Ileana Alamilla

En los últimos diez años más de 500 periodistas fueron asesinados en el mundo y un sinnúmero de ciudadanos, artistas, blogueros, músicos y reporteros han sido acosados, amenazados, torturados, intimidados, encarcelados por ejercer el derecho humano fundamental a la libertad de expresión. La mayoría de estos crímenes quedan impunes. Existe una cultura de impunidad cuando los que tratan de controlar la libertad de expresión de los demás la amordazan, y lo hacen a sabiendas de que es poco probable que tengan que rendir cuentas por sus acciones.

Esto causa un clima de injusticia e inseguridad y genera incapacidad para ejercer esta garantía fundamental.

Son diversas las formas en que se reprime a la prensa o a quienes trabajan en la difusión de ideas. Asesinatos, torturas, secuestros, amenazas, ataques, intimidaciones, encarcelamiento, chantajes, censura y autocensura, que provocan miedo, público mal informado, apatía, inseguridad, debilidad del estado de derecho y, en general, una violación manifiesta a un derecho humano.

La Red Internacional por la Libertad de Expresión (IFEX), la más grande y reconocida en el mundo en su género, integrada por más de 90 organizaciones que velan por este derecho, en su Asamblea General en 2011, en Beirut, acordó instaurar el 23 de noviembre como el Día Mundial contra la Impunidad de delitos contra la libertad de expresión y de los crímenes y atentados contra informadores.

Se escogió este día en memoria de la masacre de Maguindanao, en Filipinas, ocurrida en el 2009, fecha en la que fueron asesinados 21 periodistas, junto con una treintena de personas que protestaban por irregularidades en un proceso electoral.

Entre las actividades previas al 23 de noviembre se impulsa una campaña como antesala al lanzamiento del informe Mundial contra la Impunidad, el cual, por decisión de IFEX América Latina, se presentará públicamente en Guatemala. Diariamente, esa organización da a conocer la historia de un reportero que ha tenido infortunios por hacer su trabajo.

El primero fue el de la periodista de Bielorrusia, Iryna Khalip, encarcelada por su papel en las protestas contra la reelección del presidente Alexsandr Lukashenko, quien tiene prohibido viajar, mudarse o salir de la capital del país. Debe reportarse a la Policía dos veces por semana y su casa la registran en horas de la noche, traumatizándola a ella y a su hijo de 5 años.

El segundo caso es el de la informadora colombiana Jineht Bedoya Lima, quien fue drogada, secuestrada, violada en reiteradas ocasiones y posteriormente abandonada en un basurero. El día de su plagio visitaba una prisión de máxima seguridad, durante la investigación de un caso de tráfico de armas, en el que se involucraba a funcionarios del Estado y a un grupo paramilitar. Ella continúa realizando su labor periodística. Presentó su caso en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Son 23 casos emblemáticos de comunicadores que han sufrido impunes atropellos, amenazas, agresiones e inclusive la muerte por su labor de informar, los que se darán a conocer durante la campaña.


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