Conrado Granado

Señor presidente de la Comunidad de Madrid, don Ignacio González: Me dirijo a usted como periodista y como uno de los cientos miles de afectados por el impuesto de un euro por receta por fármaco que su Gobierno ha implantado en esta Comunidad Autónoma, que afortunadamente el Tribunal Constitucional ha logrado paralizar, de momento. No tengo otra manera de hacerlo, ya que en la farmacia que me dispensa los fármacos no le conocen a usted, ni ganas que tienen, según dicen, y escribirle una carta sería restarle tiempo a su seguramente apretadísima agenda de trabajo, máxime en un momento en que usted se hace lenguas de Eurovegas, según veo y leo.

Debo comenzar por felicitarle, señor presidente, ya que es usted un hombre afortunado. Para empezar, tendrá que admitir que ha llegado a ese puesto sin comerlo ni beberlo; es decir, sin que los madrileños le hayamos votado. Así, por las buenas, porque su antecesora, doña Esperanza Aguirre, decidió un buen día dejar la presidencia de la Comunidad de Madrid, encontrándose usted con el traje de presidente puesto, por el mero hecho de ir próximo en la lista. No es que esto sea antidemocrático, no, pero como decimos en Madrid, ha tenido usted potra, y de la gorda.

En segundo lugar, hay que felicitarle también por ese piso o apartamento que usted ha comprado y escriturado en Marbella días antes de que algún representante de la justicia empezara a meter la nariz donde no le llaman. Estas cosas suelen pasar, señor presidente, y no quiero mentarle por ejemplo a un tal Bárcenas, que usted conocerá, imagino, aunque solo sea por proximidad en el Partido Popular. Dice usted que ha pagado 700.000 euros por el piso o apartamento de 500 metros cuadrados en una zona que dicen es de postín; cantidad ésta que debe ser mucho dinero, al menos para los que esperamos la pensión mensual como maná caído del cielo.

Después de felicitarle, permítame decirle también que me parece sencillamente miserable el hecho de que su Gobierno, nuestro Gobierno de la Comunidad de Madrid, nos haya machacado con otro impuesto, de los varios que ya pagamos. No quiero decir que ustedes sean unos miserables, no, sino el hecho en sí. Más bien al contrario, da la sensación de que nos estuvieran ustedes tratando como tales, ya que encima de subirnos el euro por receta médica, nos han amenazado con imponernos una multa o sanción del 20% de recargo si nos negamos a pagarla. Frente a ese impuesto absurdo, los indefensos ciudadanos hemos demostrado dignidad, algo que no nos podrán quitar.

En 25 días que ha durado su ya famoso impuesto por receta médica el Gobierno de la Comunidad de Madrid ha recaudado cinco millones de euros. Cinco millones que han salido de los bolsillos de los madrileños, de nuestros bolsillos. Y digo nuestros bolsillos porque debo decirle que yo soy uno de ellos, de esos cientos de miles de personas que nos vemos obligados a tomar algún fármaco diariamente por prescripción facultativa como puente para seguir viviendo. Y doy gracias al profeta porque a día de hoy, cuando escribo estas líneas, todavía tenemos sanidad pública porque, sinceramente, me temo lo peor, partiendo de ustedes.

Imagino que para usted, acostumbrado a esas cifras de 700.000 euros de las que habla, que a mí se me asemejan astronómicas y desconocidas, un euro no significa nada, “pecata minuta”. Ya dijo el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy en una ocasión que los euros de subida significaban solamente algo así como el precio de unos “cafetitos”. Pero no es así la cosa, señor presidente Ignacio González, créame. Para muchas personas, sobre todo para los que vivimos de una pensión, un euro, unos euros, significan mucho, algo así como una barra de pan, un litro de leche, unos gramos de mortadela o cosas parecidas.

Por eso le pregunto ahora, cuando el Tribunal Constitucional ha paralizado ese impuesto: ¿dónde está mi euro, señor presidente? ¿Dónde están nuestros euros, esos cinco millones de euros recaudados y que están es posesión de ustedes? En buena lógica, y puesto que nos amenazaban desde el Gobierno de la Comunidad con una sanción del 20% de recargo por no pagar, lo suyo sería que nos los devolvieran con un 20% por haberlo tenido en su poder todo este tiempo, independientemente de lo que en su momento sentencie el Tribunal Constitucional. Porque una cosa es la vara de la justicia, y otra la ética.

No sé si usted leerá estas líneas, señor González pero, sinceramente, lo dudo. Ya ve usted, son simplemente unas palabras de un periodista jubilado unido a un fármaco por prescripción facultativa, como cientos de miles de personas, porque es la vía para seguir viviendo. Una vía a la que usted y su Gobierno le han impuesto el fielato, la frontera del euro por receta. Pero ya le digo, podrán ustedes imponernos, quitarnos muchas cosas, pero nos queda la dignidad, algo que se tiene o no se tiene, por muy presidente que uno sea.

 


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