Máximo García Ruiz

Sheldon Adelson se empeña en que hagamos juego; juego sucio, claro, en ambientes insalubres no solamente a causa del humo del tabaco sino de la corrupción moral que suele acompañar este tipo de negocios. Entre tanto, los políticos han echado sus dados en Galicia y en el País Vasco. Malos tiempos para el PSOE y euforia para el PP, aunque contenida por el desplazamiento que sufre en el complicado escenario que se dibuja en tierras vascongadas. Y, entre tanto, Artur Mas vela armas en Cataluña, atizando el fuego del separatismo que no es separatismo; de la independencia que no lo es tanto; de la chulesca insumisión legal con la que pretende ganarse al electorado, aunque para ello tenga que recurrir a marrullerías y manipulaciones que, al parecer, no producen el mínimo sonrojo en quienes las practican. Rubalcaba está desparecido, lamiéndose las heridas en retaguardia, mientras algunos de los barones del PSOE claman ya por que dimita; Rajoy se rearma para seguir aplicando los recortes que, al parecer, no son tales recortes, evitando un rescate que no es rescate y gestionando un Estado, conocido anteriormente como del bienestar, que se rompe en pedazos, en el que uno de cada cinco ciudadanos está en el umbral de la pobreza o ya es pobre de condición.

En unos pocos días se procederá a enterrar algunos cadáveres políticos; entre tanto los tertulianos y los políticos de carrera se encargarán de explicarnos que la victoria de los otros no ha sido tan notable y que la derrota es relativa; seguirán enzarzándose en el “tú más” de siempre; los sindicatos, que únicamente se representan a sí mismos y a los políticos afines, llenarán las calles de liberados y simpatizantes, vendiendo la falacia de que representan a los trabajadores, cuando en manera alguna toman la voz ni de los cinco millones de desempleados ni del 85 por 100 de la masa trabajadora que se gana las habichuelas como autónomos o pequeños muy pequeños empresarios; pero seguirán haciendo el juego a determinadas ideologías tratando de subvertir el resultado de las urnas.

Por otra parte, guste o no guste, lo de Bildu, alimentado por las políticas torticeras de los grandes partidos estatales instalados alternativamente en el poder, parece ser imparable, a pesar de haber tenido que sufrir el natural desgaste producido por su bisoñez, gobernando Guipúzcoa. Un ascenso imparable que, una vez que dicha agrupación política ha aceptado las reglas del juego (habrá que vigilar que así siga siendo en el futuro), ni puede ignorarse, ni puede despreciarse. El País Vasco en particular y España en general, tendrá que tener muy en cuenta la realidad, y la realidad muestra a una Comunidad Autónoma que se siente país con vocación de estado, al igual que ocurre en Cataluña y que, al margen de lo que determine la Constitución Española y al margen de la ilegalidad actual de los procedimientos que pudieran utilizarse para conseguirlo, anuncia sin lugar a dudas que, antes o después, será preciso tomarse en serio sus aspiraciones. Por supuesto vigilando para que se produzca dentro de un marco legal; y si el marco legal actual no lo permite, será preciso plantearse seriamente ajustar la legalidad a la realidad. 

Ante una situación como ésta necesitamos políticos de altura, no condicionados por las siglas de sus partidos ni por la demagogia que se alimenta paseando a las masas irreflexivas por las calles; políticos que sepan gestionar la compleja situación política y social, sin condicionamientos apriorísticos, sin complejos, con generosidad; la misma generosidad política que supieron aportar en la época de la transición políticos como Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Felipe González, Nicolás Redondo y aquella pléyade de hombres de Estado, la mayoría de ellos treintañeros, que supieran dar un salto de gigantes desde la Dictatura a la Democracia dejándose, eso sí, muchos pelos en la gatera (bandera republicana, confesionalidad religiosa del Estado, aceptación de las comunidades autónomas frente a la inquebrantable idea de “una, grande y libre”, renuncia a la República y aceptación de la Monarquía, legalización del Partido Comunista, etc.). Necesitamos políticos procedentes de todas las formaciones, incluida Bildu, por supuesto, que sean capaces de remar juntos en una sola dirección para sacar a España de la crisis; que se encierren el tiempo que sea necesario, a semejanza de los juzgados populares, hasta que sean capaces de firmar unos nuevos Acuerdos que prioricen a los ciudadanos por encima de los territorios y de las siglas; políticos que den respuesta a las necesidades y al clamor de la inmensa mayoría de los ciudadanos, unos en la desesperación de la pobreza, otros en la angustia permanente ante la amenaza de perder sus empleos y los más tan desalentados y cabreados que prefieren quedarse en casa rumiando su tristeza, antes de acudir a votar por unos partidos que únicamente se preocupan de mantenerse en el poder y que se muestran incapaces de encontrar soluciones consensuadas fuera de la demagogia oportunista, aunque los acuerdos adoptados tengan que ser dolorosos. La ciudadanía está harta de bronca y se le abren las carnes cuando la única alternativa es salir a la calle a secundar huelgas, manifestaciones y folclores estériles; el país no está para estas bromas

El profeta Jeremías recomendaba a su pueblo que se parara en el camino y preguntara por las sendas antiguas; y otro profeta de Israel, Oseas, sentenciaba que el pueblo perecería porque le faltaba conocimiento. Churchil llegó a afirmar que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos; bueno no es porque tiene muchos agujeros por los que se cuelan demasiadas impurezas, pero es lo que tenemos, lo mejor que conocemos. La democracia se nutre con la voz del pueblo, no solamente con los votos, aunque los votos son necesarios. Hay que escuchar al pueblo y obrar en consecuencia. Y el pueblo le está diciendo a los grandes partidos que no termina de fiarse ni de la derecha ni de la izquierda y, por eso, cada vez más, vota a partidos alternativos. La voz del pueblo exige que los políticos renuncien a sus miserias egoístas y partidistas y busquen, de una vez por todas, el conocimiento necesario para encontrar, entre las sendas antiguas, aquella que pueda sacarnos de este atolladero. Si no lo hacen, y pronto, serán responsables de que ese pueblo se afilie cada vez más a opciones extremistas que prediquen, como única alternativa, echarse al monte.

Octubre de 2012.

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