Máximo García Ruiz 

Nos lo han dicho por activa y por pasiva. De Guindos, Sáenz de Santamaría, Alonso, ¡España no será rescatada! “Ni va a haber rescate, ni es una opción”, afirma solemnemente el ministro de Economía. Pues qué pena, porque no hay nada más alentador que ser rescatados cuando alguien se encuentra bajo un peligro cierto. Rescatados eran los antiguos presos condenados a galeras, o determinados prisioneros de guerra; o lo son, en la actualidad, especialmente en África, niños-soldado a quienes les han robado la niñez para convertirlos en criminales; o mujeres que han caído en la prostitución o en la esclavitud, sometidas por mafias sin entrañas o culturas sin dignidad; o personas marginadas por causas diversas. Rescatados cuando una persona amiga o una entidad asociativa está dispuesta a pagar el precio del rescate; un pago hecho en sustitución por la vida o por la libertad de otro.

Rescate es una palabra familiar en el texto bíblico (kôpêr en hebreo). Una palabra equivalente a pâdâh (redimir), tal y como se utiliza en Jeremías 31:11: “Porque Jehová redimió a Jacob, lo redimió de mano del más fuerte que él”. La Septuaginta traduce estos conceptos por el verbo lutroun o el sustantivo lutron, enfatizando la idea de sustitución: “El Hijo del Hombre vino […] para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28), remarcando un concepto general de liberación mediante el pago de su precio, muy en línea con la idea helenista de liberación de esclavos.

España está al borde de la quiebra, aunque las cuentas corrientes de los deportistas de élite, o los yates y los despilfarros de millonarios cuyos capitales, de dudosa procedencia en muchos casos, estén a recaudo de cualquier tipo de contribución al erario público, o el enriquecimiento descarado de magnates de las finanzas, empresarios sin escrúpulos o políticos sin entrañas, pudieran dar a entender otra cosa. Curioso o, mejor, dramático: España es el segundo país del mundo que premia con más dinero las posibles medallas que ganen los deportistas en los Juegos Olímpicos de Londres. Alemania cero euros a sus medallistas, que no suelen ser pocos.

Cerca de seis millones de españoles, un 25% de la población activa, que dependen de un salario para vivir, sin trabajo; centenares de miles de familias que son arrojadas de sus viviendas porque no pueden seguir pagando la hipoteca; instituciones benéficas que tienen sus comedores repletos de hombres, mujeres y niños “de clase media” en busca de un plato de comida son, ciertamente, la punta de un iceberg que amenaza con inundar las calles de manifestaciones ingobernables y delincuencia incontrolada. Y todo ello sin olvidar las amenazas con “corralitos” y otros desastres apocalípticos, frecuentemente acompañadas de una risita cínica de algunos dirigentes políticos, que celebraban con regocijo, cuando estaban en la oposición, que España fuera mal, cuanto peor mejor, porque así ellos tendrían la oportunidad de sacarla a flote, de redimirla, de rescatarla. Y ahora, ni la redimen, ni la rescatan y se niegan a que otros lo hagan en su lugar. Se niegan, no tanto porque no sean conscientes de que lo necesitan y de que, finalmente, ha de ocurrir, sino sencillamente por un criterio puramente nominalista.¿Cuál será el eufemismo que se utilice para evitar el término rescate, tan temido? ¿Préstamo preferente? ¿Mutualización de los desvíos financieros?

El problema para el ciudadano medio, es otro. Para los seis millones de personas sin empleo (que no necesariamente parados, quietos) es encontrar un trabajo, aunque sea de mileurista; el de la población con empleo y el de los jubilados, es que los recortes les permitan seguir respirando. ¿Y el de los profesionales del fraude, el de los políticos con tres salarios, el de los paniaguados de los partidos políticos con sueldos millonarios, el de los depredadores sociales? ¿Tiene alguna respuesta coherente el Gobierno de turno?

Y mientras, Ruiz Gallardón, el otrora verso suelto que coqueteaba con el centro, se ocupa de afianzarse entre la extrema derecha de su partido y tratar de ganar de esa forma su respaldo de cara al sueño de su vida: llegar a ser presidente del Gobierno.

Julio de 2012.

Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario

busy