Martes, 22 de Mayo de 2012

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Navegas por Culturas Escritores Marcos Giralt Torrente: “He tratado de construir un retrato fiel a mi memoria”

Marcos Giralt Torrente: “He tratado de construir un retrato fiel a mi memoria”

Marcos-Giralt-TorrenteEl nieto de Gonzalo Torrente Ballester califica su último libro, sobre la muerte de su padre, el pintor Juan Giralt, como “una ficción sin invención”

Francisco R. Pastoriza

La luz es aún poderosa en la tarde de este septiembre madrileño en la que hablo con Marcos Giralt Torrente en su casa de Madrid. Ilumina con fuerza el estudio del piso en el que vive con su mujer y con su primer hijo, de 16 meses, y donde construye sus historias, en una mesa cercana al amplio ventanal que da a una calle del centro de la ciudad, rodeado de libros y de cuadros, algunos de su padre.

Marcos Giralt Torrente (el segundo apellido heredado de su abuelo Gonzalo Torrente Ballester) ha publicado varios libros de cuentos y dos novelas. Ahora hablamos de Tiempo de vida, su último libro, un relato sobre la tormentosa relación con su padre, el pintor Juan Giralt, quien murió en 2007 de cáncer, una enfermedad que Marcos vivió de cerca y de cuya experiencia dan testimonio las páginas de este relato conmovedor, por el que ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura de España en la modalidad de Narrativa.

Página 12: Mi padre murió en febrero. Desde diciembre sabíamos que era inminente. Creíamos estar preparados. Teníamos un médico y una enfermera dispuestos a cortar su agonía.

M.G.T. Este libro es antes que nada literatura, aunque literatura hecha desde el recuerdo. Aquí expongo la relación que tuve con mi padre a lo largo de mi vida y sobre todo en los últimos años de su enfermedad, pero las motivaciones para escribirlo han sido literarias. En general, escribir un libro no sirve para razones exógenas a las de la propia literatura, a las de la escritura. Aparte de la peripecia vital dolorosa de la que arranca, que es la sustancia del libro, mi oficio es contar historias y decidí contar esta historia porque me pareció que, más allá de que fuese real, contenía los elementos que debe tener cualquier buena historia.

Página 139. Yo lo tenía a él para rebelarme, para construirme en su contra. Competir con él, creerme mejor, me dio en muchos momentos el ímpetu que, de otro modo, me habría faltado. En su contra, cogiendo fuerzas de mi enfado, me hice con armas para sobrevivir en sociedad.

M.G.T. Cuando digo que el libro es autobiográfico lo digo en un sentido muy ceñido. Una persona es como una pared con muchas ventanas. Una autobiografía convencional a lo que aspira es a abrir todas esas ventanas y a hacerlo además con una cierta lógica, tratando de buscar un sentido a los acontecimientos de esa vida. Este es un libro autobiográfico que se ciñe exclusivamente a la relación con mi padre. A lo largo del libro ya insinúo que no todo lo puedo ni lo quiero contar. Por ejemplo, los personajes secundarios no aparecen en la proporción en que son importantes para mi vida. El centro, el foco, está puesto en la relación con mi padre. Para comprender esa relación era imprescindible plantear el conflicto que atravesamos, el nudo y el desenlace, que fue la reconciliación. Y en ese sentido también era imprescindible que yo fuese honrado y mostrase todos los elementos que concurrieron tanto para crear el conflicto como para llegar a su solución. Tanto por su parte como por la mía. En la medida en que era necesario mostrarlos, tenía que desnudarlo a él y desnudarme a mí mismo. Pero solamente en lo que era necesario para comprender la peripecia de nuestra relación. Porque es evidente que mi vida excede las páginas de este libro y la vida de mi padre también.

Página 11. Pero no sabía qué libro quería escribir. O sí que lo sabía pero no sabía cómo hacerlo. O no había resuelto aún qué contar y qué callar. O la vida de mi padre, al fin y al cabo no era tan novelesca. O simplemente dudaba de que a alguien le interesara. Prescindí de la dictadura del principio y me dediqué a escribir capítulos aislados aplazando el ordenarlos.

M.G.T. El libro es muy veraz en lo que cuento. Pero una cosa es la historia, la de mi vida con mi padre, y otra es la manera en la que he escrito el libro. Tras esos titubeos iniciales que reseño en el libro, arranques fallidos y dudas, una vez que decidí empezar tuve la estructura muy clara. Sabía que el libro tenía que tener dos partes, la de la enfermedad y la de mi vida con mi padre anterior a la enfermedad. Que los capítulos narrativos se iban a alternar con capítulos más reflexivos. Que el primer capítulo tenía una intencionalidad metaliteraria… Lo que me importaba era trasladar al lector una muestra del transcurso del tiempo, contener en 150 páginas una vida que abarca 40 años, que es lo que viví junto a mi padre. Y también los conflictos con mi padre: un silencio, una separación… conflictos que se ven a través de los acontecimientos que cuento. A mí me gusta calificar el libro de “ficción sin invención”, porque a pesar de que pueda parecer una contradicción o algo paradójico, no lo es en el sentido de que yo creo que la ficción, incluso aquella que parece más invención, siempre tiene un sustrato de realidad que los escritores necesitamos para manipular el material sobre el que escribimos. Al mismo tiempo toda escritura –incluso aquella que se pretende mas real- tiene un sustrato ficticio porque el lenguaje te limita, porque tu propia memoria te engaña, etc. Este libro es un material estrictamente autobiográfico y trato de construir un retrato lo más fiel a la verdad de mi recuerdo. No pretendo que sea la versión absoluta y verdadera sino que es mi versión de los hechos. Pero la manera de enfrentarme a este material es una manera de escritor de ficción. No manipulo ni tergiverso, pero sí que lo organizo de la misma manera que una novela.

Página 50. La primera vez que me valí conscientemente de nuestro problema fue en un cuento largo que escribí a propósito de presentarlo a un premio. Acuciado por el plazo de entrega y temiendo no hacerme a tiempo con las riendas de una historia ajena, recurrí a un tema con el que mi identificación fuera instantánea: un padre, un hijo pequeño y las triangulaciones de los sentimientos cuando el descontento es mutuo y los agravios de uno multiplican los del otro.

M.G.T. A veces me pregunto por qué escribo y mira, yo soy bastante tímido, introvertido y poco hablador. Entonces creo que una de las posibles razones de mi oficio es que me recluyo en la palabra escrita porque es mi manera de expresarme. Claro que pienso que lo escrito queda escrito y que todo el mundo lo va a entender, pero luego te das cuenta de que no es así, que la gente se equivoca cuando interpreta lo que lee. En el libro digo que en mis novelas he incorporado cierto material autobiográfico, una cuestión más atmosférica que otra cosa, pero que todo lo demás es ficcional. En mi segunda novela utilicé de una manera más consciente ese arma, dejando unas muestras en mi lucha con mi padre que él pudiese reconocer. Es verdad que durante una larga época a mí me agobió y me marcó el conflicto con mi padre y es normal que de alguna forma ese tipo de reflexiones sobre los conflictos familiares deje su huella en mi narrativa. Pero eso no quiere decir que mis novelas sean estrictamente autobiográficas porque no lo son.

Página 79. Tenía un entendimiento de la pintura demasiado profundo para conformarse con un remedo complaciente o decorativo que no reflejara la tensión de la que nace la obra de arte verdadera. Anhelaba la sencillez pero la conseguía a través de un tortuoso camino de trabajo.

M.G.T. En el libro hay tres órbitas que se van solapando. Una es el sustrato sentimental y biográfico, otra es el relato de cómo he hecho el libro, una reflexión sobre el hecho de narrar, de lo que ya hemos hablado, y la tercera es el arte, la presencia del arte y de la creación. El arte es algo que mi padre y yo compartíamos y creo que la vida de cualquier artista o de cualquier escritor no es sino una reflexión acerca del arte, de la creación. Para mí, como escritor, este libro es también una reflexión, la de mirarme en el espejo de mi padre. Toda esa reflexión está ahí porque fue medular en nuestra vida, en nuestra relación.

Página 200. Pienso entonces en mi hijo, aún no nacido, que llevará su nombre, y me pregunto en qué lo condicionaré, en qué le fallaré, qué deberé yo perdonarle y qué deberá él perdonarme, si no lo hace antes, cuando como mi padre me diluya en la nada. Qué recordará de mí con nostalgia. Me gustaría conservar algo de lo mejor de mi padre para que le llegue a través de mí.

M.G.T. El título es deliberadamente ambiguo. “Tiempo de vida” es lo que le dan los médicos a los moribundos, pero al mismo tiempo es la vida misma. No todo el mundo ha entendido esta ambigüedad; algunos la han interpretado como una exhortación a la vida. Sobre todo es una reflexión sobre el hecho de que en cierto modo todos tenemos un tiempo acotado; simplemente que a los moribundos les dicen en qué medida está acotado. Yo hace poco más de un año que he sido padre. En cuanto a mi paternidad, tengo que decir que no ha habido nada que me haya hecho más feliz en la vida pero también nada que me haya dado más miedo. Me da miedo la responsabilidad de traer al mundo a alguien que no ha pedido nacer. Pero bueno, cometida la irresponsabilidad, lo único que puedes hacer es ser lo más responsable posible porque permanentemente aparece el miedo a fallar.

Tiempo-de-vidaEN EL NOMBRE DEL PADRE

F.R.P.

Muchas personas pasan por experiencias como las que Marcos Giralt Torrente ha dejado en las páginas de este libro. Ocurre que muy pocas se atreven a escribirlas, menos a publicarlas y sobre todo es difícil hacerlo con el talento que requieren. La muerte anunciada de un padre y todo lo que lleva consigo este acontecimiento en la vida de una persona suele provocar la revisión, antes y después del desenlace, de toda una vida de encuentros y desencuentros, y a plantear preguntas que ya nunca tendrán una respuesta adecuada y para las que a veces se inventan las más satisfactorias.

En Tiempo de vida (Anagrama) Marcos Giralt Torrente ha intentado esa revisión de una manera abierta y sincera, a costa de dejar en sus páginas una parte de sí mismo. Lo hace como si se tratase de un relato más cerca de lo novelesco que de lo biográfico y en el que en ningún momento se escribe ninguno de los nombres que protagonizan la historia, ni siquiera el suyo. Comenzó a escribir el libro cuando había transcurrido más de un año de la muerte de su padre y unos meses antes de convertirse él mismo en padre por primera vez. Su hijo lleva el mismo nombre que su padre.

Hijo del pintor Juan Giralt y de una hija del primer matrimonio de Gonzalo Torrente Ballester, Marcos Giralt se encontró desde muy joven enfrentado a la vida sin la presencia del padre, que se separó de su madre cuando aún era un niño. Hijo único, su vida transcurre al lado de su madre (tal vez por eso la figura de la madre es una presencia constante a lo largo de este relato), una circunstancia que en cierto modo se refleja también en sus novelas París y Los seres felices. Mientras crecía, los encuentros entre padre e hijo alternaban violentas discusiones y reproches en torno a las relaciones familiares y a las dificultades económicas, con la camaradería y el aprendizaje. La admiración sincera del hijo por la pintura del padre y la formación que recibe de él para apreciar el arte (confiesa que ahora visita las exposiciones acompañado del espíritu de su padre) es uno de los elementos que configuran sus mejores relaciones. La preocupación del padre por el futuro del hijo, centrado más en su bienestar material que en sus aspiraciones vocacionales, llegó a convertirse en un motivo más del desencuentro entre ambos.

RETRATO Y AUTORRETRATO

De pronto irrumpe la enfermedad y la certeza de la muerte. ¿Por qué se decide uno a escribir una experiencia semejante? La respuesta más fácil es la de intentar, a través de la expresión escrita, liberarse de un peso que oprime, recuperar la vida de antes (otros artistas lo hacen a través de su pintura o de su cine), persiguiendo el efecto de una terapia sicoanalítica, algo que ayude a llevar mejor la nueva situación. Ese podría ser también uno de los motivos por los que se escribió este libro. Pero Marcos Giralt Torrente se dio cuenta de que la ausencia de su padre era algo más que un vacío (“lo tenía a él para rebelarme, para construirme en su contra”) y que por lo tanto necesitaba algo más que cubrir ese vacío. Define Tiempo de vida, el título de este libro, como “un homenaje de amor”. Indudablemente lo es. Pero es también algo más. Porque mientras rescata los recuerdos de las relaciones con su padre Marcos Giralt escribe una parte importante de su propia biografía. De su biografía más íntima. Sin ningún pudor. De este modo Tiempo de vida es también un autorretrato del escritor.

Ficha del libro:

Editorial Anagrama
ISBN 978-84-339-7211-8
PVP con IVA 17 €
Nº de páginas 208
Colección Narrativas hispánicas

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Última actualización el Martes 22 de Noviembre de 2011 17:53