“No hay nada más lindo que la familia unida,,,,”, “lunes antes de almozar, una niña fue a jugar pero no pudo jugar porque tenía que barrer....”, “el viajar es un placer....cuidado que vienen curvas,,,,”, “hola don Pepito, hola don José, pasó usted por mi casa, por su casa yo pasé......” y entonces, no sabíamos ni cómo ni porqué la vida pasaba. Nuestros padres; esas personas que habían pasado una contienda, sabían que todo lo que iba a venir era bueno. Y era lo mejor eso que quizá entonces no vimos y que ahora saboreamos con el devenir del tiempo. Nos procuraron una vida familiar perfecta, unos estudios porque así tendríamos un buen puesto de trabajo, una “colocación” como se decía entonces.

Los más avispados nos hicieron estudiar idiomas, porque sería el futuro, y cuanto mejor preparados estuviéramos mejor viviríamos a partir del año dos mil.

Todo tenía que venir; todo estaba por venir.

 

En los hogares en donde se compartía un televisor el que lo tuviera, que siempre con un pequeño mazazo se oía mejor, se juntaba la familia rezando para que los rombos no dieran por terminado el espacio en donde el mundo se abría para nosotros. Las películas no dejaban de ser un universo en el que vivíamos cuando tras el informativo esa tarde de sábado nos permitía ver cómo los vaqueros siempre podían con los indios. Esos domingos llenos de ilusión en donde todos esperaban algo más; siempre algo más. Esos viernes que nos preparaban para el descanso “echaban” programas tales como “Un, dos, tres”, “La Clave” o “Los payasos de la Tele”.

 

Gaby, Fofó, Miliki y Fofito aparecieron en esa caja tonta casi por casualidad. ¿Cómo están ustedes? Y todos, en nuestro interior, siempre respondíamos biennnnnnn.

Quizá recuerdo las sonrisas de los más grandes de la casa que veían con la misma ilusión ese programa en donde nosotros, los enanos, podíamos alcanzar siempre la belleza del alma; la de saber que nunca nos pasaría nada. Vivíamos en un país que despegaba tras una guerra, todo era bueno; todo estaba por llegar. Canciones que nos aprendimos sin rechistar y que cantamos a nuestros hijos una vez que nacieron veintitantos años después.

 

Y ya hemos cerrado otro ciclo. Porque todo lo que empieza, tiene que terminar. Miliki se ha ido a ese lugar en donde merecen estar las personas buenas y nos deja con una sonrisa que sin lugar a dudas es la mejor; la del recuerdo. No hay cosa más grata que recordar a alguien en paz y con una sonrisa que nos llene el corazón.

 

Este mundo; ese que atisbaron nuestros padres, hoy muchos de ellos fallecidos, no se parece en nada a lo que nos contaron. Hay paro, hay tristeza, hay hambruna, hay desesperación... Tenemos muchas cosas, muchos ipads y ipods, navegamos sin un rumbo fijo y no sabemos cómo es la contienda actual.. No hay una guerra que se sepa pero hay una panda de chorizos que han desvertebrado España. Se ha educado a la gente en el todo vale y todo vale y sigue valiendo. Desde abortar porque yo lo valgo, hasta no ser feliz porque no tengo un pelo pantene....vivimos en la arbitrariedad que da el dinero y el tener hasta poseer no se sabe el qué. Que se lo digan al majadero de Urdangarín que teniéndolo todo quiso tener más.  Y eso no nos lo procuraron nuestros padres. Solamente querían que no viviésemos el dolor de una guerra entre hermanos, querían que no pasáramos hambre, que tuviésemos un medio de vida, que pudiésemos ser algo más felices que ellos sin sufrir tanto con tan poco.

 

Ahora tenemos mucho, todo el mundo tiene todo, pero es inmensamente infeliz. Ya no cantamos aquello de “Susanita tiene un ratón, un ratón chiquitín” porque la letra es absurda como nuestra puñetera vida. Esa que nos hemos labrado poco a poco gracias al tener y al poseer. La mejor generación de la historia; los hijos de las personas que vivieron la guerra, poseen varias carreras, hablan idiomas, másteres, y un sinfín de cosas que con el sudor de su frente nos dieron para que pudiésemos cantar a la vida “la gallina Turuleta” o la “tabla de multiplicar” que tantos exámenes nos hizo aprobar...

 

Y hoy, solamente sabemos pedir algo más, pero no tenemos herramientas para salir de esto en donde nos ha metido la clase choriza; esa que se denomina política porque hablar con eufemismos forma parte de esta contienda; la del euribor, la de las hipotecas de ciento veinte años, la de las engañifas para tener y no poseer. Esas mentiras que nos contaron aquellos chorizos que regían los bancos con el beneplácito de los que robaban en los escaños. Ahora sigue robando; ora ipads, ora casos, léase malaya, y compañía. 

 

¿Dónde está lo que aprendieron estos pájaros?  ¿Acaso sus padres nunca pusieron los payasos de la tele en casa? Si solamente teníamos la uno, la dos la mayoría del tiempo no “echaba” nada....y ¿cuándo nos enseñó Miliki a robar?


Así robaba, así, así....así robaba, así, así, así robaba, así, así, así robaba que yo le vi....

 

Solamente nos queda sonreír y mirar si desde el cielo alguien nos da una explicación. Tuvimos la suerte de vivir esa vida; esa magnífica vida que nos procuraron nuestros padres y quizá también los payasos de la tele.

A lo mejor, nada más llegar les ha preguntado a todos,

¿cómo están ustedes?

 

Y todos, incluido Él le han dicho, “¡¡¡¡¡¡¡biennnnnnnnnn!!!!!!!”

 

 

 

Ana De Luis Otero

Periodista

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