euros de ahorro, resulta en estos tiempos muy estimulante para un país entre deprimido y asqueado por el comportamiento de cientos de políticos imputados por corrupción.

En alusión a esos conciudadanos engañados, afirmó Revilla que se trata de gente modesta que ha sido literalmente estafada y es una vergüenza que Europa haya ayudado a bancos españoles sin poner como condición la devolución de eso 30.000 millones de euros que le han quitado a la gente humilde de este país. No hay derecho, no hay derecho, repitió el expresidente cántabro varias veces ante una audiencia extrañada y probablemente admirada de que quien así se expresaba estaba dejando al descubierto algo que ha extraviado un buen número de sus colegas: se llama corazón y habita entre aquellos que como políticos no pueden ser ajenos a ese capitulo más del terrorismo financiero.

*Diario del Aire

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