Martes, 22 de Mayo de 2012

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Purgatorio: sufrimiento para el espíritu, placer para los sentidos

Purgatorio

Mar Sierra

Viggo Mortensen vuelve al teatro, tras más de veinte años, con Purgatorio, una obra de Ariel Dorfman en la que comparte escenario con la ganadora de un Goya Carmen Elías. Se puede ver hasta el 18 de diciembre en las Naves del Español.

¿Quién no siente curiosidad por disfrutar en vivo del palmito de Viggo Mortensen? No les voy a mentir, ese fue el impulso que me llevó hasta las Naves del Español a ver Purgatorio aunque no lo había confesando hasta ahora.

Yo era defensora de argumentos de más altura relacionados con el prestigio internacional del autor del texto, Ariel Dorfman, y vendía los premios de los actores y las películas en las que han participado como el mejor argumento para ir al teatro. Mientras, para mis adentros, yo ya me imaginaba a aquel varonil Áragon que tanto nos gustaba a Live Taylor y a mí en El señor de los Anillos.

Menos mal que fue así, que fui sin muchas pretensiones.

Purgatorio es una obra francamente aburrida. Fiel a su título, es un paréntesis en la cotidianidad donde el espectador espera desesperadamente a que termine este purgatorio de casi dos horas mientras no deja de pensar ¿qué he hecho yo para merecer esto? Uno mira la obra como el que acude a la cancha a ver un partido de tenis. En lugar te pista tenemos un escenario casi vacío con dos personajes que se pasan la bola mientras pelotean. Te toca a ti, no a ti, que no, insisto… que te toca a ti.

Viggo Mortensen y Carmen Elías dan vida a estos personajes inspirados, supuestamente, en el mito de Jasón y Medea. De esto me enteré mucho más tarde leyendo una entrevista con el autor, porque con el visionado nunca me hubiera dado cuenta. El caso es que estos personajes se encuentran en el purgatorio reflexionando sobre su pasional vida en la tierra donde muerte, amor, celos y venganza les corrompieron.

Ariel Dorfman sitúa la acción en un purgatorio a medio camino entre una cárcel y un psiquiátrico en el que uno debe estar eternamente hasta que enmiende su culpa. Todos sabíamos que el purgatorio era denso, ya nos habló Dante de sus capas, pero… ¡tanto! Ya se imaginan, un tormento infinito, en el que estos dos personajes buscan su papel sin llegar a encontrarse.

Dorfman es de esos dramaturgos internacionales de los que se habla mucho y bien. Sin embargo, en esta ocasión su texto resulta sesudo. En él se plantean grandes pasiones humanas como la venganza, el perdón, la locura, el amor, los celos pero desde un prisma pretencioso, sin profundizar.

El caso es que Purgatorio tiene todos los elementos para estar bien pero no lo está. Autor de renombre, director con experiencia, actores que se bajan del universo del start system para brillar entre bambalinas, un marco único (Las Naves del español son espectaculares) sin embargo termina la función… y uno aplaude, pero lo hace porque así lo dice el manual del buen espectador ¿no?

Eso sí, a quién le pueda interesar, el porte de Viggo Mortensen no defrauda.

Purgatorio: sufrimiento para el espíritu, placer para los sentidos
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Última actualización el Viernes 20 de Enero de 2012 13:35