Libertad e independencia de la prensa 

II La prensa en poder del sobrino (I)

[Los guineanos, no menos que otros pueblos, gustan aplaudir tanto a sus líderes mesiánicos máxime cuando sus arengas sobrepasan los límites de su comprensión… En la plaza del Reloj de Bata, 8 de julio 1979, la emoción fue tal cuando el líder de acero dogmatizó que “si España invade Guinea, Guinea también invade España”… Un Macías paranoico, a quien desde abril habían advertido que cierto sector del Ejército orquestaba un golpe de Estado contra su régimen, lo tradujo como una invasión de España hacia Guinea Ecuatorial. Por eso alardeó al pueblo en la plaza de Bata para que afinaran sus machetes, cuchillos y lanzas para defenderse, en su opinión, de la inminente invasión española, la antigua metrópoli… Le queda medio telediario de vida, pero los guineanos seguían aplaudiendo hasta tal punto que no ha tiempo de observar que ya no era Macías a quien aplaudían sino a su sobrino Nzê Êbêre Ekum –Tigre sobre la palestra – el coronel Teodoro Obiang]. 

La revuelta palaciega que llevó al poder a Teodoro Obiang, el tres de agosto de 1979, fue bautizado por el entonces hipotético ‘Consejo Militar Supremo’, a insistencia de un periodista español, como “golpe de Libertad” [en su primera rueda de prensa como nuevo verdugo guineano, un Obiang parco en castellano intentó explicar las razones de la revuelta palaciega y el periodista le tamizó en la boca “golpe de libertad”… Señor Obiang, ¿podemos bautizar éste golpe de Estado como golpe de libertad?... Sí, es un golpe de libertad, respondió Obiang, tartamudeando].

Sin embargo, el concepto de libertad que tenía el sobrino distaba en poco o en nada del que tenía su tío, porque a pocos días de la revuelta palaciega el país ya estaba militarizado por la guardia protectora marroquí. Aquí empieza y acaba el concepto de libertad del nuevo régimen, que no tardaría en demostrar a la opinión pública su verdadero rostro; un rostro liberticida que ha conservado celosamente más de treinta y tres años [en 1981, los guineanos ya se quejaban de que ‘al menos en tiempos de Macías comían chicharro y ahora ni eso’]. O, sea, ni chicharro ni libertad.

Los analistas y observadores de la crisis sociopolítica guineana que en ocasiones han dejado entrever que las cosas han cambiado o están cambiando en el país centroafricano con respecto al régimen de los once años, se equivocan de medio a medio.

El tiempo y las exigencias internacionales de los noventa obligaron al actual régimen aceptar el pluralismo político si quería seguir beneficiándose de las ayudas económicas multilaterales. En veinte años de pseudo transición democrática no se ha registrado ningún cambio sustancial que marque la mínima diferencia con el régimen anterior en cuanto al respeto de los derechos humanos, libertades individuales, públicas y fundamentales.

Dentro de este contexto, las libertades de prensa, de información, opinión, expresión y manifestación siguen siendo tabúes en la concepción sociopolítica del régimen de Teodoro Obiang. Su país es el único de África negra que no tolera ni por error el uso de tales libertades que, empero, figuran ampliamente en la Constitución Las más horrendas violaciones de derechos humanos y libertades públicas que cometen y han venido cometiendo las autoridades guineanas han sido en ese contexto.

La tiranía persigue y reprime con toda su maquinaria cualquier intento ciudadano de disfrutar de la libertad de prensa, de información, opinión, expresión o manifestación, como bien ha sido ampliamente documento en numerosos y coincidentes informes de organización, de Reporteros sin Fronteras, Comisión de Derechos Humanos de Ginebra, Amnistía Internacional y otras organizaciones en materia de libertad de prensa y de expresión. En definitiva, a fecha de hoy, Guinea Ecuatorial está en el ranking de los diez primeros países del mundo sobre la violación sistemática de los derechos humanos y las libertades públicas y fundamentales.

1979 – 1985

Teodoro Obiang fraguó su estructura tiránica desde el primer día, cuando supo que la revuelta palaciega era un éxito. El hipotético Consejo Militar Supremo que apresuró a montar, él sólo, nunca contempló la viabilidad de la libertad de prensa.

Con el apoyo económico, material y técnico-profesional de la Cooperación española, logró poner en marcha la Radiotelevisión pública y los periódicos gubernamentales Ebano y Potopoto. La radiotelevisión no cambió coma ni punto en su enfoque periodístico respecto del régimen anterior. El narcisismo político y la propaganda ideológica seguirán marcando su quehacer profesional. Los periódicos gubernamentales hacían más de lo mismo, reproduciendo todo lo que se decía en radiotelevisión pública y el redactor que, consciente o inconscientemente, osara a escribir una columna crítica sobre era despedido de inmediato y torturado en las dependencias policiales.

Durante ese período los confinamientos se multiplicaron con respecto al régimen anterior. Cualquier súbdito que intentaba hacer uso de los derechos de libertad contemplados en la Constitución de 1982, La Carta Magna de Akonibé, era vilmente torturado, encarcelado o confinado en su poblado natal. En el peor de los casos, muchos fueron asesinados bajo excusas de supuestos intentos de Golpe de Estado y ‘homicidio’ al presidente. Tan sólo en este período, el régimen había denunciado más de una decena de intentos de Golpe de Estado. El objetivo era silenciar a quienes pretendían, mediante el uso de la palabra, cuestionar el rumbo sociopolítico del nuevo régimen.

Muy a pesar de los ingentes recursos económicos invertidos por la Cooperación Española para modernizar la radiotelevisión y los periódicos gubernamentales, éstos seguían ajenos a la realidad, alejados del pluralismo y  de la independencia redaccional. La censura y la autocensura eran la norma. El miedo a decir la verdad más allá de las consignas del régimen se convirtió en lección de obligado aprendizaje por los profesionales, como se registra hasta la fecha.

No sólo esto. El régimen fue a más, bloqueando la reparación de las imprentas que editaban los dos periódicos, que se quedaron obsoletas e inservibles hasta la fecha y sus profesionales al paro técnico.

Si cabe cierto balance de los primeros seis años en materia de libertad de prensa y de expresión, es que el nuevo régimen militar volvió a las andadas de la época que apresuró a denominar ‘de triste memoria’ y multiplicó desproporcionadamente los malos vicios legados por Macías. En 1985 todo el mundo sabía que había nacido un nuevo tirano, sádico, sanguinario y corrupto en África negra.

Las críticas de la prensa española y de otros medios internacionales eran interpretadas, hasta la fecha, como intentos de desestabilización del régimen que ‘sabiamente’ dirige Teodoro Obiang Nguema. Cualquier nativo que tuviese en su poder un periódico extranjero era tachado de enemigo de la patria y llamado a la horca si no a la exclusión social.

También en:

http://www.facebook.com/#!/photo.php?fbid=389885337757416&set=a.112143782198241.20436.100002078585820&type=1

<>Nota de la Redacción

 

Ésta es la tercera entrega del informe de ASOLPEGE-Libre sobre la libertad de prensa en Guinea Ecuatorial durante sus primeros 44 años de país independiente.

Las otras pueden leerse aquí:

1.                                      http://www.periodistas-es.org/my-blog-dashboard/pedro-nolasco/libertad-e-independencia-de-la-prensa-cuarenta-y-cuatro-anos-despues

2.                                     http://www.periodistas-es.org/my-blog-dashboard/pedro-nolasco/la-prensa-en-poder-del-tio

 

Próxima entrega:

III. La prensa en poder del sobrino (II), 1986-1991

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