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© Manuel López. “Facultad de Ciencias Políticas. Universidad Complutense, Madrid, 1976”. De las exposiciones itinerantes “Manuel López. Imágenes 1966-2006” y “Manuel López. Imágenes de la Transición (1975-1982)”.
Cayó en miércoles el 15 de diciembre de 1976 en que, cuarenta años después de las últimas elecciones en libertad en febrero de 1936, los españoles son llamados a las urnas. España da así el primer paso hacia la democracia al someter a referéndum la Ley para la Reforma Política aprobada el 16 de noviembre en la sesión del harakiri de las Cortes franquistas. Un mes antes, el 16 de octubre, el Consejo Nacional del Movimiento, especie de ”Senado” franquista, aprobaba su propia disolución. La apertura política es un hecho consumado con esta Ley, la última de las Leyes Fundamentales del Reino del franquismo.
La participación electoral fue del 77,4%. El “Sí” arrasó con el 94,2% de los votos. Calcularon mal los partidos de izquierda al pedir la abstención con el argumento de que “un referéndum sin libertad es un referéndum sin democracia”, mientras el búnker instaba al voto negativo porque “Franco votaría No”. Con los resultados del 15-D la suerte estaba echada: seis meses después se pasa del 15-D al 15-J con las primeras elecciones de la Democracia del 15 de junio de 1977.
En la campaña del Referéndum el Gobierno despliega toda la maquinaria propagandística que tiene a su alcance para pedir el “Sí”. Sin acceso a los canales de comunicación tradicionales, los partidarios de la abstención echan mano de los medios alternativos, fundamentalmente las pintadas en paredes y muros a o largo y ancho del país. La suerte que esta vez corren las pintadas es la prueba inapelable de que la apertura del ejecutivo de Adolfo Suárez va en serio: no son objeto de las habituales tachaduras policiales. La censura deja paso a la confrontación política en forma de contrapintadas. Así, donde una pintada pide “Abstención”, alguien añade “…es cobardía”. “No votes” pasa a ser “No votes no”.
(La incipiente cultura de las contrapintadas llegará a su más sublime expresión en el recuerdo de este reportero de la Transición en una pintada contra Santiago Carrillo en el Barrio de Salamanca en Madrid que ponía: “Muerte al cerdo de Carrillo” y debajo de la cual alguien añadió: “Cuidado, Santiago, quieren matarte el cerdo”. Genial).
Los tiempos de la censura, ay. A las nuevas generaciones de periodistas les cuesta creer que en la crónica de un desfile de moda, por ejemplo, el redactor tuviera que extremar el cuidado de no teclear él de manera inadvertida por ejemplo una segunda te en la palabra “tela”, sino de que tampoco pudiera hacerlo el linotipista. (Entonces los textos que redactábamos pasaban por una segunda persona que los tecleaba –entonces no se decía “picar”– en la linotipia –máquina de componer textos–, o por tres personas cuando desde fuera los dictábamos por teléfono a una mecanógrafa en la Redacción).
La excepción de la falta de libertad se había convertido en obligada rutina en el arte de la supervivencia. La sombra del censor, que nos acompañaba en todo momento, nos hizo a la fuerza especialistas en escribir entre líneas y preparar cebos. Una foto “pecaminosa” en la que se viera un escote, unas piernas o un ombligo –para la que ya se tenía preparada de antemano la copia “debidamente” retocada– era el cebo perfecto. Sólo se fijaban en ella. Es más, requisaban la copia original y no la devolvían.
La censura franquista era implacable con la imagen. En televisión había que tapar con chales escotes generosos y piernas. Y no solo la gloria del escote era blanco de la censura. Los torsos “provocadores” de los boxeadores también debían ser retocados.
De la censura había escapado milagrosamente en la edición de Canfali Marina Alta de Denia del 3 de diciembre una información que compartía media página junto al bando del alcalde que anunciaba la inminente visita del Rey a Dénia. Más que de una información diríase que se trataba casi de propaganda política: era la reproducción a 130 x 190 generosos milímetros de un cartel de la Federació Socialista del País Valenciá con una foto de retrato de Pablo Iglesias. El pie de foto informaba de la reorganización y ampliación del comité de la Agrupación Local del PSOE en Denia con la inscripción “Socialisme i Llibertat”… y la indicación del Depósito Legal, “por si las moscas”: “V-2.482-76”.
Por esas fechas, un ilustre dianense compatibiliza el servicio militar con los estudios de Filosofía y Letras en Valencia. Hablo de Pascual Ángel Albi Cantó, Pángel Albi, quien mañana volverá a congregar al "todo Dénia" en la gala de entrega de los Premios de Radio Dénia 2011.
La Clínica San Carlos, ya ven, tiene la "culpa" de que el "rey de las ondas", alcoyano de origen y como tal poseedor de la milagrosa moral de todo alcoyano de bien, futbolista o periodista radiofónico –quizá más armados de moral en este último caso– no haya recalado en la emisora de cabecera de alguna de las grandes capitales del Reino, sino aquí en Radio Dénia. ¿El motivo? Su madre, Josefina Cantó, estaba gravemente enferma de una insuficiencia renal y precisaba un tratamiento de diálisis que entonces solo ofrecía la Clínica San Carlos.
Al licenciarse de la mili, Pángel dejó los estudios para venir a Dénia, donde la familia tenía casa, a cuidar a su madre. Un perfecto candidato para el equipo del programa de Alberto Oliveras “Ustedes son formidables” en la cadena SER, si no fuera porque Antonio Serrano, a la sazón director de las emisoras SER en la Comunitat –entonces País Valenciano– y Miguel Quesada, adjunto en Radio Dénia –entonces todavía sin tilde en la e– le fichan como informador deportivo para Radio Dénia, donde acabaría convirtiéndose en “la voz” de la sintonía más escuchada tras la compra de la emisora por el actual director Vicente Miralles.
De las apasionantes aventuras de su época como periodista deportivo de Pángel Albi, ocasión habrá de dar cumplida cuenta en una próxima entrega. Por hoy quede aquí obligada reseña de los orígenes de la trayectoria profesional de un ilustre colega que dejó la carrera para cuidar a su madre.
Algún día la Universidad tendrá que venir a Dénia a reconocerle sus méritos. Sé de qué hablo: Luis del Olmo e Iñaki Gabilodo, por ejemplo, son doctores honoris causa por la Universidad Rey Juan Carlos.
Que cunda el ejemplo, por favor. De mi paso por la Universidad arrastro el triste recuerdo del día en que en una reunión del claustro de profesores, solamente el firmante de este artículo, profesor asociado por méritos profesionales, era el único que sabía cómo huele la tinta a pie de máquinas o a quienes hay que recurrir para hacerse uno a la idea de cómo irán las ventas de periódicos y revistas: los vendedores de prensa.
1976. Memorias de un reportero de la Transición. Manuel López.
1976 (22): Pelillos a la mar (y cartuchos al cañón)
1976 (20): Cosmopolitas… y cosmopaletos
1976 (19): Desfile en Madrid, secuestro en Benidorm
1976 (18): ¡El señor gobernador civil en persona!
1976 (17): Y en esto llega a Dénia Paco Serradell
1976 (16): El otoño se calienta
1976 (15): Las mujeres salen a la calle
1976 (14): Verano, humo… y Curro Jiménez
1976 (13): Sí se nos podía dejar solos
1976 (12): La conquista de la libertad
1976 (11): ...y llegó el destape
1976 (10): Trabajo infantil en San-José-Obrerolandia
1976 (9): “Familia, municipio, sindicato”… y el destape
1976 (8): De “¡La calle es mía!” a “El último tango en París”
1976 (7): Playa, sol… y un millón de parados
1976 (6): Las Españas salen a la plaza pública
1976 (4): Patio, Banco, Bolsa, Español
1976 (2): La prensa y la calle, primero
1976 (1): El año en que se pudo hacer nudismo con carné



