IN MEMORIAM
Nuestro amigo y colega Ramón N’NAR
NSIE (1960-2004) perteneció a la muy escasa generación de ciudadanos guineanos
que no ha dudado en sacrificarse por el interés común, con una honestidad y rigidez
y un comportamiento ejemplar, muy escasa en la clase política y periodística de
nuestro país.
Hombre de pocas palabras y de
fuertes convicciones, su honestidad y humildad, que brotaron a borbotones,
fueron la expresión de un hombre, de un periodista, militante de la libertad de
prensa, de expresión, muy valorada por todos.
N’NAR, representó la entrega de toda una vida a luchar y a defender la causa de
la democratización de Guinea Ecuatorial y a lograr que la sociedad guineoecuatoriana
se animara, cada día, en su lucha contra la segunda tiranía ‘nguemista’ de Teodoro Obiang, en el
poder desde 1979.
Dejó huérfanos no sólo a sus hijos
y a su familia, sino también a todos los que estamos comprometidos en la lucha por la libertad, la justicia y la
democracia en Guinea Ecuatorial.
Sin lugar a equívocos, N’nar ha
pasado a la historia sociopolítica y periodística convirtiéndose en un
referente imprescindible para quienes en adelante hablen de libertad de prensa
y de expresión en Guinea Ecuatorial, la solidaridad, la justicia social y de
los valores que son para siempre el ideal de una sociedad democrática, libre,
dinámica y pluralista.
N’nar era un hombre coherente que
hacía lo que decía y decía lo que hacía. Su memoria permanecerá siempre de
entre nosotros, como bien coincide la fecha en que la vida le abandonó, el 12
de octubre, Día de la Hispanidad y Día de la Independencia de Guinea
Ecuatorial. Descanse en paz. Tu colega y amigo, PEDRO NOLASCO.
Memoria y justicia. Los guineanos lloran en silencio a
las víctimas dictatoriales
El precio que pagan las personas por recuperar la honra
y la libertad suele ser en demasía altísimo para algunos pueblos, cuando éstos
están siendo socavados por ese mal. Por desgracia nuestro país, Guinea Ecuatorial,
es hoy escenario natural de una realidad perversa y surrealista, sus pueblos
sufren en estos momentos el drama de una de las dictaduras más inhumanas de
nuestros tiempos; sus habitantes lloran en silencio a sus hermanos muertos como
consecuencia de esa lacra que asola el país desde que accedió a la
independencia.
El actual régimen, como causante del drama que sufre Guinea, no muestra
síntomas de constricción que pueda suponer la asunción de responsabilidades
políticas y de derecho por los daños causados al pueblo guineano. Se aleja cada
día de la razón reconciliadora para mantenerse cobarde y hermético en su
actitud violento, arrogante y prepotente profanando cada vez más el prestigio
internacional del país y sus legítimas aspiraciones a la paz, la libertad y de
democracia
RAMÓN N’NAR NSIE
Con esta evidencia, no sería una
equivocación si me atreviera a vaticinar en esta reflexión que, el sistema
dictatorial guineano está entrando ya en una fase de declive irremediable. Mis
presagios no son en vano; todos los guineoecuatorianos de buena voluntad,
incluido aquellos que se manifiestan recalcitrantes defensores del sanguinario
régimen, anhelamos con locura que se acaben los tiempos apocalípticos para
nuestro país. Pues, los últimos acontecimientos que suceden, así como las
informaciones que se derivan de los mismos, confirman que el inoportuno ingenio
que hasta ahora dirige a sangre y fuego el pueblo de Guinea Ecuatorial,
afortunadamente está ya tocando a su fin.
Las incesantes reyertas familiares
del subclan de los nguema, provocadas por los caprichosos comportamientos y las
excentricidades del hijo y la camarilla del presidente, así como los discursos
del propio Obiang invitando a la población a ser vigilantes frente a las
supuestas amenazas de golpe de estado, abren una oscura brecha en la malograda
personalidad del sistema como jamás la ha habido, y deja claro una vez mas que
ante depravaciones de estas magnitudes nunca se debe transigir.
El panorama es descaradamente
triste y ambivalente. Por un lado, mientras, de cara a la galería, el gobierno
se afana en proyectar apariencia de una sociedad en paz y en armonía con sus
conciudadanos y con el mundo internacional; en la trastienda, sin embargo, la
situación es patéticamente nauseabunda e insostenible. En ocasiones se llega a
la ocurrencia de pensar que Guinea Ecuatorial es un barco que navega a la
desesperación, por la adversidad que suponen los modos y comportamientos que
adopta la tripulación de turno, sus dirigentes actuales, que no se dan cuenta de
que los vientos que soplan en su contra auguran fatal destino y aconsejan la
necesidad urgente de corregir el rumbo de este barco.
Mientras aguardamos el inminente
desenlace con la consiguiente caída de la dictadura en Guinea Ecuatorial, un
día en vida de los guineoecuatorianos es una eternidad. Vemos cómo languidecen
sus esperanzas ante la incertidumbre política que reina en el país. Sin duda
alguna, la preocupación es aún mayor por ver que el régimen se resiste en
aplicar una permuta honesta en sus prácticas represivas y en su noción de
Estado. Y esa tozudez en su escala de valores, hace que el sufrimiento de los
pueblos de Guinea Ecuatorial tenga hoy apariencia endémica.
Desde una perspectiva personal, la búsqueda de la solución al problema de la
dictadura en Guinea Ecuatorial ha de enfocarse fundamentalmente desde estas
tres dimensiones:
PRIMERA. El recuerdo a nuestros
compatriotas que encontraron la muerte durante la barbarie dictatorial que hoy
sufrimos, deberá plantearse como tema guía en todos nuestros sermones. Es
decir, hacer memoria y justicia sería el mayor homenaje que estamos obligados a
dedicar a favor de todos los fallecidos durante la dictadura en Guinea
Ecuatorial.
SEGUNDA. Se trataría sobre la razón
y los objetivos que envuelven el cambio político que reclaman los pueblos de
Guinea Ecuatorial. Ese cambio nos plantea el mayor reto de nuestra historia y
un desafío para acabar con la oligarquía que tiene sometido a nuestros pueblos
para que nunca jamás vuelva arrepentirse, y orientar nuestras preocupaciones en
el rescate de la liberad, la democracia y el fomento de un nuevo Estado
guineano de derecho.
TERCERA y última dimensión, se
refiere a la reforma y la reorganización de la sociedad guineoecuatoriana.
Cuando la inmoralidad de los gobiernos nguemistas irrumpió de forma brutal en
nuestras vidas en 1969, arruinando nuestra existencia e implantando la
dictadura como sistema político, aquello ha conllevado la perdición de valores
cívicos y morales de una sociedad guineana emergente, así como el
derrumbamiento de todas las estructuras del nuevo Estado. Será pues,
responsabilidad moral y política de todos los demócratas guineanos, de hombres
de bien cargados de honestidad, de las fuerzas políticas y de la sociedad civil
dedicar esfuerzos para el saneamiento social, político, económico y cultural
del país.
Pero desde esta reflexión, quisiera
acordar importancia a la primera dimensión, para llamar la atención de todo
guineoecuatoriano de bien sobre la seriedad y la profundidad con que debemos
abordar el tema de los fallecidos durante la dictadura. Todos ellos son:
Padres, madres; hijas, hijos; hermanas, hermanos; tías, tíos; abuelas, abuelos;
vecinas, vecinos; amigas, amigos; compañeras y compañeros. Nuestros seres más
queridos que ya no se encuentran entre nosotros y los familiares desconsolados.
Todos ellos, sin distinción, merecen recibir por nuestra parte un trato
preferente, acordándoles el Estatus de HÉROES DE LOS PUEBLOS DE GUINEA
ECUATORIAL. Unos, por haber sido asesinados de forma vil y otros, por haber
degustado las hieles de la represión dictatorial de forma directa (¿ se
quedarán exentos de recibir este trato, aquellos que no creen que la dictadura
de hoy es tan sanguinaria como la de los primeros once años de la Guinea
independiente? Para éstos, siempre quedará una puerta para que puedan
arrepentirse).
Comprendo perfectamente que éste es
un tema que ocupará el primer punto en la futura agenda de diálogo para la
consecución de una Guinea renovada y democrática.
Pero por insinuarlo aquí, quiero
expresar un caluroso homenaje personal a los fallecidos y a todas las víctimas
de la dictadura. Que sepan que en mi interior les tengo acordado un lugar
especial y un monumento memorial con los nombres y apellidos de todos ellos,
para que sus almas encuentren la tranquilidad que no tuvieron en vida.
La crueldad salvaje de las
dictaduras ha ladeado y sepultado bajo tierra ilusiones de vivir en libertad y
en democracia de muchos pueblos de éste planeta. Son vestigios que nos quedan
de las conductas más ásperas que ha conocido la humanidad.
El precio que pagan las personas por recuperar la honra y la libertad suele ser
en demasía altísimo para algunos pueblos, cuando éstos están siendo socavados
por ese mal. Por desgracia nuestro país, Guinea Ecuatorial, es hoy escenario
natural de una realidad perversa y surrealista, sus pueblos sufren en estos
momentos el drama de una de las dictaduras más inhumanas de nuestros tiempos;
sus habitantes lloran en silencio a sus hermanos muertos como consecuencia de esa
lacra que asola el país desde que accedió a la independencia. Por eso, creo que
lo que estoy planteando no es una cuestión que se deba desviar para simples
conjeturas. Se trata de preguntarnos sobre qué valor tiene la vida de las
personas en sociedades donde la ignorancia y la obstinación por eclipsar la luz
de la razón, se conviertan en una práctica habitual en aquellos cuya
responsabilidad es administrar el orden y la justicia social igual para todos.
Los habitantes de este país jamás
han disfrutado la libertad, están en permanente duelo incluso muy antes de que
Guinea fuese configurada como una realidad geopolítica con identidad propia
dentro del concierto de naciones. Cabe preguntar: ¿La dictadura de los nguema
surgió al azar?, ¿Existe pues una clara conexión entre la dictadura colonial y
la dictadura guineana?, o lo que es lo mismo, ¿la situación de dictadura que
arrastra Guinea Ecuatorial desde 1969 es parte de la herencia de la dictadura
colonial? Creo que serviría poco cuestionar aquí una respuesta afirmativa. Bien
es cierto que las dos situaciones políticas, la dictadura actual y la colonial,
transcurren en momento y en circunstancias distintas. La etapa de la opresión
colonial fue también otra de las facetas más dramáticas y oscuras de nuestra historia
nacional. ¿Quién sabe cuántas personas perecieron en la Guinea Española durante
la dictadura de Franco? Jamás lo sabremos.
Cuando en los albores de la
independencia, el 20 de julio de 1968, el dictador Franco, dirigiéndose a los
habitantes del nuevo país, se precipitaba a decir: “Vosotros sabéis que España
no ha sido nunca colonialista, sino civilizadora y creadora de pueblos, que es
cosa bien distinta”. Era una forma de esconder la verdad sobre parte de su
actuación durante la nefasta colonización de los territorios de Guinea
Española, para que nunca se sepa lo que ocurrió. ¿España civilizadora y
creadora de pueblos?
Los ejemplos de ese ingenio creador
los tenemos en la Cuba de Fidel Castro, en Venezuela de Hugo Chávez o en la
Guinea Ecuatorial de Teodoro Obiang...
Este discurso de Francio anunciaba lo que iba a ocurrir y ocurrió en relación
con Guinea Ecuatorial. Pronto todos los temas relacionados con la ex colonia y
toda información sobre el nuevo país, serían declarados MATERIA RESERVADA...
España y los sucesivos gobiernos que han precedido al franquismo han tratado de
inhibirse de sus responsabilidades histórico-políticas y han trabajado siempre
en la línea de ocultar incongruencias cometidos en la Guinea Española,
manteniendo al mismo tiempo una relación de complicidad traicionera con los
regímenes sanguinarios de los nguema y sus colaboradores, abandonando a su
suerte al pueblo guineoecuatoriano. Hoy esa actitud por desgracia no ha
cambiado, sino que cuando menos se ha manifestado de forma desvergonzado con el
gobierno de J. Aznar. El petróleo se halla en la base de esa actitud
deshumanizadora. Acallar pues estos elementos de juicio, sería un escarnio para
nuestra conciencia colectiva como pueblo.
Los líderes de los movimientos
independentistas, muchos de sus colaboradores, así como la población indígena,
fueron objeto de persecuciones, de asesinatos, de encarcelamientos
indiscriminados y todo tipo de malos tratos por parte de los colonos españoles.
Hasta la fecha de hoy España no se ha molestado ni se ha dignado a reparar esos
daños. No se puede ignorar hechos históricos como éstos, cuando tratamos de
escarbar datos, donde quiera que hayan sido ocurridos, en qué momento o en qué
circunstancias para hacer memoria y justicia a favor del sufrido pueblo de
Guinea Ecuatorial. Se trata de desvelar los orígenes y la razón de nuestro
padecimiento.
Si a estas alturas de nuestra
convulsa historia, estamos convencidos de que, Acacio Mañé Elá, Enrique Nvó, y
otros muchos anónimos, son NUESTROS HÉROES NACIONALES, porque fueron asesinados
por las autoridades españolas durante la dictadura colonial, por haber alzado
sus voces en reclamo de la libertad y la independencia para los pueblos de
Guinea Ecuatorial; ¿por qué entonces no vamos a consentir la misma consideración
de héroes a nuestros hermanos que están siendo o han sido asesinados por la
dictadura de los nguema y su círculo de colaboradores de ayer y de hoy con
nombres y apellidos?
La memoria colectiva guineana y la
de la comunidad internacional en sus múltiples informes guardan datos
incuestionables sobre cómo y en qué circunstancias fueron asesinados muchos
hermanos nuestros. Basta con asomarse a los informes y denuncias de Amnistía
Internacional, de las asociaciones de derechos humanos de Suiza y de Bélgica;
los expedientes de Anti Slavery Society de Londres sobre trabajos forzosos y el
informe del señor Robert Klinteberg y cómo no, los libros de nuestro
compatriota Donato Ndongo, entre los que se destaca, Historia y tragedia de
Guinea Ecuatorial.
Desde el fondo del océano Atlántico
que baña nuestras costas, pasando por los terrenos de Ngolo Ayop, sin olvidar
el espeluznante penal de Blanck Beach y otros centros de reclusión bestial, se
puede extraer escalofriantes testimonios que resumen el drama. Esos lugares, en
mi opinión deberán ser desvelados y destruidos, y en su sitio erigir estelas en
recuerdo de todos nuestros compatriotas que encontraron la muerte aquí. Sus
sudores de sufrimiento, su sangre, y sus cenizas simbolizan la lucha del pueblo
guineoecuatoriano por la libertad y la democracia que todavía no hemos
alcanzado.
Esos mismos testimonios nos
recuerdan por ejemplo que, Julián Esono Abaha, ex-embajador en Francia; Pedro
Motú Mamiaga, el militar que atrapó a Macias; Martín Puye Topete, miembro del
MAIB que fue; Justo Momo Bocara, ex-ministro de justicia del primer y único
Gobierno democrático de Guinea Independiente; Jesús Buendy Ndung, ex-gobernador
del banco de Guinea; Bonofacio Ondó Edú, primer Presidente del Gobierno
autónomo; Edmundo Bosio Dioko, vice-presidente del único Gobierno democrático
de Guinea, entre otros cientos de fallecidos en cárceles de todo el país,
fueron igualmente asesinados injustamente por la dictadura de los nguema,
debido a que algunos osaron en opinar en contra del estado de cosas que veían a
su alrededor y exigieron libertad y democracia para los pueblos de Guinea
Ecuatorial; otros acusados injustamente fueron eliminados a machetazos,
ahorcados o ajusticiados tras pasar frente a un pelotón de fusilamiento. Otros
en cambio fueron golpeados por la milicia en marcha con Macias o por los
‘ninjas’ del generalísimo Obiang, hasta morir.
Desgraciadamente, esos macabros
hechos siguen produciéndose en estos momentos con una absoluta impunidad,
porque los tiranos de nuestro país no se encuentran todavía en edad senil para
que pueda desaparecer en ellos el porte brutal que les caracteriza y porque
gozan también del apoyo de los gobiernos como el de España. Por eso el número
de los que mueren y padecen bajo el signo de la opresión dictatorial sigue
aumentando y hoy, aunque podemos atrevernos a pronosticar el fin de estos
vientos de la muerte que siguen soplando en el país, lo triste es que la
sociedad guineoecuatoriana ya es una sociedad de por sí mutilada por un entorno
sociopolítico hostil, por las míseras condiciones que tienen que soportar sus
gentes y también una acuciante falta de sensibilidad humana de sus dirigentes
de turno.
Estoy convencido de que la lucha
contra la dictadura, contra los que matan impunemente, solo puede resultar
efectiva si levantamos un movimiento solidario a favor y en memoria de todos
los fallecidos por la causa de la libertad y la democracia. Será una forma de
poner en evidencia a los autores y una manera de recordarles que la impunidad
de la que hoy disfrutan encontrará respuesta en la firmeza y en la contundencia
de la justicia. Precisamente ese movimiento solidario que surja como
consecuencia del recuerdo a nuestros hermanos, nos hará fuertes. Nos hará
capaces de vencer la bestia dictatorial. Silenciaremos para siempre su rugido
salvaje y la ferocidad caníbal que lleva dentro.
Nos deberá animar un hecho: todas las víctimas y todos los que han encontrado
la muerte durante la dictadura de los nguema y la pléyade de sus colaboradores,
esperan de nosotros algo más que la simple condena de la dictadura. Esperan que
hagamos memoria y justicia, para que sus almas puedan descansar en paz y
establezcan con el pueblo guineano el deseado sincretismo espiritual en un
momento en que debemos confiar en nosotros mismos para acabar con los
dictadores de nuestro país.
La situación actual de Guinea
Ecuatorial ha provocado hastío hasta la saciedad en los ciudadanos. La
represión política que el régimen ejerce sobre la población convierte a nuestro
país en un lugar de supervivencia. El actual régimen, como causante del drama
que sufre Guinea, no muestra síntomas de constricción que pueda suponer la
asunción de responsabilidades políticas y de derecho por los daños causados al
pueblo guineano. Se aleja cada día de la razón reconciliadora para mantenerse
cobarde y hermético en su actitud violento, arrogante y prepotente profanando
cada vez más el prestigio internacional del país y sus legítimas aspiraciones a
la paz, la libertad y de democracia.
Toda Guinea es una cárcel natural;
aquí se escenifica el trato más repugnante al ser humano, es el santuario de
miseria y de muerte. La autoridad tribal que la gobierna no escatima impulsos
represivos para aniquilar todo indicio lógico de protesta de los que vemos en
su actuación un peligro para la construcción de la democracia y el futuro
bienestar de los pueblos de Guinea Ecuatorial.
A día de hoy no existen
estadísticas oficiales, ni falta hace para ellos, que nos revelen con exactitud
el número de guineoecuatorianos muertos en los últimos 30 años de nuestros
verdugos, lo único que sabemos para nuestro infortunio, es que durante la
década 69-78 uno de cada quinientos ciudadanos guineoecuatoriano había sido
ejecutado. Y sabemos también que de 1979 a 2003, es decir, 25 años después, ha
habido otros tantos asesinatos que todo el mundo recuerda y están ya recogidos
en la siniestra cronología de la historia de este país.
Por todas estas razones, el
recuerdo a todas las víctimas de la dictadura, viene a ser un derecho y una
responsabilidad que debemos atribuirnos, para que los esfuerzos del régimen por
desmemoriar a todos los fallecidos y sus víctimas tienen que ser combatidos
desde una acción política solidaria, racional y objetiva de todas las fuerzas
democráticas de nuestro país.
Guinea Ecuatorial necesita hoy unos
dirigentes responsables y convencidos demócratas, que respeten la dignidad de
su pueblo y procuren su prosperidad y bienestar.
Éste es un país pequeño en términos demográficos y también por su extensión
geográfica. Sus riquezas son abundantes, suficientes como para garantizar un
desarrollo integral de todos sus pueblos y regiones. Pero el padecimiento de
sus habitantes es tanto inconmensurable como incomprensible, simplemente no hay
razón ni derecho para que se dé una situación tan incoherente y antinatural
como esa. Los pueblos de Guinea Ecuatorial no pueden seguir sobrellevando un
doloroso existir viviendo ajeno a la suerte que han tenido aquellos
conciudadanos que por desgracia ya no viven entre nosotros.
Por eso, los que creemos en otra
Guinea diferente a la actual, los que soñamos vivir en una Guinea Ecuatorial
democrática, sólida, próspera y respetuosa con sus ciudadanos, debemos asumir
sin complejos nuestras responsabilidades teniendo siempre presente el profundo
recuerdo a todos los fallecidos. Ninguno de ellos ha de quedar en el anonimato,
pues nuestra conciencia no hallaría la tranquilidad y la paz que añoramos en
estos momentos.
Los días que sucederán al fin de la
dictadura han de ser decisivos siempre y cuando guardemos la sensatez y el
coraje de alejar desavenencias por un instante, para ganar en tolerancia y
empezar a esculpir entre todos un nuevo escenario de convivencia para nuestro
país. Creo sinceramente que desde la comprensión y las generosidades
compartidas seremos capaces de complacernos en la incesante búsqueda de dar
respuesta a cada una de nuestras dudas e inquietudes sobre el futuro de nuestra
Guinea natal.
Pues hace tiempo que divagamos en
discursos poco profundos. Hablemos pues de cosas que le interesan a los
ciudadanos, hablemos del por qué somos como somos, personas con falto de
prestigio y de consideración en el mundo, a pesar de que tenemos un país que es
uno de los rincones del planeta más hermosos e inmensamente rico. Hablemos
también del por qué tenemos que ser hipócritas ante nuestra propia realidad y
no ser capaces de situarnos codo con codo frente la amenaza de un sistema sin
tino ni sensibilidad moral, humana y política.
Ramón N’nar Nsie.
N’NAR NSIE, falleció en Madrid sobre
las 20.h00 del día 12 de octubre de 2004, después de que sobre las 18.h00
sufriese una crisis asmática que más tarde le provocaría una congelación
pulmonar y una parálisis cardiovascular, de la que no pudo recuperar pese a los
esfuerzos de los servicios sanitarios. Su memoria siempre prevalecerá entre
nosotros.
La Asociación para la Libertad de
Prensa y de Expresión en Guinea Ecuatorial, ASOLPEGE_Libre, de la que fue
cofundador y Secretario General, le rinde un cálido homenaje en el séptimo
aniversario de su muerte. Que descanse en paz.

escrito por Dante Chalco Vargas, octubre 11, 2011


