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Miercoles, 14 de Noviembre de 2012

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Hervé Ghesquière: Un rehén del que no se habla es un rehén muerto

LIB-547-joursMercedes Arancibia

547 días son los días que pasaron en cautividad, en el valle de la Kapisa, en Afganistán, los periodistas del canal público France 2 Hervé Ghesquière y Stéphane Taponier, y su traductor Reza, secuestrados cuando se encontraban haciendo un reportaje para el programa semanal “Enviado especial”. 547 jours: dans le piége afghan ( 547 días: en la trampa afgana, Edit. Albin Michel) es el título del libro escrito por Hervé Ghesquière, y publicado en septiembre de 2012, en el que relata “su parte de verdad” de los 18 meses (contados a partir del 30 de diciembre de 2009, fecha del secuestro) en que permaneció detenido en manos de una cuadrilla de talibanes, de esos que convierten la religión en una tapadera para conseguir dinero para su “guerrilla” (una de tantas).

Ghesquière habla del frío, la humedad, la oscuridad, la soledad (separaron a los rehenes), pero también de la “rabia” y de hasta qué punto le parecieron ofensivas -cuando se enteró, a su regreso- las manifestaciones del entonces secretario general del Eliseo, en el gobierno Sarkozy, Claude Guéant, quien acusó abiertamente a los periodistas de “imprudencia culpable”; y de hasta qué punto considera una afrenta que no ha digerido todavía las palabras del gobierno, y otras parecidas de los militares, porque ellos habían ido a Afganistán para trabajar y “no para subir al Everest en chanclas. Stéphane Taponier ya había estado cuatro veces en Afganistán y yo había ido a Bosnia, Kosovo, Ruanda, Irak… No éramos los novatos del año”.

Ghesquière relata los detalles del secuestro: cómo al llegar a un pueblo un hombre les apuntó con un kalachnikov, cómo aparecieron más hombres que les rodearon y les obligaron a subir a un vehículo, y cómo su colega Taponier le dijo entre dientes “Feliz navidad”.

Después explica como les trasladaban continuamente de un lugar a otro, alojándoles en habitaciones diminutas donde siempre hacía frío y todo estaba muy sucio. Como llegó a matar hasta 180 moscas en un solo día (“Contaba los cadáveres, así pasaba el tiempo”), el hambre que pasó, dos comidas al día, a veces una: un pedazo de pan, un poco de arroz, unas migajas de queso… de vez en cuando, un huevo.

Hervé Ghesquière es el hombre mediático de septiembre de 2012. En cuarenta y ocho horas ha recorrido todos los platós de televisión y los estudios de radio franceses, le han entrevistado para todas las agencias, diarios y publicaciones semanales y mensuales. Les ha contado que tuvo carceleros amables y brutos, que algunos no hablaban apenas y otros eran “tóxicos”, e incluso que hubo alguno que les habló con normalidad; que a veces no pudo contenerse y estalló en sollozos, gritó, se desesperó, consiguió que le dieran un transistor, escuchó música en Voice of America, oyó algún programa de la BBC, Radio France Internationale… que solo sintió realmente miedo en tres ocasiones, dos al principio del cautiverio y una tercera pasados tres meses, con motivo de un traslado por las montañas, solo, separado de sus compañeros. Pero también dice que en el fondo nunca temió por sus vidas porque sabe que “un rehén es una hucha” para sus secuestradores, una máquina de hacer dinero. Intentó evadirse varias veces, sin conseguirlo, y escribió, mucho, hasta 500 páginas que los talibanes le quitaron el día de la liberación. 547 días lejos de todo y en medio de ninguna parte dan para mucho.

También ha contado que, por lo que sabe, la liberación de los tres costó el intercambio con dos prisioneros talibanes y 10 millones de euros, “aunque eso no está probado”, en investigaciones, búsqueda, intermediarios, etc., además de un pequeño rescate (se ha hablado de entre 2 y 4 millones de euros) cuya cantidad ignora: “En total –responde a una pregunta en el chat organizado con los lectores por el diario gratuito Metro- menos del coste de diez días de presencia militar francesa en Afganistán, que es de 1,23 millones de euros diarios si siguen siendo ciertas las cifras que en su día facilitó el general Georgelin (exjefe del Estado Mayor de los ejércitos).

Hervé Ghesquière, reportero de guerra desde hace 20 años, que “no tiene vocación de rehén”, volvió del cautiverio convencido de que los talibanes son, “antes que nada nacionalistas islamistas”; que bajo una apariencia religiosa se esconden sentimientos ultranacionalistas. Ahora se ha unido de nuevo a sus compañeros del programa Enviado Especial, y cuenta con seguir haciendo el trabajo que le gusta. Y, en todas las entrevistas, ha insistido. “Hay que hablar de los rehenes; hay que enviarles mensajes por radio, porque si les llegan reconfortan, pero hay que hablar públicamente de ellos. Porque un rehén del que no se habla es un rehén muerto”.

El libro termina –se lee en la entrevista que publica el semanario Paris Match- con la constatación de que es imposible ganar la guerra contra los talibanes “porque son cien contra uno, porque el ejército y la policía afganos están totalmente infiltrados, disponen de informadores… Los talibanes están en su casa, combaten en sus montañas, a veces en su pueblo… es imposible controlar un país con una fuerza de 140.000 hombres. Los soviéticos, con medio millón, tampoco lo lograron. Según algunos especialistas, ni siquiera un millón sería suficiente…”.

¿Qué ha sido de sus compañeros? El cámara Stéphane Taponier vive en el Sur de Francia, en Montpellier, donde sigue unos cursos de redactor que duran un año y ha pedido la incorporación a France 3 allí mismo; el traductor Reza sigue viviendo en Kabul, haciendo el trabajo de siempre y acaba de tener una nieta a la que han llamado "Azada", que en la lengua local dari significa “Libertad”.


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Hervé Ghesquière: Un rehén del que no se habla es un rehén muerto
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