En descendant le fleuve argent
Qui roule jusqu'au Névada
On voit la plaine qui s'étend
A l'est de Santa Lucia
Les villes s'appellent Natividad,
San Miguel ou San Lorenzo
Les filles s'appellent Soledad
Les garçons gardent les troupeaux
(Eden Blues, Edith Piaff)

Mercedes Arancibia

En las fechas anteriores y posteriores al solsticio de invierno, que este año 2012 tendrá lugar el 21 de diciembre a las 12:11 hora europea (11h11’ hora GMT, y ya es casualidad -¿o no?- que coincida con la fecha del calendario maya que los agoreros -¿o no?- interpretan como el “día del fin del mundo” ), el cambio horario y la disminución de las horas de día, y por tanto de insolación, afectan mucho más de lo que puede pensarse al humor de entre el 10% y el 12% de los seres humanos en el hemisferio norte y durante un período de tiempo que puede durar de dos a tres meses, dicen los manuales que lo llaman “desorden afectivo estacional” (DAS) “alteración afectiva estacional” (TAS) y también “depresión invernal”.

Pero –muchísimo más hermoso aunque menos científico- a una porción de entre el 3% y el 4% les afecta de una forma tan radical que lo suyo se llama el blues del invierno.

Enorme fatiga, tristeza generalizada, la moral por los suelos, ausencia de motivación, pasividad, melancolía, un absurdo aumento del apetito y una inexplicable disminución de las horas de sueño mientras aumenta la modorra a lo largo del día son, entre otros síntomas más o menos vagos según los especímenes, la respuesta corporal a ese sol ausente durante meses (muchas personas viven varios en una oscuridad perpetua, de la casa al trabajo y viceversa), a esa luz que disminuye en las ventanas.

Desde un punto de vista lo más científico posible, el día más deprimente de este inaguantable año 2012 va a ser el 21 de diciembre y puede que lo sea precisamente porque el mundo no se va a acabar, porque vamos a tener que seguir luchando contra la desesperación que va embargando capas cada vez mayores de la sociedad (en general, y en todo este occidente al que los dioses han abandonado hace tiempo). De todas las posibles causas estudiadas para justificar el blues del invierno la más consensuada es precisamente la falta de luz que “actuaría sobre el equilibrio químico del cerebro provocando una variación del índice de melatonina, hormona que se sintetiza por la noche y tiene como objetivo regular el humor y el ritmo biológico”. Por lo visto, la melatonina esta sube por la noche facilitando el sueño y desciende de día, manteniéndonos en pie y activos: como en invierno las noches son más largas sintetizamos más melatonina de la necesaria y ese exceso –unido a algo que no entiendo muy bien pero tiene que ver con el descenso de actividad de la serotonina (creo que es un neurotransmisor)- solo sirve para entristecernos de día.

¿Soluciones? Variadas, según la gravedad del caso. Lo ideal es poder permitirse “vacaciones de invierno”, coger los trastos y largarse, como Curro, al Caribe. Para los menos afortunados, existen desde fármacos de los que tumban hasta simples exposiciones a una “luz solar”. ¿Y si fuéramos capaces de ponernos en “modo hibernación”?, se pregunta la psiquiatra Laurent Chneiweiss. ¿Y si, como tantos otros mamíferos, nos hiciéramos una bola debajo del edredón, en espera de la llegada de días mejores? Ante la imposibilidad de actuar como las marmotas, y menos aún de un exilio en Barbados, lo de siempre: ejercicio, resistir lo más posible a la gula de féculas y dulces y consumir alimentos cuyo color y origen recuerden al sol: zanahorias, tomates, naranjas, plátanos, mangos… y tantos otros frutos más exóticos y menos populares en nuestras mesas, como la guarana, que ya se encuentran en todos los mercados.

Me entero de todo esto a propósito de una noticia de agencia explicando que, a partir de este invierno, el sistema francés de la seguridad social se va a hacer cargo de los enfermos de blues invernal (para quien no lo sepa, el sistema de la sécu, como se le conoce en lenguaje coloquial, devuelve al asegurado prácticamente la totalidad de los gastos efectuados en atención sanitaria y farmacia). Y no puedo evitar establecer comparaciones y decirme por lo bajini: “Ve tu a contarle al atareado médico de tu ambulatorio que te has pillado un blues invernal cuando ni siquiera te puede recetar un jarabe para la tos porque los jarabes –¡tan ricos y tan antiguos!- figuran entre los específicos a los que se les ha retirado la subvención que el estado pagaba con nuestras cotizaciones de toda la vida”.

De forma, que la única solución que va a funcionar es esperar la llegada de la primavera y cambiar entonces un buen blues invernal por un baudeleriano spleen, que tampoco está nada mal porque, según los manuales, es “la quintaesencia de profundos sentimientos de desaliento, soledad, angustia y aburrimiento existencial que el autor de Las Flores del Mal expresa en varios de sus poemas”.

 


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Comentarios (1)Add Comment
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Echaros de menos por Navidad es también...
escrito por Octavio Colis Aguirre, diciembre 16, 2012
...parte del síndrome que refiere Mercedes. Rafael, Lulesi, López, Konrad, Babiano, en fin, casi todos, a Mercedes la tengo más a mano metafórica. Un abrazo a todos desde la ventana de Arancibia...

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