Ileana Alamilla

Este viernes 8 de marzo se ha conmemorado el Día Internacional de la Mujer, ocasión en la cual se dedican programas, se abren espacios en los medios, algunos obsequian flores, chocolates, abrazos, besos y palabras cariñosas. Se publican análisis y estudios, se emiten comunicados; hay divulgación de las demandas de las mujeres organizadas, se realizan marchas y otras actividades para conmemorar tan “importante día”. Por cierto, hemos confirmado que es el 8 de marzo y el 25 de noviembre cuando se habla de la mujer como ser humano y no como objeto sexual o publicidad.

Esos homenajes y referencias, para algunas personas son molestos; para otras, indiferentes; para las mayorías son desconocidos. Basta recordar que de los más de siete millones y medio de personas que viven en situación de pobreza en Guatemala y 2.2 en pobreza extrema, el 75% son mujeres, que diariamente enfrentan la vida en soledad, sin todo ese aspaviento, —perdón por la incorrección política— con que les dedican “ese día”, pues les sirve de muy poco.

Los campos pagados, los discursos vacíos llenos de lugares comunes, las palabras que se lleva el viento, deberían traducirse en acciones efectivas para acercarnos a un escenario menos desigual y con más equidad. Lo que ansiamos las mujeres es vivir una vida con dignidad, pero no solo para quienes hemos tenido oportunidades, sino para las mayorías, que han carecido de ellas.

El Índice Global de Brecha de Género 2012 que analizó 135 países ubicó a Guatemala en el puesto 116, convirtiéndonos en la nación latinoamericana más atrasada en la materia, comparada con Zambia, Etiopía, Mauritania y Argelia.

Mensajes con contenido serían aquellos que, reconociendo la discriminación de género, anunciaran acciones efectivas para erradicarla. Que quienes tienen en su poder la toma de decisiones actuaran para evitar que las diferencias se conviertan en desigualdades. Que los legisladores se comprometan a superar las contradicciones que contiene la armazón legal que reproduce las relaciones de poder y armonicen sus normas con los principios constitucionales que proclaman la igualdad. Que le den una miradita al Código Civil, donde persiste la visión machista incompatible con dicha igualdad.

La OIT señaló que el acoso sexual en el trabajo influye directamente en las posibilidades de empleo y en el ambiente laboral, produciendo efectos psicológicos negativos en las víctimas. Cuando se les pregunta a las mujeres qué desearían en ese ámbito, responden que quisieran tener derecho a un ámbito laboral libre de violencia física, psicológica o sexual. Pero también quieren un salario justo e igualdad de derechos en las condiciones de trabajo, ascensos, oportunidades y capacitación.

Guatemala es el país con menos equidad salarial de género en América Latina. Las mujeres ganan un salario promedio 26% menor que los hombres y trabajan, en promedio, 5.5 horas más, tanto en actividades remuneradas como no remuneradas, estas últimas tan regateadas como ignoradas por el Estado, la sociedad y la familia. El 90% de tareas domésticas recae en una persona: la mujer.

Tenemos derechos vulnerados.

 


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