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Martes, 13 de Noviembre de 2012

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Rey tiniebla: la agonía de Felipe II contada por su mozo de retrete

LIB-Rey-tinieblaFélix Población*

El título de la nueva novela del poeta y escritor granadino Antonio Enrique, autor de una extensa obra en verso y prosa, me recordó el del libro del escritor alemán Hermann Kesten, Yo, la muerte, cuyo asunto también versa sobre el rey Felipe II, que con tal frase firmaba las últimas órdenes dirigidas a las colonias españolas. Si en la obra de Kesten, muy interesado por la historia de nuestro país, se expone el trayecto biográfico que media entre el segundo matrimonio del monarca con María de Inglaterra y su muerte en El Escorial, Antonio Enrique acota en su libro los últimos meses de vida del rey y su dolorosa y prolongada agonía en el sombrío monasterio escurialense.

Para tal itinerario cuenta el escritor con la voz de un personaje que por su propia identidad y condición atrae desde el principio la curiosidad del lector y le predispone a seguir con interés la narración de la historia, por desarrollar ésta una relación de arduo tratamiento literario, pero sin duda sumamente sugestiva como materia de ficción. Ese personaje es el joven mozo de retrete del rey, un tal Maltrapillo, obligado a socorrer al monarca de más amplio territorio de la historia del mundo en su lecho de inmundicia y cuando está sumido en la niebla del dolor. Ninguna metáfora del pueblo español en su siglo hegemónico -dice el autor en la nota previa- me pareció más evidente y exacta en su miseria. Siendo los más poderosos, nunca fuimos tan indigentes moral y materialmente.

Gracias a la perspicacia con que el autor aborda la aproximación entre los dos personajes, con todo el antagonismo que sus respectivas personalidades representan, el relato satisface la expectativas del lector, pues aunque la relación discurre en consonancia con la distancia que media entre ambos, esa misma distancia que los separa por condición hace más verosímiles las reacciones, sentimientos y sucintos diálogos que se suceden entre ellos a cuenta de sus respectivos protagonismos.

La primera parte discurre durante el traslado de Felipe II al monasterio de San Lorenzo, a través de cinco jornadas de camino, y la segunda tiene por escenario los espaciosos y fríos recintos del edificio, en donde el rey fallecerá después de 52 días de dolorosa agonía en una estancia que preside El jardín de las delicias, de Hieronymus Bosch, cuya tríptico sirve de tránsito alucinado en la tercera parte del libro.

Pienso, después de haberme recreado y conmovido con el contenido de la historia -en la que sin duda es destacable la calidad de la prosa y la prestancia del léxico, así como la magnífica descripción con la que se elabora la atmósfera de los escenarios-, que a la novela le sobran los tres últimos capítulos y que el autor habría hecho muy bien en poner el punto final después de la quema del jergón corroído donde falleció el monarca: Estábamos quemando -dice el narrador en el capítulo XLVI-, como él quemó en piras de fe, los detritos del reino representado en las emanaciones sudorientas y fecales de su cuerpo, y ante tanta declinación y miseria yo pensé: un hombre junto a otro, aunque uno sea rey y otro su mozo de retrete, nos son más que dos hombres.

Ficha del libro:

  • Título: Rey Tiniebla
  • Autor: Antonio Enrique
  • Editorial Almuzara, marzo, 2012

*Félix Población es director de Diario del Aire 

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