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Miercoles, 14 de Noviembre de 2012

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Retorno a Castroforte con Gonzalo Torrente Ballester

Gonzalo-Torrente-BallesterSe cumplen 40 años de la primera edición de “La saga/fuga de JB” de Gonzalo Torrente Ballester, un libro que según el censor no merece ni la denegación ni la aprobación

Francisco R. Pastoriza*

Estos días se cumplen cuarenta años de la publicación de una de las grandes obras de la literatura española del siglo XX, la novela de Gonzalo Torrente Ballester La saga/fuga de JB, que significó el reconocimiento del escritor como autor destacable de la historia de la literatura española contemporánea, a pesar de que para entonces (1972) ya había publicado novelas importantes como Off side, Don Juan y las que componen la trilogía Los gozos y las sombras, cuya adaptación para la televisión le valió además el reconocimiento popular en la década siguiente. Torrente Ballester comenzó a escribir La saga/fuga de JB en 1967 con el título de Campana y piedra, que luego cambió por el definitivo.

Este “gran disparate” (como lo calificaba su autor) que es La saga/fuga, lo es, efectivamente, como obra de género inclasificable trufada de humorismo (el censor al que fue sometida la lectura de la obra la calificó también de disparate, pero en otro sentido, como veremos). La crítica española acogió la novela con elogios unánimes, lo que no era habitual en aquellos años. En La saga/fuga Torrente Ballester se convierte a sí mismo en un personaje más de la trama (o en varios) en un genial ejercicio autoparódico. La parodia y la sátira (también la ironía) no se limitan sólo a su persona sino que ocupan la totalidad del relato, de sus protagonistas y hasta del entorno geográfico donde se desarrolla la acción, trasunto de una Galicia olvidada por la administración pública que espera su salvación con la llegada de un redentor mesiánico en el que se refleja una visión paródico-literaria del iluminado salvador de la patria. Fabulación simbólica, recreación mitológica, argumentación legendaria, la lectura de La saga/fuga de JB es un ejercicio caleidoscópico por el que van desfilando personajes históricos reales y ficticios, ritos ancestrales rescatados de un olvido secular (y otros inventados para la ocasión), sociedades secretas, leyendas, martirologios, visiones, reliquias… todo ello bajo la mirada cómplice o condenatoria de una serie de personajes nimbados por las iniciales JB: el escritor Jacinto Barallobre, el obispo Jerónimo Bermúdez, el canónigo Jacobo Balseyro, el vate Joaquín Barrantes, el almirante John Ballantyne… el profesor José Bastida, quien será el personaje mesiánico que ha de redimir a Castroforte, el más insólito a la vista de los habitantes de la ciudad, trasunto del propio autor que, finalmente, descubre que el verdadero secreto de la ciudad es su propia inexistencia.

LIB-saga-fuga-CastaliaUNA OBRA MAESTRA

Leí por primera vez esta novela en 1972, en una primera edición de Destino que conservo entre mis joyas bibliográficas. Acostumbrado a la narrativa realista de aquellos años, incluida la del propio Torrente, la lectura de La saga/fuga resultó una experiencia inédita y fascinante, diferente a la del boom del realismo mágico con el que alguna crítica trató de emparentarla. Después, la relectura de esta obra en la edición anotada de Castalia a cargo de Carmen Becerra, me reafirmó en aquellas primeras sensaciones y me reveló nuevos valores de una novela que supuso un hito en la historia de la literatura española del siglo XX y también por el descubrimiento, cuarenta años después de ser escrita, de la gran carga cultural que atesora y del despliegue de imaginación y anticipación que supuso para la Literatura contemporánea.

IDENTIDADES

Como es habitual en Torrente Ballester, también Castroforte del Baralla, la ciudad en la que discurre la trama de La saga/fuga de J.B., es un escenario que, a la vez, existe y es fruto de la imaginación, como la Pueblanueva del Conde de Los gozos y las sombras. En algún momento se identifica con la ciudad de Pontevedra. En la novela se cita la presencia de Unamuno en Castroforte a principios del siglo XX (efectivamente, en 1912 fue mantenedor de los Juegos florales de Pontevedra). El personaje novelesco Perfecto Reboiras no es otro que don Perfecto Feijoo, célebre gaitero y farmacéutico pontevedrés que mantenía una tertulia a la que acudían Pardo Bazán, Pablo Iglesias y Montero Ríos. Otros protagonistas secundarios se inspiran en los hermanos pontevedreses Renato, Viriato y Torcuato Ulloa. Y la Casa del Barco y su biblioteca, escenarios de momentos decisivos de la trama, no son sino la Casa del Arco, de los Muruais de esta ciudad. Y su biblioteca es la de este bibliófilo pontevedrés, en la que se reunían los intelectuales de la ciudad y a la que acudía también Valle-Inclán (aquí nació la revista Galicia Moderna). Otros detalles, como las bandadas de estorninos que cruzan Castroforte, recuerdan a los de la alameda de la ciudad del Lérez.

Pero también se identifican con sus nombres algunos espacios de la ciudad de Santiago de Compostela, como el callejón Sal-si-puedes o el barrio del Pombal, el de las prostitutas de Castroforte, de igual nombre que el de los prostíbulos de Santiago por los años en los que Torrente Ballester vivió en esa ciudad. Y la intermitencia de los destellos que emite el Santo Cuerpo, una reliquia que es objeto de deseo de las diferentes tendencias de Castroforte, es idéntica a la del faro de Silleiro, en Bayona, que don Gonzalo veía los veranos desde su casa de La Romana en Nigrán.

Se rastrean asimismo otras identidades entre algunos personajes de la trama, como don Torcuato del Río, trasunto de Manuel Murguía; el doctor Amoedo, fácilmente identificable con López Cuevillas, algunos integrantes de la Generación “Nos” (Vicente Risco, Otero Pedrayo, Castelao), así como inequívocas alusiones autobiográficas, sobre todo en José Bastida, el protagonista central, que tiene ciertos rasgos físicos, síquicos e intelectuales del autor (se salva del pelotón de fusilamiento al cambiar de bando durante la guerra civil, aunque aquí va de la Falange a los rojos; colabora en el periódico local para aliviar su situación económica tras su expulsión del trabajo por sus opiniones políticas…). Existen también numerosas claves irónicas sobre su persona (Se me acordó un artículo leído cierta vez, de un tal Torrente), y otras claramente biográficas: ganar por oposición una cátedra de Literatura en un Instituto de Enseñanza Media.

La saga/fuga de J.B. es, además, la más gallega de las novelas de Torrente Ballester, no sólo por la atmósfera y los personajes sino por la utilización de un numeroso vocabulario en gallego (fungar, arroaces, chosco, rachada, aturuxo…) y la introducción de una mitología que va de lo religioso (los restos del apóstol Santiago y su paralelismo con los de Santa Lilaila, llegados ambos en barcas de piedra a las costas de Galicia) a lo profano (la polémica sobre los orígenes celtas y griegos del pueblo gallego).

UNA NOVELA ADELANTADA A SU TIEMPO

En La saga/fuga de J.B. el tiempo y el espacio son entes con los que el autor juega y en los que introduce a personajes que intercambian su época y su lugar para urdir una historia también cambiante, según el narrador de los diferentes relatos (insuperable la conversación que mantienen José Bastida y el Vate Barrantes, uno en 1958 y el otro desde 1873).

En fin, Castroforte del Baralla es la capital de una quinta provincia gallega, desconocida o escondida por la burocracia del estado central. Una ciudad que no figura en los mapas porque esa burocracia la oculta incluyéndola en una sección de “dispersos centralizados”. Y que además, de vez en cuando, levita y se eleva hacia el cielo. Imaginación, fantasía, realidad, mitos e Historia se mezclan en una narración sin un principio ni un final cronológicos y sin nudo y desenlace resolutivos. Los sueños se mezclan con las experiencias reales, los pensamientos con los discursos, los escenarios se metamorfosean según los personajes que los pueblan y la Historia, como en la vida misma, cambia según quien la cuenta. El resultado es una experiencia narrativa que atrapa al lector en esa difícil atmósfera de la que están hechos los sueños.

Cuando Torrente Ballester sometió la novela a la censura, como era preceptivo en la época de su publicación, el dictamen del encargado de someter el texto a las normas vigentes escribía en el informe de lectura: De todos los disparates que el lector que suscribe ha leído en este mundo, éste es el peor. Totalmente imposible de entender… hay lampreas, un Cuerpo Santo que apareció en el agua y una serie de locos que dicen muchos disparates… este libro no merece ni la denegación ni la aprobación. La denegación no encontraría justificación y la aprobación sería demasiado honor para tanto cretinismo e insensatez.

Seguramente el dictamen hubiera sido similar si el censor tuviera que informar sobre El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

  • *Profesor de la UCM
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