
La Orquesta Sinfónica de Radio Televisión española ofreció el 26 y 27 de Enero en el Teatro Munumental, el Concierto para percusión y orquesta de la compositora norteamericana, nacida en Brooklin, Jennifer Higdon, con su mejor intérprete, el percusionista nacido en Edimburgo, Colin Currie, reconocido como número uno mundial. Concierto con el que compositora y solista obtuvieron conjuntamente el Grammy al disco con la mejor composición clásica en 2010, con el que Currie ilustra el extraordinario crecimiento de la percusión, el mayor en todos los instrumentos orquestales durante el siglo XX.
A los quince años Colin Currie, becado por la Orquesta Sinfónica de Londres ganó su primera medalla de oro. A los diecisiete, fue primer finalista en percusión en el concurso de la BBC para músicos jóvenes y como premio interpretó el concierto de percusión de Errolyn Wallen en el Centro Barbican de Londres en Première mundial con éxito clamoroso, que desde entonces no ha hecho sino crecer.
Hoy en día está considerado como el mejor percusionista de cámara y sin duda el más versátil. Sus actuaciones con las mejores orquestas del mundo, su extensa discografía y las intensas pasiones que despierta entre los asistentes a sus conciertos le avalan. Ha interpretado conciertos escritos especialmente para él en primicia mundial, entre ellos ‘Rapture’, de Michael Torkey y el que hoy nos ocupa. Entre sus numerosos premios como artista joven, figura el de la Real Sociedad Filarmónica de Londres en 2002 por su contribución innovadora a la música contemporánea, que le consagró definitivamente como gran maestro mundial de la percusión.
La actuación de C. Currie en Madrid ha sido su debut en España y estreno del Concierto para percusión y orquesta compuesto para él por Jennifer Higdon. Ciertamente ya era muy conocido en España a través de su extensa discografía, pero el Monumental se vino abajo con la ‘percusión’ de los aplausos. Currie se movía como un gato desde las dos marimbas situadas a la derecha del Director de Orquesta o desde un conjunto de tambores a otro, éstos situados a la izquierda, cambiando rápidamente entre marimbas, vibráfono, platillos, campanas, timbales. La percusión como espectáculo entre nosotros casi inédito, único, fluctuaba entre el kitsch y el ruido etéreo o brutal, hasta llegar al último movimiento que se inició con un ritmo de vals y culminó con el atronador sonido del tambor contrabajo. La coordinación del solista con la orquesta, extraordinaria bajo la excepcional batuta de Carlos Kalmar.
Siempre innovador, como recitalista está continuamente inmerso en un trabajo de diversificación de su repertorio de solos de percusión, de los que recientemente ya han podido disfrutar de forma brillante en el Festival de Lucerna, debuts en Estados Unidos y Japón, aunque los más afortunados son sus seguidores en el Reino Unido. Nos cuesta esperar la ocasión de disfrutar de uno de sus recitales como percusionista solista.
En junio de 2011 alcanzó otro de los hitos en su carrera interpretando junto al pianista Pierre-Laurent Aimard y el grupo de Música Contemporánea de Birmingham dirigidos por Oliver Knussen, el concierto para piano, percusión y orquesta del norteamericano Elliott Carter “Conversaciones”, un diálogo inteligente entre dos instrumentos solistas que tienen mucho en común por las cualidades repercusivas del piano. Se diría que el piano marca el paso, ofrece la mejor música, pero la percusión dispone de una paleta más amplia, más exuberante y a veces deja al piano en la sombra. Con la marimba y el vibráfono la conversación es armoniosa. Con los gongs y los tambores, los solos cobran singularidad. Se comportan como instrumentos civilizados, no se interrumpen mutuamente, se transforman en metáforas de intercambio social. Establecen una mezcla de complejidad matemática y alegría de vivir que suspende el aliento.>
Currie describe este trabajo de Elliott Carter como ‘una de las aportaciones más importantes al repertorio de cámara desde la Sonata de Bela Bartok de 1938.’
¿Para cuando estas joyas contemporáneas en España?
