Con perdón, claro, Rajoy, el presidente del Gobierno, ha perdido el culo para, aprovechando que el río Langares pasa por Galicia, aparcar la prima de riesgo, el rescate de los bancos, las infructuosas relaciones con la Unión Europea, los recortes que se nos vienen encima y que harán parecer inocuos los ya sufridos, la espantá de Merkel y las reivindicaciones de los mineros, para salir corriendo (volando, en ese caso) a rendirle pleitesía al arzobispo de Santiago y entregarle personalmente el Códice Calixtino, una vez concluida con éxito la rocambolesca recuperación de la joya bibliográfica, después de un año de extravío, robo u ocultamiento, operación que nos hace recordar más las peripecias de la TIA que los métodos de la CIA.

 

Ciertamente, no hay en estos momentos otra cuestión más urgente para el acorralado presidente del Gobierno que afianzar las relaciones con la curia episcopal, sobre todo después de haber dejado el gobierno anterior el listón tan alto (cfr. rendibú al papa por parte de la presidenta de la Vega vestida de riguroso luto y mantilla, elevación de la asignación presupuestaria a través del IRPF, hasta alcanzar el 0,7%, subvenciones extraordinarias con motivo de la visita del papa a España y otra serie de prebendas directas e indirectas).

Rajoy ha perdido el culo para reafirmar el propósito del Gobierno de dejar en papel mojado el texto de la Constitución, que proclama que España no es un estado confesional, que existe pluralidad religiosa, que la Carta Magna exige al Gobierno que garantice “la igualdad de los individuos y los grupos en que se integra”, y dejar bien sentado que la Iglesia católica sigue siendo, sino la Iglesia oficial del Estado de manera formal, sí la Iglesia que goza de todas las gangas, momios, canonjías, distinciones, incluso sinecuras, honores y distinciones que generosamente son puestos a su disposición, sin necesidad de solicitarlo ¿o sí? Y, además, en tiempos de crisis, la foto puede aportar cierta rentabilidad popular, al menos en Galicia.

Rajoy, siguiendo el ejemplo de sus predecesores en el cargo: Rodríguez Zapatero, Aznar, Felipe González, Calvo Sotelo y Adolfo Suárez, ni ha recibido ni previsiblemente recibirá a los representantes de la confesión Protestante, siquiera sea protocolariamente, una confesión de arraigo en suelo español, con dos siglos de presencia ininterrumpida y creciente, que ha hecho y hace enormes contribuciones al acerbo cultural y social de este país, sin esperar por ello ningún tipo de privilegio. Y, entre tanto, éste y el resto de los presidentes del Gobierno que han sido en esta España de la democracia, país que ha vivido una la transición política, social y económica, pero no religiosa, siguen adulando a una Iglesia que acostumbra a acosar al Gobierno de turno, sobre todo si es socialista, cuando ve amenazados sus privilegios, mediante campañas de desprestigio, haciendo uso de recursos económicos procedentes de asignaciones y subvenciones estatales y que ni ha mostrado, ni muestra, el mínimo signo de solidaridad con el resto de confesiones, minoritarias numéricamente es cierto, pero constitucionalmente acreedoras de un trato igualitario, en idéntico nivel que la católica.

Es probable que las ayudas directas a la banca no lleguen este año, y a ver cómo se mantiene el tinglado financiero del país; la UE es remisa a cumplir los acuerdos adoptados que conducen a mutualizar las pérdidas de los países europeos de segunda división, a pesar de que el presidente del Gobierno se desgañita en reclamar aquello de “Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita”; incendios descomunales asolan la península, en buena parte por falta de mantenimiento (“los incendios del verano se atajan con medidas de mantenimiento en el invierno”); y, entre tanto, el jefe del Ejecutivo no tiene otra misión más importante que darse una vuela por su tierra para expresar su sumisión a la jerarquía católica.

Las tijeras del Gobierno se van agrandando de viernes a viernes (hoy recorto más que ayer pero menos que mañana); los presupuestos del Estado apenas si tienen una semana de vida cuando ya se anuncian nuevas medidas de ajuste para cuadrar el déficit; los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez más pobres; pero a la Iglesia católica no se le recorta ni “un duro” y Rajoy, el presidente del Gobierno, pierde el culo para ir a “templar gaitas” en un clamoroso besamanos ante el obispo de Santiago en este caso, ante la Conferencia Episcopal, ante el Vaticano, en definitiva.

 Julio de 2012.

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