Dichosos tiempos aquellos
en que eran los banqueros
y no los desahuciados
quienes se arrojaban por los balcones.

Andrés Sorel

El lenguaje que desarrollaron los responsables del PP durante su campaña en las últimas elecciones generales, desde la celebración de la Diada lo pone en práctica Artur Mas, éste en representación absoluta de su partido.

Es una continuación de la Historia que alcanzó su punto culminante en la elección, por el pueblo, de Hitler, como supremo jefe del sistema democrático de Alemania. Fascismo y comunismo, los dos regímenes políticos que dicen hablar en nombre del pueblo y que al pueblo representan, experimentaron técnicas similares en sus sistemas dictatoriales de comunicación y propaganda. Algo vulgar y simple para el entendimiento y la razón si se analizan, mas por desgracia el pensamiento es lo primero que se aniquila para poder así usurpar la voluntad colectiva.

Dominar instintos y conciencias es el gran objetivo de los líderes populares, quienes dicen representar a los ciudadanos, gobernar con plenos poderes porque la mayoría de ellos les han concedido su representación y han enajenado su voluntad para que en nombre de ellos legislen y actúen. Así, cuanto los gobernantes realicen será en nombre del pueblo y la mentira no admitirá réplica alguna.

Poderes cada vez más absolutos y represivos se encargarán de que el orden del silencio se imponga sobre los disidentes o críticos porque el pueblo habrá, una vez consumado el golpismo democrático, dejado de existir y una masa uniforme, manipulada, desprovista de conciencia y voluntad, será conducida a los fines desarrollados por la estrategia de la propaganda y la publicidad imperante en el país de los muertos vivientes, bien arropada por palabras e iconos sagrados del teatro del progreso. Patrias, banderas, marchas militares o músicas enloquecedoras, parafernalias teatrales de multitudes disueltas en luces y escenarios absolutamente irreales, ídolos deportivos, cantantes, hasta algunos artistas, se prestarán a protagonizar esta farsa de convertirse en representantes de la Nación, encarnar con sus éxitos el de la sagrada patria consagrada por sus logros en el universo entero.

Fundamental le resulta al poder dominar los medios de comunicación, ocultar lo necesario, privilegiar lo alienante y tener igualmente el respaldo de una fuerte iglesia, contar con su apoyo o con su silencio ante los desmanes que cometa, según las necesidades de cada momento, y destruir en la representación pública a los críticos primando al tiempo a burócratas o asalariados del partido en el poder y situándolos al frente de la imagen y la palabra.

Leemos a Goebels, el maestro de las huestes de Rajoy o de Artur Mas. (Algún día hablaremos de lo que debiera representar el independentismo de los pueblos, su liberación real y no ficticia al servicio de nuevos imperialismos económicos y políticos aunque sea bajo distintas banderas e himnos que encubren idénticas miserias económicas y culturales y que continúan dominándoles). Al fin Rajoy, bajo la marca España, o Artur Mas bajo la marca Cataluña, obedecen a idénticos amos "reales" e intereses de los terroristas del siglo XXI, bancos y oligarcas desde Frankfurt o Wall Street continúan dominando a los pueblos del mundo, hablen el idioma que hablen y bailen al son de la música y ritos que les impongan.

Vayamos pues al estratega que les enseña el camino y encauza sus campañas electorales. Leyéndole a él, años 30 del siglo XX en Alemania, nos situamos mejor en 2012 en España. Dice Goebels:

"Las grandes masas de una nación sucumbirán siempre y únicamente ante la fuerza de la palabra hablada {...} La pasión es el prerrequisito del liderazgo. Debe tener la visión de la vida de un fanático. Los escritores rara vez son líderes. Sé que la palabra escrita convence a menos gente que la hablada {...} Toda propaganda efectiva debe limitarse a unos cuantos puntos básicos esenciales y esos deben ser expresados hasta donde sea posible en formas estereotipadas. Esos eslóganes deberían ser repetidos constantemente hasta que el último individuo haya comprendido la idea planteada".

Por ejemplo, anotamos: el de Zapatero culpable, o, terminaremos con los cinco millones de parados del PP. En el otro lado, somos una nación, o, la voluntad de los catalanes, de Artur Mas.

Y sigue diciendo Goebels:

"Quién conquiste la calle conseguirá conquistar un día el Estado, ya que cada forma de política y de poder y cada Estado dictatorialmente gobernado tiene sus raíces en la calle. Cuando vemos a nuestros hombres, miles de ellos, desfilando por las calles, casi estamos viendo una movilización por el poder".

Y pensamos: si en vez de arroparse en sus banderas, los manifestantes esgrimen gritos de protesta y pancartas con los que denuncian la explotación laboral, el sistema capitalista, la indefensión social, arrojarán contra ellos sus policías, etapa benigna que antecede a los campos de concentración el día que ostenten el poder absoluto y sean necesarios: la Alemania de Hitler y la España de Franco también marcaron en ese sentido el camino por si en un futuro próximo o lejano fuese de nuevo necesario.

Una buena cámara fotográfica debiera filmar una y otra vez la sonrisa y los gestos de suficiencia del jefe o Conductor, en este caso Artur Mas cuando escupe sus vaguedades doctrinarias y escapistas a los suyos. Otra los ascos y expresiones desabridas de dirigentes peperos tipo Guindos en sus intervenciones, o las muestras sumisas e inocuas de su máximo dirigente en el Gobierno ante los verdaderos ejecutores de la política española que imponen sus leyes económicas como ya hicieron con Zapatero al margen de las siglas del partido que gobierne.

Y en cuanto a las manifestaciones pensamos que lo importante no es contar a sus participantes. Basta con "comprender" que unas dan legitimidad a los gobiernos golpistas democráticos, y las otras nacen ya estigmatizadas y solo se trata de irlas diluyendo mediante métodos que van de la persuasión -se necesita el apoyo de los partidos y centrales sindicales para ello- o la intimidación y la violencia. Así las del Papa o la Diada son legítimas y veneradas cuando congregan a los suyos. Los jóvenes o viejos que protestan o acampan en la Puerta del Sol o las Ramblas deben ser insultados, apaleados, multados y perseguidos.

Al día siguiente de las elecciones que ganó el PP, al día que puede amanecer si se consuma la independencia de Cataluña según Artus Mas, los problemas de la indefensión de los hombres y mujeres no siervos del capitalismo, no sólo no desaparecerán, sino que se acentuarán. Y al tiempo que las condiciones de vida empeoran, la libertad también se degrada y termina por desaparecer. Entonces recordamos el humor ácido de Stanislaw Lem:

"El sueño de los esclavos: un mercado en el que se pudieran comprar los amos"

Y a una realidad que añora los viejos tiempos, año de 1929 en la crisis de Estados Unidos. Seguirán los desahucios y los suicidios de los desesperados. Y los banqueros acentuarán su sonrisa de poder y dominio en las islas donde se refugian tras sus agotadoras jornadas para multiplicar su dinero y provocar el sudor, agobio y desesperación de los ciudadanos, refugios de lujo bien guardados por las cada vez más necesarias fuerzas del orden público y de la seguridad privada.

Pero regresmos a Stanislaw Lem con su final optimista:

“Y sin embargo, la humanidad progresa. Cada vez se juzga a los genocidas de un modo más humano”.

 


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