Manuel López

A ver, si vas a viajar a New York y la vida te tratara como te mereces, vendría el chófer a recogerte a tu mansión de campo un domingo a media tarde para llevarte a la T4 de Barajas conduciendo raudo y veloz por el arcén detrás del coche escolta abriendo paso con el pirulo puesto sorteando el monumental atasco de domingueros.

Allí te estaría esperando un asistente junto al mostrador de facturación para que recogieras tu billete, lógicamente de gran clase, mientras otro empleado te facturaría el equipaje. Una azafata de tierra te acompañaría a un reservado de la sala VIP, a donde una stewardess de vuelo acudiría a buscarte para acompañarte al avión minutos antes del despegue a las diez de la noche.

Una vez acomodado, con tu copa de espumoso Moscatel en la mano, degustarías una cena sencillamente espectacular made by Quique Dacosta, verías una película en tu televisor personal saboreando una copa de Peinado 20 años -saben que es tu brandi preferido-, luego te pondrías el pijama y hala, a dormir a pierna suelta.

No es ciencia ficción, qué va. Porque, señoras y señores, españoles todos, resulta que hay señores que viven así, no solo los propietarios de jet privado. Cuando llegan a JFK a las seis de la mañana para sus cuerpos fit bien descansados, allí están de retirada pues son, como nadie ignora, las doce de la noche.

“Eran” las doce de la noche, pues a partir de ahí todo un ejército de ejecutivos, secretarias, profesionales de hostelería, vendedores de tiendas selectas, personal de servicio, masajistas, conductores y escoltas, pilotos de helicóptero… estarán a disposición del eminente jefe adaptados a su horario europeo. Cruzado el charco, la noche se hace día para los mandamases.

Si enlaza dos viajes la misma semana, por ejemplo a continuación otro a Kuala Lumpur, la misma historia. Dejará la última hora de la tarde para hacer unas compras antes de cenar, por lo que los comercios elegidos habrán abierto para él en exclusiva a altas horas de la noche mientras el restorán seleccionado para la cena lo tendrá todo dispuesto a la hora del desayuno para los malasios. El exclusivo bar de copas hará lo mismo cerca del mediodía. Los cristales tintados del auto blindado hacen del día noche.

De regreso a Madrid el viernes, ¿quién dijo esa vulgaridad del jet lag? Eso lo estarán sufriendo ahora los neoyorquinos y kaelelitas a los que hicieron cambiar horario y costumbres para que el cuerpo serrano del señor jefe no sufriera la menor alteración.

De las gestiones que habrá hecho en ambos viajes nos enteraremos por las páginas de economía y laboral de los periódicos: grandes pelotazos, fusiones, despidos masivos, etcétera…

Publicado en el semanario comarcal Canfali Marina Alta, Denia, 18 de agosto de 2012

Insana envidia (6): La noche se hace día para ellos

Insana envidia (5): El irresistible encanto de no tener que aparcar

Insana envidia (4): Territorio “glocal”

Insana envidia (3): Hoy pongamos sana envidia

Insana envidia (2): Cuidado, políticos

Insana envidia (1): “Si yo fuera rico…”

Sigue la actualidad de Periodistas en español en nuestro

boletín de titulares.

Indica nombre, apellidos, profesión y país.

Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario

busy