Portada de El Enigma PerdidoCompra un ejemplar

Víctor Claudín.- Lees el nuevo lanzamiento de Brown con el afán de sumergirte en la intriga que te propone; sin pausa: en el tren de cercanías, en el metro, en el banco de un parque mientras esperas algo, sobre la taza del wáter, antes de que el agotamiento te cierre los párpados. Y bien, le cuesta arrancar, en ocasiones se presenta un poco pastoso, resulta bastante vertiginoso (atractivo) en otras partes, curioso por las cosas que cuenta, por su apariencia científica, por su defensa de los masones. Puedes pensar que está mejor estructurado que el famoso Código, si bien todo él vuelve a ser un ir y venir de una hipótesis a otra como si se tratara de una gincana con un montón de obstáculos y pruebas que a uno le permitan llegar a meta. Te da la impresión de que no tiene tantas trampas como aquél, ni siquiera es tan malo como Ángeles y demonios ni como otro de cuyo nombre ni siquiera quieres acordarte.

 

Y entonces, cuando hace rato que la intriga está resuelta y todos los muertos y los que van a morir... están cada uno en su sitio, llega como un trallazo esa especie de místico y masón panegírico final, que te vuelca a repasar lo que te has tragado, a repasar lo que crees, si es que crees algo, incluso a dar la vuelta a toda tu vida. Entonces vas y le añades sentido crítico a la reflexión sobre la lectura que has terminado, porque no puedes evitarlo, y porque toda lectura es la forma (y ésta es más profesional que la de otros libros del mismo autor), pero además el fondo (éste es más descaradamente doctrinario) y te obligas a sacar tus propias conclusiones, esperando que cada lector haga lo mismo: se divierta con lo que es motivo de distracción y se preocupe con lo que es motivo de preocupación (positiva o negativa, allá cada cual).

Si en El Código Da Vinci se situaba frente a la Iglesia católica, tomando prestadas (si bien al menos citadas) para construir su argumento las interesantes investigaciones que Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln plasmaron en su imponente y esclarecedor libro El enigma sagrado, desvelando las más que probables verdades alternativas de la Biblia, de Jesucristo y, sobre todo, de María Magdalena; Con El símbolo perdido escribe un descarado panfleto masón. Y convierte todo Washington en una logia, donde cada edificio principal cumple una misión y tiene un sentido (masónico), y la palabra que lo aclara todo al alcance de la mano.

Naturalmente que Dam Brown está en su derecho de defender lo que le parezca, y hay conversaciones sumamente interesantes que pueden hacer pensar a más de un descreído (y ratificarle en sus convicciones, seguramente). Y lo que tiene de información de ese mundo simbólico de misterios  descubiertos y por descubrir, es muy interesante, aunque también lo has podido conocer en libros relacionados con la masonería, y no en una novela que se presenta de aventuras, que es una ficción.

Entonces te haces la pregunta de si Don Dan ha construido una ficción para embaucarnos con unas ideas que él ha adoptado como propias. Eso es lo que a ti, como lector, te ha molestado más: que te haya embaucado, que te haya dado gato por liebre. Que te haya dado un puñado de doctrina cuando te anunciaban una novela apasionante. Además, una doctrina amparada por presuntos adelantos científicos (uno de los personajes ha conseguido pesar el alma, merced a la noética)... y es que: "La misma ciencia que erosionó nuestra fe en los milagros ahora está construyendo un puente para salvar el abismo que creó". Por el culto a la superioridad humana en trance de ser Dios ("... y pensó que la Palabra de Dios era en realidad la palabra del hombre"). Si tienes dudas sólo es porque no buscas la verdad con verdadero empeño. Y lo más lamentable: que disfrace la propaganda de ficción, sabiendo que un escritor de best seller, uno de los más importantes de todos los tiempos, tiene una enorme capacidad de fascinación para los lectores.

Pero claro, cada cual maneja el poder que tiene como le viene en gana. Hay quien lo usa para desatar guerras y, eso sí es cierto, Brown lo usa en cambio a favor del entendimiento, de la comunidad, de la libertad religiosa, de la unión cuerpo y alma, de la ciencia mística, de la vuelta a los principios esenciales de la vida, etc., etc.

Con todo esto la forma ha perdido relevancia para ti, por eso te olvidas de los fallos, de las convenciones que te has visto obligado a aceptar para terminar la lectura, de que has vivido durante los días que te han durado las más de 600 páginas en una auténtica ceremonia de iniciación masónica.

Pero desde luego no hay necesidad de desearle suerte a Dan Brown con El Símbolo Perdido, va a seguir haciéndose cada vez más millonario.

 

El símbolo perdido
Dan Brown
Editorial Planeta
ISBN: 9788408089254
617 páginas
21,90 €

 

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