Con el esperado desenlace de esta verdadera crónica de una muerte anunciada que representó la lucha de Hugo Chávez contra su agónica enfermedad (¿espontánea o inoculada?), ha quedado, una vez más, en evidencia la descarada misión propagandístico-desinformativo cumplida por un amplio y mayoritario sector de los medios de comunicación españoles, dominantemente conservadores, en relación con la figura y obra del carismático líder venezolano.

 

Al respecto, Vicenç Navarro, ha señalado, precisamente, que “uno de los indicadores de la escasa calidad de la democracia española es la limitadísima diversidad ideológica en los medios de mayor difusión en España.” Un detalle revelador si tenemos en cuenta que, en este mismo sentido, el último Barómetro del Centro de Estudios Sociológicos (CIS) del mes de febrero, dado a conocer recién el día de ayer, señala que los periodistas, seguidos muy de cerca por los abogados y los jueces, están entre las profesiones peor evaluadas por los españoles (con un 59,9, siendo cero “muy mal” y cien “muy bien”).

Sin ir más lejos, el diario “El País” que se dice ‘liberal’ y ‘progre’, todo un medio de referencia mundial, ha sido quien ha llevado una de las voces cantante del rabioso antichavismo (la foto del falso Chávez en una de sus portadas resulta sintomático). Una feroz campaña orquestada, principalmente, a partir de uno de  sus  “calumnistas” estrella, Moisés Naím, uno de los artífices de las políticas de austeridad del gobierno de Carlos Andrés Pérez que motivaron “El Caracazo”, en donde fueron masacrados más de 3000 indefensos venezolanos que protestaban pacíficamente ante las injustas medidas adoptadas por ese régimen, y que ha sido ampliamente refutado por especialistas de los más influyentes diarios del mundo.

Una maliciosa campaña que terminó, a golpe de insultos y mentiras, con un Chávez y su Revolución Bolivariana completamente demonizados ante la opinión de los españoles (según el Barómetro del Real Instituto Elcano de diciembre de 2010, Chávez es con largueza el líder internacional peor valorado por los españoles, con un 1,7 sobre 10); y que encuentra su clarísima explicación en hecho de que Venezuela es el país con mayores reservas de petróleo del mundo (el 18% de las reservas mundiales de crudo) y su gobierno se ha negado, con todo ello, en favor de los más necesitados de su pueblo, a servir a los intereses estadounidenses y europeos, desafiándoles frontalmente con su retórica beligerante, al más puro estilo de los sesenteros años de verde oliva, a ratos excesiva.

Con todo, su figura dicta mucho de ser la de un Jefe de Estado que no ha sido elegido por nadie, inimputable e irresponsable ante la ley, que ostenta un poder nepótico por casi cuatro décadas, que acumula una enorme fortuna inescrutable ante Hacienda y otros organismos de control fiscal, con suculentas inversiones en los oscuros negocios de las armas y el petróleo, que caza elefantes en África y que carga toda clase de divertimentos, hasta los gastos personales de sus amantes, al erario público, etc.

Una campaña que ni siquiera, por la sensibilidad que representa el fallecimiento de una persona, ha aquilatado ni desactivado en lo más mínimo su pueril programa propagandístico, virulento y difamatorio; dotado, como es de suponer, de una pesadísima y variopinta artillería de epítetos y descalificaciones, en donde “Dictador bananero”, es poco decir. Bastó, para comprobarlo, con sintonizar el programa “La Noche en 24 horas” de TVE, que retransmitió en directo la noticia de la muerte del mandatario venezolano, marcando un record de audiencia con un 2% de cuota y 356.000 espectadores.

Por lo que resulta, francamente, imperdonable a esta altura del partido y con la que está cayendo en este país, que no se les haya dicho nada a los españoles respecto de los espectaculares logros obtenidos, en poco menos de una década y media de titánica gestión, por el histriónico “Gorila Rojo”.

Que no se les haya dicho, por ejemplo, como recordaba un interesante estudio en la materia (Los logros de Hugo Chávez y la revolución bolivariana, Carles Muntaner, Joan Benach, María Páez Víctor…), que el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de las Naciones Unidas sitúa a Venezuela en el lugar número 61 de entre 176 países, habiendo subido 7 lugares en apenas una década; en la cual, también, ha aumentado el gasto social en un 60,6%, (772.000 millones de dólares) reduciendo la desigualdad en un 54% y la pobreza en un 44%. La pobreza, en el país del lenguaraz “Demonio Rojo”, pasó del 70,8% (1996) al 21% (2010) y la pobreza extrema se redujo del 40% en 1996 a tan solo el 7,3% en 2010, etc…Y, por si fuera poco, que hoy “Venezuela está al nivel de Finlandia como el 5º país del mundo cuya población se siente más feliz”.

Ahora bien, lo verdaderamente grave de toda esta cuestión, más allá de la anécdota que representa que el lector español no se entera de nada, porque se les miente y manipula descaradamente como en los peores tiempos de este país (ya sabemos que sistemas como éstos resultan perfectos para el despliegue de la industria de la desinformación), es que encima, y parafraseando a Vicenç Navarro, “a esto le llaman democracia”.

Porque, ya lo decía Chomsky en su viejo libro Guardianes de la libertad…, en “una democracia que se precie de tal los medios de comunicación debieran ser 'independientes' y tener ‘obligatoriedad’ de transmitir la verdad (información objetiva, veraz, contrastada y de calidad) a la hora de informar a los ciudadanos, en vez de limitarse a transmitir las percepciones de realidad ligadas a los intereses de los grupos de poder que representan”.

En fin. Por ahora es evidente que con la temprana partida de Hugo Chávez se cierra un importante ciclo y nace el mito. Que el sensible, inteligente y culto (según quienes le conocieron) comandante bolivariano con su ineludible e inevitable presencia, porque es imposible negar que él fue un efecto directo de los 40 años de expolio por parte de las oligarquías del duopolio reinante, a cargo del partido democristiano “COPEI” y el socialdemócrata “Acción Democrática”; muy probablemente, no terminará en el olimpo de los dioses de la rebeldía y la liberación, sino que más cerca de Perón (como dijo Sergio Ramírez) que de Bolívar, del “Che” o de Allende.

El tiempo lo dirá, solo esperamos que al menos para entonces los españoles se hayan enterado de algo, con todo lo que ello supone, pues, como sentencia el viejo adagio popular, “no hay mal que dure cien años ni ‘ciudadano’ que lo aguante”.  

 

Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario

busy