Miercoles, 23 de Mayo de 2012

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Siri Hustvedt, un verano sin hombres y sin certezas

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Mercedes Arancibia

En realidad ¿qué sabemos de los demás? ¿Qué diablos sabemos de nada?”. Entre irónica y muy seria -¿cuándo, en qué momento, por qué motivos, una persona se convierte en otra?- son interrogantes que surjen en la última novela de Siri Hustvedt, El verano sin hombres.

Partiendo de uno de los clichés más recurrentes de la narración literaria, el de la mujer abandonada, es una reflexión feminista sobre la duda, la eterna duda existencial, lo que significa que es una reflexión sobre la vida, las edades de la vida, el amor, la pareja, la infidelidad, la separación… y sí, por si alguien lo duda todavía, hay vida después del divorcio, hay cosas qué hacer después de la traición, del alejamiento de un cuerpo querido que se sigue añorando, incluso después del primer ataque de locura transitoria causado por el estupor que siempre supone que, después de treinta años de convivencia, tu marido te pida una “pausa” (lo que en este caso, y en muchos otros, significa que tiene una aventura con una mujer más joven y quiere vivirla a tope): el verano sin hombres de Mia, la protagonista, transcurre en un pueblo de Minnesota, lejos de su Nueva York habitual y de Boris, repartido entre las veteranas amigas que comparten con su madre una original forma de residencia para ancianos, la joven madre que vive en la casa de al lado y la media docena de chicas adolescentes que asisten a un taller de escritura literaria que imparte; y también el rumor en sordina de las peripecias de su joven hija, Daisy.

El feminismo de la escritora Siri Hustvedt es elegante y construido, lúcido y plagado de humor”, escribe en el semanario Le Point Karine Papillaud.

Con los mimbres de la separación y la infidelidad fundamentalmente, pero también con los de la convivencia, las complicidades e incluso el lugar y el espacio que ocupa el sexo en las relaciones interpersonales, la delicada y seductora Siri Hustvedt ha confeccionado un relato que es también un canto a la libertad donde se mezclan recuerdos de infancia, dudas de la adolescencia, el descubrimiento del propio cuerpo, la admiración por sus libros y autores de cabecera y mucha, mucha ternura hacia sus semejantes, mujeres todas ellas “tocadas”, repitiendo muchas veces inconscientemente la misma música de fondo: una suerte de soledad que rechaza la sumisión y proclama a gritos la solidaridad; no solo de género, también con el resto de la humanidad. Una cierta amargura, aunque sonriente, porque en la novela hay también una buena dosis de humor.

Una vez controlado el primer episodio de desequilibrio mental que la protagonista pasa en un centro sanitario, y luchando siempre contra la locura amenazante en conexión telefónica con su psiquiatra, también mujer, la protagonista de esta novela se enfrenta a la rabia y el desencanto interesándose por la vida de los demás, escuchando y sobre todo aprendiendo que prácticamente no existen certezas y que todo es ambigüedad en la existencia de varios tipos de mujeres “que conocen todas la misma realidad, la de una cultura que sigue siendo patriarcal, a pesar de los progresos de todo el siglo XX. Una buena parte de los prejuicios que se mantienen en relación con las mujeres son, a mi entender, inconscientes y no solo culpa de los hombres; sencillamente forman parte de de nuestra realidad cultural que todavía atribuye mayor importancia a la voz masculina”, asegura la autora.

En las novelas de Siri Hustvedt se mezclan siempre los géneros: pendiente, como en todas las anteriores, de descifrar qué parte ocupa la autobiografía, en El verano sin hombres encontramos, seguro, ficción, realidad y ensayo, una especie de “síntesis que establece incesantes conexiones entre Mia, poeta, y sus lecturas (desde las novelas de Janes Austen a la biografía de Kierkegaard), entre el pasado y el presente, lo cómico y lo trágico, el relato y las digresiones”, escribe Évelyne Bloch-Dano en Le Magazine litteraire.

Y ese verano sin hombres –“maridos volubles o muertos, amantes inciertos, penes que envejecen, mensajes anónimos”- termina con una Mia transformada, reconstruida, diferente, que se enfrenta a un otoño en el que de nuevo el paisaje se puebla de hombres. “Una comedia –dice la novelista- es cuando la historia termina en un momento bueno”. Cuando conseguimos olvidar la tragedia que es vivir y desaparecer.

La novelista Siri Hustvedt –una mujer “solar”, que irradia buenas vibraciones y muy guapa- es la mujer de Paul Auster, con quien comparte no solo la cotidianidad de la zona residencial de Brookliyn y una hija, Sophie, actriz y cantante, sino también la escritura: es autora de poesía (Leer para ti) , novelas (Los ojos vendados, Todo cuanto amé, Elegía para un americano) , ensayos y, a partir de una insoportable dolencia neurológica, su experiencia de enferma en La Mujer que tiembla o la historia de mis nervios.

Ficha del libro

El verano sin hombres de Hustvedt, Siri
Editorial Anagrama
Colección Panorama de narrativas
Nº Páginas 224 pp.
ISBN 978-84-339-7576-8
EAN 9788433975768
Dimensiones 220 x 140 mm.
Fecha publicación 11-01-2011
Precio con IVA 17.90€

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Última actualización el Domingo 27 de Noviembre de 2011 11:38