Manuel López

“Antes, los alemanes nunca hubieran dicho que los europeos del norte son laboriosos mientras los europeos del sur trabajan menos y están tomando el sol. Hoy lo dicen, aun a sabiendas de que no es verdad.”

Quien tal cosa afirma es una persona tan poco sospechosa de falta de ecuanimidad como es el caso de Jonathan Faull, un abogado británico casado con una francesa establecido en Bruselas desde 1978, donde trabaja en las Comunidades Europeas, actualmente como director general de Mercado Interior y Servicios de la Comisión Europea. En el informe “¡Diese Deutschen!”, (“¡Estos alemanes!”) de la edición del pasado fin de semana del 22 y 23 de septiembre del Süddeutsche Zeitung recoge las declaraciones de Faul aportadas por Christian Gammelin, corresponsal del rotativo en Bruselas.

Lo que ha ocurrido en Alemania desde el primer viaje de Faull al Berlín dividido en 1978 hasta el día de hoy está en boca de todos: de un país dividido, importante par Europa, pero no tanto, “con problema”. Tras la caída del muro, la reunificación, las reformas emprendidas por el gobierno de coalición rojiverde del canciller Gerhard Schröder y finalmente la crisis del euro, ahora resulta que Alemania, totalmente a salvo y como con la economía más boyante, se ha posicionado como el país europeo gigante. La nación banquera.

“Modelo de la eficiencia y el éxito económico, pero lamentablemente también de la arrogancia y la prepotencia”. Así define Alemania a Andrea Bachstein, corresponsal del SZ en Roma, otro personaje nada sospechoso de antialemán como es el politólogo y germanista italiano Angelo Bolaffi, profesor de la Universidad La Sapienza de Roma y considerado desde hace unos 30 años el embajador de la cultura alemana, director del Instituto Italiano de Cultura en Berlín hasta que cumplió los 65 años en 2011. 

No es, desde luego, el estribillo de los pajaritos cantan, las nubes que se el que aporte más pinceladas al retrato de la Alemania de la canciller Angela Merkel. La revista británica New Statesman la presentaba en portada el pasado 25 de junio caracterizada en un montaje fotográfico en blanco y negro con chaqueta de cuero como Terminator: “El líder europeo más peligroso”, decía de ella en portada el inquietante titular, al que añadía como subtítulo la “pregunta del millón”: “¿Cederá la canciller alemana antes de que termina con el crecimiento y nos empuje hacia una nueva depresión?”

Demasiado grande para liderar Europa puertas a dentro y demasiado pequeña para liderar en solitario a la Unión Europea frente a los grandes potencias económicas de Estados Unidos y el bloque BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica-. He ahí el verdadero drama de Alemania.

De la metáfora de los pajaritos acaso sirva el comportamiento del canario para ilustrar la versión de la prepotencia aplicada al tono de voz. Al no tener olfato, el canario roller depende de su oído para detectar a sus enemigos al menos insignificante de los ruidos. Eso explica dos cosas esenciales. Una, que domina a la perfección la clave baja del tono de voz, lo que le permite obedecer con asombrosa exactitud al criador y repetir el canto en el registro exacto de su silbido. Y otra, que si en esto entra alguien hablando a voz en grito, el canario se desnorta por completo y se rompe por completo la armonía del canto.

A los pájaros les gusta que les hablen bajito. Que no les chillen. Lo mismo que a los europeos del sur. Que nos llamen vagos, despilfarradores, etcétera. Sobre todo, que no nos lo digan a voz en grito.

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De cuando los alemanes hablaban bajito (1)

(Continuará).

Publicado también en el periódico comarcal semanal Canfali Marina Alta, Dénia, 6 de octubre de 2012.

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