Andrés Sorel*

Ha sido imposible. Ante la falta de interés por la lectura, yo diría impotencia, de los libros que se les entregaron a los secuestrados, el Comando de Limpieza y regeneración de la Lengua Española decide prolongar quince días más el secuestro antes de liberarles o entregarles nuevas obras. Mientras tanto les leerán textos de Eistein, al que conocen (?) como físico pero no como el hombre que dijo que la culpa definitiva es de la Ley, que el Estado miente deliberadamente a la juventud, y que de esta realidad nació la desconfianza hacia cualquier clase de autoridad, que las pasiones nacionalistas han destruido a la comunidad intelectual, que la prensa controlada en su mayoría por intereses encubiertos ejerce una influencia excesiva sobre la opinión pública, que detesta el peor producto de la vida de rebaño: el sistema militar, que le parecen despreciables los desfiles militares, el culto al héroe, el patriotismo, que la conciencia se sitúa por encima de la autoridad del estado, y que la salud y la continuidad de la humanidad dependen en grado mayor que antes, de las instituciones de enseñanza, el objetivo ha de ser formar individuos que actúen y piensen con independencia y que consideren sin embargo su interés más importante el servir a la comunidad.

El ministro Werth, que se dice de Eduación y Cultura -no dudamos lo sea de deportes- será el encargado de hacerse cargo de la selección de obras de Albert Eistein y leerlas en voz alta a todos los recluidos.

POLÍTICOS Y PUEBLO

Rajoy, Guindos, Sáenz de Santamaría, Cospedal, Montoro, Esperanza Aguirre -retirada a sus cuarteles de invierno, esperanza en la sombra para los más fascistas- los demás, ¿leyeron jamás a Einstein? ¿Soportarán sus palabras como no pudieron soportarlas los maccarthistas cuando les denunció públicamente de manera más crítica que osara hacerlo ningún otro intelectual norteamericano? Algún día reproduciremos aquí sus palabras, dado que podemos aplicarlas a muchos de nuestros intelectuales y artistas en el momento actual español.

Claro que bastantes de los que se dicen como socialistas son tan obtusos, necios y sumisos, como los que consideran oponentes políticos.

Y el pueblo, masa o ciudadanía, no el que combate sino el que, y por desgracia es mayoría, en Madrid o Barcelona, en Castilla o en Valencia, va a lo suyo: pan y circo, fútbol o aplausos envueltos en otras banderas a visionarios aprendices de dictadores. Ridículos aparecen, tanto como los Cardenales con los que sin duda se entienden. Porque ese pueblo, y no de ahora precisamente, se ha habituado a convivir en los diferentes grados de esclavitud que dosifica el poder según sus necesidades y circunstancias. Y cuando en tiempos pasados algunos pensadores y revolucionarios les conducían a la necesaria insumisión -hoy no les interesa pensar en ella- e incluso destruían a los tiranos, no tardaba en ser traicionado. De Marx a Stalin median tantos caminos como de la razón al Corán o la Biblia. La fuerza de la masa, por desgracia, es la fuerza de la bestia movida por los "conductores" o manipulada por las "democracias".

*Editor de LA ANTORCHA DEL SIGLO XXI.


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