OColis-caida-Pedro-20121Octavio Colis

Ayer veía a un grupo de niños con la carita ilusionada y luminosa mientras observaban en televisión, sin perderse detalle, los preparativos de la cabalgata de los Reyes Magos de esta noche. A la vez y sin ningún recato, los padres y abuelos de aquellos niños hablaban de la inocencia de sus hijos y nietos por creer en algo que está desvelado y traicionado ya por todas partes; es increíble, decía una abuela, no son capaces de razonar, lo ven todo como si fuera un enorme milagro que sucede en todos los lugares del mundo a la vez. ¡Qué cosa es la inocencia!

Y pensaba yo que estos padres y abuelos, el día 24 de diciembre celebraban otra sin razón parecida, pero sin inocencia alguna: El nacimiento de alguien que nunca nació, pero en cuyo nombre se fundó la religión más estable y potente que hayan conocido los tiempos.

Pero los cristianos nunca necesitaron de ningún Cristo real para fundar su herejía reformista judía: el cristianismo, de hecho llevaban organizándose años antes de la datación del nacimiento del mito. Juan El Bautista, exotérico esenio, anunciaba -como otros habían hecho antes- la llegada de alguien que superaría las expectativas judías, un dios único para toda la humanidad, un hombre dios que hermanaría a todos los seres humanos. Con esta convicción trabajaba la comunidad cristiana judía de Jerusalén, a la espera del mensajero que no llegaba nunca. Y que nunca llegó. Pero la fuerza de la idea era enorme.

Los jueces romanos juzgaban constantemente a nacionalistas judíos contrarios a la presencia de Roma en Jerusalén, y algunos de los juzgados y condenados se reclamaban hijos de dioses, enviados de los cielos… Un día, Shimon bar Iona, creyó que esta vez podría conocer al Cristo tan esperado, todos decían que lo habían capturado. Decían que era un hombre oculto durante muchos años que predicaba lo mismo que Juan predicó siempre antes de morir, y que iba a venir a cenar con ellos esa noche, pero que lo habían detenido por culpa de Judas, y corrió a conocerlo, pero cuando llegó al patio en donde lo tenían retenido se dio cuenta de que aquél no podía ser el Cristo tan esperado (porque ninguno podía serlo) y negó conocer a aquél hombre. Dijo la verdad, Shimon hijo de Iona también conocido después por Simón, Pedro, Simón Pedro, Simeón, Cefas, Kefa, Quefa, dijo la verdad. No conocía a aquel hombre que decía ser el Rey de los Judíos.

Judas dijo que esa noche vendría, que por fin lo conocerían… pero no vino; alguien dice que Judas le ha vendido y que lo han detenido… Pedro corre hacia la ciudad, entra en el patio en el que están los reos… ¿Eres seguidor de ese Cristo? ¡Yo no conozco a ese hombre!

Pero la perseverancia de la pequeña comunidad cristiana de Jerusalén encontró en Pedro a un líder con convicción cristiana y dejaron de esperar al Cristo que algunos decían haber visto, que algunos necesitaban haber visto, y comenzaron a predicar las ideas de liberación cristianas, tal y como llevaban imaginándolas desde hacía mucho tiempo, mientras Pablo de Tarso se encargaba de la fabricación del mito a través de los que escribirían de su vida y milagros para la posteridad. En realidad la idea mística de un Hijo enviado por el Dios Único hacía mucho tiempo que se desarrollaba entre las comunidades religiosas del Mediterráneo y el Próximo Oriente. Los gnósticos cristianos ya existían antes que se fijara la ortodoxia cristiana siria o egipcia. La multiplicidad competitiva de los cristianos en el primer siglo hubiera sido imposible de haber surgido de un único movimiento proselitista con tan reducido número de misioneros como los que giraban en torno a Pedro y Pablo.

La hermandad cristiana de Jerusalén fue en principio una de las corrientes de ese cristianismo reformista del judaísmo -ampliamente diseminado desde antes de la fecha inventada de su nacimiento-, fue importante y finalmente muy influyente, hasta el punto de que durante la elaboración de las referencias del mito se estableció esa hermandad como punto de origen de la totalidad del movimiento cristiano.

Los verdaderos impulsores primeros del movimiento cristiano fueron Pedro de Betsaida y Pablo de Tarso. Los escritos de Pablo son los más antiguos del cristianismo. Sus cartas aceptadas como “cartas paulinas” (Gálatas, 1 de Tesalonicenses, 1 y 2 de Corintios, Romanos, Filemón, y Filipenses) fueron escritas antes que los evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan, escritos éstos entre el 70 y el 120 d. J. C., es decir después de la destrucción del Templo de Jerusalén y el fin de la rebelión judía contra los romanos. El primer evangelio escrito (de los aceptados por las autoridades religiosas cristianas a posteriori) fue el de Marcos, un personaje que acompañó a Pablo en su primer viaje y que regresó a Jerusalén para escribir u ordenar que se escribiera esta vida de Jesús seguramente en apoyo de los cristianos perseguidos por Nerón entre los que se encontraba Pedro. Parece que este fue el primer encargo de Pablo para fijar por escrito la vida de alguien a quien ni él ni Marcos habían conocido.

Algunos escritores ortodoxos citan a Marcos como hijo de Pedro, de aquél Pedro que dijo no haber conocido a Cristo pero que murió por sus ideas cristianas. Cuando el mismo Pablo escribe que se haría anatema de Cristo por sus hermanos, creo yo que quiere decir que sería cristiano aun sin contar con el propio Cristo, que aceptaría y propagaría el mensaje aun cuando no hubiera mensajero.

Los cristianos revolucionaron el judaísmo al extender a toda humanidad el privilegio de ser hijos del Dios y por lo tanto herederos de su Reino y fueron vanguardistas contra el poder establecido, porque exigieron igualdad de trato transcendente para todos los seres humanos, cumpliendo con ese ciclo en la historia de la humanidad en la que surgen movimientos que exigen igualdad y justicia y que buscan una misma verdad para todos. Después de las personas cristianas, alentadas e impulsadas con tanta inteligencia por Pedro de Betsaida y Pablo de Tarso, vinieron los personajes cristianos que destruyeron la idea motriz de aquellos primeros.

Los dirigentes cristianos de los siglos posteriores, sin la fe en la idea cristiana que tuvieron Pedro y Pablo, y alarmados por la falta de evidencias referenciales a la vida real de Jesús, decidieron falsificar los escritos de Flavio Josefo, prolífico escritor que anotó y publicó al detalle sobre los acontecimientos de la época, e interpolaron dos referencias en su obra Antigüedades judías. La primera, conocida por los cristianos como “Testimonio Flaviano”, en el capítulo XVIII, que es una simple mención a su nacimiento; y la segunda en el capítulo XX, sobre Santiago, del que dice es hermano de Jesús. No se atrevieron a más. La verdad es que era impensable que Flavio Josefo no hubiera hecho mención alguna de Yeshua, habiendo escrito tanto y tan pormenorizadamente sobre los judíos de aquel momento. Escribió, por ejemplo, de la muerte de Juan el Bautista por orden de Herodes Antipas, y describe las características de las sectas históricas del judaísmo: saduceos, fariseos, zelotes y esenios, entre ellos los del Qumram, extravagantes y extremadamente rigoristas de los que surgieron Juan el Bautista, Pedro, Andrés y todos los conocidos como apóstoles de Cristo.

Es cuando menos sospechoso que si los neotestamentarios afirman que Jesús fue un fenómeno de masas con repercusiones inmediatas en los acontecimientos del Oriente Medio, nadie, descartado Josefo por los mismos teólogos cristianos progresistas de todos los tiempos y fundamentalmente de hoy mismo, nadie excepto sus exégetas hablara de él nunca. Los escritos de Josefo llegaron hasta nosotros solamente a través de fuentes cristianas, y nunca antes del siglo IV y los comentadores que escribieron sobre Josefo antes de Eusebio (siglo IV d. J.C.) no citan esos pasajes…

Pero parece que da igual, todo da igual. Supongo que es demasiado abrumador. En fin, que hemos visto pasar una Navidad más, con la carita de los niños que creen en los Reyes Magos y la de sus padres y abuelos cantando villancicos… ¡Qué inocencia la nuestra!

 

Comentarios (2)Add Comment
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un viejo asunto
escrito por Andres Diaz Madroñero, enero 13, 2012
Este es un viejo asunto que ha costado mucha sangre y que esta bastante bien documentado hoy en dia. Recomiendo visitar este enlace[urlhttp://ateosteistas.com/portal/] asi como la lectura de las obras de Robert Ambelain, y las investigaciones de los arqueologos israelies sobre la madre del cordero, el judaismo. Salud
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Cristianismo sin Cristo
escrito por Abel Alberto Manríquez Machuca, enero 10, 2012
Este es un artículo que me deja pensando e...indagando para profundizar más en "lo divino y el lo humano", que además es para releer a fin de sopesar su abundante información y "herejes" afirmaciones. En todo caso, creo que en la humanidad se tiende a actuar, en muchos aspectos, sobre imaginación o cosas no existentes pero en las que se cree y acerca de las cuales se actúa en enorme consecuencia en el proceso; de hecho en las concepciones idealistas de mundos o modelos de sociedad derivados de doctrinas políticas.
En la historia, o como se cuentan determinados hechos, los mitos son frecuentes, pero nadie se atreve a "ponerle el cascabel al gato". Lisa Simpson, hija de Homero, lo intentó al descubrir que en verdad el recordado fundador del pueblo, Jeremías Springfield, era un pillo de siete suelas, pero finalmente decidió "callar para siempre" y no se atrevió a intentar abrirle los ojos a toda una ciudad, y a sus padres, que era feliz en el mito creyéndolo la más plena verdad. Quizás no podemos vivir sin mitos.

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