No soy yo, ni los que convocan protestas o manifestaciones pacíficas que ustedes pretenden convertir en violentas, quienes hacen esta llamada. Son ustedes, miembros del Gobierno, dirigentes del PP, los responsables de esta incitación.

Todos los días se les llena la boca con la palabra terrorismo. Y al tiempo van despejando los caminos que conducen a una contestación que puede ser infinitamente más terrible y nociva: el enfrentamiento civil al que parecen abocados los millares, millones ya, de españoles, a los que conducen a la senda marcada en pasados tiempos por las luchas revolucionarias por conquistar los derechos sociales y humanos que se les negaban.

De seguir este camino de explotación, corrupción, represión y lenguaje emanado de las consignas que en su día creara Goebels para imponer el nazismo, no les quedaría, tal vez, otra salida, salvo que su poder de alienación haya convertido en autómatas o esclavos sin voluntad a la mayor parte de los ciudadanos. Y entonces sería tarde para todos, también para ustedes y sus amos, no lo duden. Porque entonces no podrían además oponer a su lucha los parachoques de partidos y sindicatos, igualmente desbordados y denunciados por su burocratización y sujección a intereses tan banales, escleróticos y propios de corpúsculos egoístas y tribales, como los que actualmente representan. Por muchos policías y fuerzas y cuerpos de seguridad, públicos o privados, que ustedes creen, por muchas leyes represivas y decretos que impongan, ni unos ni otras alcanzarían a reprimir a los cada vez más numerosos deshauciados, e incluso parte de ellos, relacionados con ese "pueblo" al que ustedes convocan y manipulan en su definición día y noche para mayor escarnio, terminarían por darles las espaldas. Y los privilegiados que viven en sus bunkers y zonas exclusivas, y se aislan en las burbujas culturales y de consumo a las que ellos solo tienen acceso, que esconden sus nombres y los enmascaran en palabras obtusas de jergas económicas inaprehensibles para la mayoría y se rodean de lacayos que les hacen el juego sucio, cuando la violencia no sea individual y terrorista, tan inútil para los que la practican como´"útil" para quienes en ella amparan su propia violencia, sino colectiva y "humana", no tendrán otro remedio que defenderse matando sin tapujos -como hacen los regímenes dictatoriales se encubran bajo las calificaciones ideológicas que sean- o huir como las ratas a otros lugares -ahora se limitan a enviar sus capitales- donde puedan continuar lucrándose con su economías de sangre y latrocinio.

Porque ustedes, gobernantes de la democracia, están asesinando la gallina de los huevos de oro que encontraron -no solo hundido sino desvalorizado el comunismo- en sociedades liberales o socialdemócratas que buscaron paliar las injustificables diferencias sociales, los espectáculos de la opulencia y la miseria y sobre todo crearon una cultura de derechos humanos y ajustes sociales, que en las sociedades occidentales produjo lo que llaman "sociedad del bienestar", sin indagar en que se escondía detrás de ella y en lo que suponían para otros pueblos de la Tierra. Son ustedes los que con sus políticas económicas exterminadoras y su impulso al retroceso de la Historia, hablamos de España y otros países europeos, están provocando la contestación violenta -de los suicidios no tardaría en pasarse a los actos desesperados y a los movimientos cada vez más numerosos de repulsa y acción directa por el único derecho que les queda a los explotados: el derecho a defender su propia vida-. Ustedes llaman a esos tiempos cada vez más cercanos, de seguir por este camino. Ya no bastan las palabras, las bromas, las cifras sobre esos miles de "terroristas" económicos que provocan una situación cada vez más enajenante. Y debemos ser quienes trabajamos con el pensamiento y no aceptamos las migajas que ofrecen "los mercados", quienes reflexionemos sobre esta terrible coyuntura histórica. Y no bastará con denunciar a quienes hoy se ríen, en privado o hasta en los parlamentos, de la pobreza, la miseria, incluso la muerte de sus víctimas, porque la hora de las lágrimas alcanzará un día a todos. Son viejos dichos: la capacidad de sufrimiento tiene un límite, las burlas y los escarnios no siempre han de encontrar como eco la paciencia y la resignación. Y a las falsas músicas marciales, banderas nacionalistas, héroes de pacotilla en los que se pretende encarnar el orgullo nacional o nacionales, pueden suceder otras canciones que también arrastran a las masas, tan fáciles de manipular y luego engañar, canciones empolvadas pero que un día hacen suyas los desesperados. Porque cuando unos imponen con sus gobiernos la violencia están sembrando la violencia que pueda contrarrestarla un día. Cuando los náufragos no sean los desgraciados que llevan años chapoteando su miseria en las aguas de los océanos, sino la mayor parte de los habitantes de un pueblo en el que incluso sus clases sociales se estrechan hasta conformar un grito cada vez más unido, esas propias aguas ahítas de sangre pueden anegar la tierra que hasta entonces se limitaba con contemplar el naufragio


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