poblabrel
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- Sábado 04 de Junio de 2011 18:51
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poblabrel created a blog entry LA LLAVE DE PETRA CU...
Félix Población
Cada vez con más sólidas razones -porque las regresiones sociales de nuestro presente no dejan de incrementarlas-, trayectorias y nombres como el de Petra Cuevas Rodríguez, secretaria general del Sindicato de la Aguja durante la II República, son más dignos de recordación y reconocimiento en nuestros días.
Petra llegó a Madrid con diez años, procedente de Orgaz (Toledo), y se puso a trabajar como bordadora en un taller que había en la Gran Vía, proveedor de la Real Casa y donde se vestía la aristocracia madrileña. Las dueñas, de nacionalidad italiana, simpatizaban con Mussolini y empezaron a llamar a su joven trabajadora la bochevique porque ya se le atisbaban sus inquietudes sociales. La dictadura franquista condenó a Petra a doce años de cárcel.
El pasado jueves, en el Auditorio Marcelino Camacho de Comisiones Obreras, se le rindió un muy tardío homenaje a esta anciana luchadora de 103 años a la que tuve el gusto de conocer hace tiempo, cuando desarrollaba actividades culturales en el barrio de Tetuán y asistió a unas jornadas feministas que se celebraron en el Centro Cultura de la Villa, en las que también pude conocer a la escritora Teresa León. Era entonces Petra una mujer muy vital, de natural modestia y simpatía.
Gracias al libro de Pedro Montoliú (Madrid en la guerra civil. Los protagonistas), pude recordar lo que Petra Cuevas me dijo entonces: que el día 28 de marzo de 1939, con la entrada en Madrid del ejército franquista, tiró la llave del local de su sindicato a una alcantarilla, porque no estaba dispuesta a entregarla a los vencedores, y se puso a llorar. Ahora tampoco es tiempo de entregar esa llave a nadie que pretenda asaltar los derechos sociales y laborales por los que Petra es digna de memoria. No hay mejor homenaje a su persona que este.
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poblabrel updated a blog entry ¿Qué autoriza la del...Félix Población
La Delegación del Gobierno en Madrid ha autorizado la manifestación convocada por una serie de grupos ultraderechistas para el próximo 25 de mayo, fecha de la celebración en la capital de España del partido de fútbol entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao, correspondiente a la final de la copa del rey. Ese día se concentrarán en las calles madrileñas miles de aficionados, que como es habitual en este tipo de masivos y populares eventos desplegarán libremente los colores propios de sus respectivos clubes deportivos y las banderas de Euskadi y Cataluña, no muy lejos de donde tendrá lugar la marcha permitida por Cristina Cifuentes.A doña Cristina, que se crió políticamente en una España democrática, debe constarle que esas enseñas, la ikurriña y la senyera, no gozan del más mínimo respeto por parte de quienes idolatran la bandera rojigualda y suelen estamparla con el águila imperial de los tiempos de su extinto caudillo, pues en ese periodo histórico tienen arraigada la impronta de su españolía.Si se repara en que la convocatoria de los grupos ultraderechistas se hace bajo el eslogan Marcha por la unidad de España: contra el separatismo, una sola bandera, estaremos de acuerdo en que una sola bandera solo fue posible bajo la dictadura, y que, por lo tanto, no sería de extrañar que los reunidos puedan hacer ondear unas cuantas enseñas del viejo régimen como provocación ostensible.Eso, que cualquier ciudadano con una mínima perspectiva histórica prevería, no lo ha tenido en cuenta al parecer la señora Cifuentes, para quien la doble cita en Madrid -en una misma jornada y con muy poca distancia de por medio- de vascos, catalanes y ultramontanos españolistas no comporta riesgo alguno de conflicto.Si el conflicto se diera, fuera cual fuera su incidencia, lo que habría conseguido esa autorización sería incrementar el nacionalismo periférico, algo que no debería caber en la cabeza de una delegada del Gobierno central. Bien es cierto que hay políticos del Partido Popular que buscan su inspiración en la caverna mediática, la misma desde la que se propician, favorecen o estimulan fechas y convocatorias de manifestación como la que nos ocupa.
PD.-Días después de haber escrito lo anterior, me entero de que la Delegación del Gobierno en Madrid ha decidido posponer la manifestación ultraderechista para el lunes, día 28, a fin de que no coincida con el evento deportivo del viernes, día 25. Es de celebrar la decisión, por contradictoria que resulte con la que originó este artículo. -
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La Delegación del Gobierno en Madrid ha autorizado la manifestación convocada por una serie de grupos ultraderechistas para el próximo 25 de mayo, fecha de la celebración en la capital de España del partido de fútbol entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao, correspondiente a la final de la copa del rey. Ese día se concentrarán en las calles madrileñas miles de aficionados, que como es habitual en este tipo de masivos y populares eventos desplegarán libremente los colores propios de sus respectivos clubes deportivos y las banderas de Euskadi y Cataluña, no muy lejos de donde tendrá lugar la marcha permitida por Cristina Cifuentes.A doña Cristina, que se crió políticamente en una España democrática, debe constarle que esas enseñas, la ikurriña y la senyera, no gozan del más mínimo respeto por parte de quienes idolatran la bandera rojigualda y suelen estamparla con el águila imperial de los tiempos de su extinto caudillo, pues en ese periodo histórico tienen arraigada la impronta de su españolía.Si se repara en que la convocatoria de los grupos ultraderechistas se hace bajo el eslogan Marcha por la unidad de España: contra el separatismo, una sola bandera, estaremos de acuerdo en que una sola bandera solo fue posible bajo la dictadura, y que, por lo tanto, no sería de extrañar que los reunidos puedan hacer ondear unas cuantas enseñas del viejo régimen como provocación ostensible.Eso, que cualquier ciudadano con una mínima perspectiva histórica prevería, no lo ha tenido en cuenta al parecer la señora Cifuentes, para quien la doble cita en Madrid -en una misma jornada y con muy poca distancia de por medio- de vascos, catalanes y ultramontanos españolistas no comporta riesgo alguno de conflicto.Si el conflicto se diera, fuera cual fuera su incidencia, lo que habría conseguido esa autorización sería incrementar el nacionalismo periférico, algo que no debería caber en la cabeza de una delegada del Gobierno central. Bien es cierto que hay políticos del Partido Popular que buscan su inspiración en la caverna mediática, la misma desde la que se propician, favorecen o estimulan fechas y convocatorias de manifestación como la que nos ocupa. -
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La Delegación del Gobierno en Madrid ha autorizado la manifestación convocada por una serie de grupos ultraderechistas para el próximo 25 de mayo, fecha de la celebración en la capital de España del partido de fútbol entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao, correspondiente a la final de la copa del rey. Ese día se concentrarán en las calles madrileñas miles de aficionados, que como es habitual en este tipo de masivos y populares eventos desplegarán libremente los colores propios de sus respectivos clubes deportivos y las banderas de Euskadi y Cataluña, no muy lejos de donde tendrá lugar la marcha permitida por Cristina Cifuentes.A doña Cristina, que se crió políticamente en una España democrática, debe constarle que esas enseñas, la ikurriña y la senyera, no gozan del más mínimo respeto por parte de quienes idolatran la bandera rojigualda y suelen estamparla con el águila imperial de los tiempos de su extinto caudillo, pues en ese periodo histórico tienen arraigada la impronta de su españolía.Si se repara en que la convocatoria de los grupos ultraderechistas se hace bajo el eslogan Marcha por la unidad de España: contra el separatismo, una sola bandera, estaremos de acuerdo en que una sola bandera solo fue posible bajo la dictadura, y que, por lo tanto, no sería de extrañar que los reunidos puedan hacer ondear unas cuantas enseñas del viejo régimen como provocación ostensible.Eso, que cualquier ciudadano con una mínima perspectiva histórica prevería, no lo ha tenido en cuenta al parecer la señora Cifuentes, para quien la doble cita en Madrid -en una misma jornada y con muy poca distancia de por medio- de vascos, catalanes y ultramontanos españolistas no comporta riesgo alguno de conflicto.Si el conflicto se diera, fuera cual fuera su incidencia, lo que habría conseguido esa autorización sería incrementar el nacionalismo periférico, algo que no debería caber en la cabeza de una delegada del Gobierno central. Bien es cierto que hay políticos del Partido Popular que buscan su inspiración en la caverna mediática, la misma desde la que se propician, favorecen o estimulan fechas y convocatorias de manifestación como la que nos ocupa. -
poblabrel updated a blog entry ¿Y si en vez del ele...Félix Población*
Como no suelo leer El Mundo ni en Internet, me entero de la noticia que publicó ese periódico hace una semana a través de la página Eco Republicano. Versa sobre algunos pormenores de la actividad cinegética desarrollada por Juan Carlos I en Botsuana y que como todo el mundo sabe -aunque no lo sabría de no producirse el accidente, ríanse ustedes de la sociedad de la información- acabó con una operación de la cadera derecha del monarca en un hospital privado madrileño.El párrafo que más me ha interesado de la información, acerca del elefante de cincuenta años de edad abatido por el monarca, es el que dice: “Un cazador profesional puede abatir un elefante de este tipo con un único disparo en las dos zonas vitales del animal: entre el ojo y la oreja o en la tercera raya que se le forma entre la cabeza y la trompa. El rey de España, sin embargo, necesitó hasta siete disparos para acabar con el animal en tandas dobles: disparo, disparo, recarga del rifle, disparo, disparo, recarga del rifle, disparo, disparo, recarga y un último disparo que terminó por abatir al elefante”.También tiene su enjundia otro párrafo en el que se especifican los riesgos que puede comportar la carencia de puntería por parte de Juan Carlos de Borbón y Borbón, dada su edad y últimos achaques: “El mayor peligro de este tipo de cacerías es que tras el primer disparo el elefante corra en dirección de los cazadores y los embista. Por eso, el rey Juan Carlos estaba acompañado por Terry Palmer, un cazador profesional que es capaz de acabar con el animal de un disparo en caso de producirse un ataque”.Ya que todo puede ocurrir en un safari de estas características, sobre todo cuando el cazador no destaca por su agilidad y reflejos, cabe preguntarse si un Gobierno no debería evitar que su Jefe de Estado corriera este tipo de riesgos, dejando aparte que también debería haberle desaconsejado la costosa expedición -vistas las adversas circunstancias socioeconómicas del país- por la impopularidad que ha supuesto para el rey y la institución que representa haber sabido de la misma solo después de que se produjera el accidente, con o sin disculpas por parte del monarca.Me temo que habría resultado esperpéntico para este país, como en los tiempos de su tatarabuela, que el rey de España hubiese perdido la vida en su tiempo de diversión, embestido por un elefante en Botsuana, mientras la mayoría de sus conciudadanos las estaba pasando canutas. ¿Se imaginan el notable incremento de desprestigio que eso supondría para la cada vez más desprestigiada Corona, con el consiguiente efecto en el cada día más impopular Gobierno del Partido Popular?
*Director de Diario del Aire -
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Como no suelo leer El Mundo ni en Internet, me entero de la noticia que publicó ese periódico hace una semana a través de la página Eco Republicano. Versa sobre algunos pormenores de la actividad cinegética desarrollada por Juan Carlos I en Botsuana y que como todo el mundo sabe -aunque no lo sabría de no producirse el accidente, ríanse ustedes de la sociedad de la información- acabó con una operación de la cadera derecha del monarca en un hospital privado madrileño.El párrafo que más me ha interesado de la información, acerca del elefante de cincuenta años de edad abatido por el monarca, es el que dice: “Un cazador profesional puede abatir un elefante de este tipo con un único disparo en las dos zonas vitales del animal: entre el ojo y la oreja o en la tercera raya que se le forma entre la cabeza y la trompa. El rey de España, sin embargo, necesitó hasta siete disparos para acabar con el animal en tandas dobles: disparo, disparo, recarga del rifle, disparo, disparo, recarga del rifle, disparo, disparo, recarga y un último disparo que terminó por abatir al elefante”.También tiene su enjundia otro párrafo en el que se especifican los riesgos que puede comportar la carencia de puntería por parte de Juan Carlos de Borbón y Borbón, dada su edad y últimos achaques: “El mayor peligro de este tipo de cacerías es que tras el primer disparo el elefante corra en dirección de los cazadores y los embista. Por eso, el rey Juan Carlos estaba acompañado por Terry Palmer, un cazador profesional que es capaz de acabar con el animal de un disparo en caso de producirse un ataque”.Ya que todo puede ocurrir en un safari de estas características, sobre todo cuando el cazador no destaca por su agilidad y reflejos, cabe preguntarse si un Gobierno no debería evitar que su Jefe de Estado corriera este tipo de riesgos, dejando aparte que también debería haberle desaconsejado la costosa expedición -vistas las adversas circunstancias socioeconómicas del país- por la impopularidad que ha supuesto para el rey y la institución que representa haber sabido de la misma solo después de que se produjera el accidente, con o sin disculpas por parte del monarca.Me temo que habría resultado esperpéntico para este país, como en los tiempos de su tatarabuela, que el rey de España hubiese perdido la vida en su tiempo de diversión, embestido por un elefante en Botsuana, mientras la mayoría de sus conciudadanos las estaba pasando canutas. ¿Se imaginan el notable incremento de desprestigio que eso supondría para la cada vez más desprestigiada Corona, con el consiguiente efecto en el cada día más impopular Gobierno del Partido Popular?
*Director de Diario del Aire -
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Como no suelo leer El Mundo ni en Internet, me entero de la noticia que publicó ese periódico hace una semana a través de la página Eco Republicano. Versa sobre algunos pormenores de la actividad cinegética desarrollada por Juan Carlos I en Botsuana y que como todo el mundo sabe -aunque no lo sabría de no producirse el accidente, ríanse ustedes de la sociedad de la información- acabó con una operación de la cadera derecha del monarca en un hospital privado madrileño.El párrafo que más me ha interesado de la información, acerca del elefante de cincuenta años de edad abatido por el monarca, es el que dice: “Un cazador profesional puede abatir un elefante de este tipo con un único disparo en las dos zonas vitales del animal: entre el ojo y la oreja o en la tercera raya que se le forma entre la cabeza y la trompa. El rey de España, sin embargo, necesitó hasta siete disparos para acabar con el animal en tandas dobles: disparo, disparo, recarga del rifle, disparo, disparo, recarga del rifle, disparo, disparo, recarga y un último disparo que terminó por abatir al elefante”.También tiene su enjundia otro párrafo en el que se especifican los riesgos que puede comportar la carencia de puntería por parte de Juan Carlos de Borbón y Borbón, dada su edad y últimos achaques: “El mayor peligro de este tipo de cacerías es que tras el primer disparo el elefante corra en dirección de los cazadores y los embista. Por eso, el rey Juan Carlos estaba acompañado por Terry Palmer, un cazador profesional que es capaz de acabar con el animal de un disparo en caso de producirse un ataque”.Ya que todo puede ocurrir en un safari de estas características, sobre todo cuando el cazador no destaca por su agilidad y reflejos, cabe preguntarse si un Gobierno no debería evitar que su Jefe de Estado corriera este tipo de riesgos, dejando aparte que también debería haberle desaconsejado la costosa expedición -vistas las adversas circunstancias socioeconómicas del país- por la impopularidad que ha supuesto para el rey y la institución que representa haber sabido de la misma solo después de que se produjera el accidente, con o sin disculpas por parte del monarca.Me temo que habría resultado esperpéntico para este país, como en los tiempos de su tatarabuela, que el rey de España hubiese perdido la vida en su tiempo de diversión, embestido por un elefante en Botsuana, mientras la mayoría de sus conciudadanos las estaba pasando canutas. ¿Se imaginan el notable incremento de desprestigio que eso supondría para la cada vez más desprestigiada Corona, con el consiguiente efecto en el cada día más impopular Gobierno del Partido Popular?
*Director de Diario del Aire