Francisco R. Pastoriza*
A veces es sólo una delgada línea la que separa la amargura de la felicidad. Y sin embargo, qué difícil resulta traspasarla. Libertad (Ed. Salamandra), la última novela de Jonathan Franzen, finaliza ilustrando ese paso decisivo sin el cual muchas personas se quedan atrapadas en la locura de sus propias contradicciones, de sus prejuicios, de su orgullo. Se necesita un verdadero gesto de libertad para iniciar la maniobra de aproximación que inicie el rescate y ésta casi nunca se produce. Cuando alguien lo hace, su esfuerzo heroico y arriesgado pocas veces se ve recompensado.
Una historia de la américa actual
Jonathan Franzen lleva a cabo en Libertad un retrato implacable de la sociedad americana del tránsito entre los siglos XX y XXI, la que va de los años de la presidencia de Richard Nixon a los días iniciales de Barack Obama. No es, sin embargo, una novela política ni la política tiene aquí apenas protagonismo sino como ruido de fondo sobre el que se desarrollan las vivencias de unos personajes de clase media atrapados en la vorágine de una sociedad opulenta y decadente.
Franzen ya demostró sus excelentes dotes de narrador y su capacidad para analizar las profundidades del alma humana y las relaciones entre miembros de generaciones diferentes en Las correcciones (Seix Barral), su anterior novela, publicada en EEUU días antes de los sucesos del 11-S, de una calidad para nada inferior a esta Libertad en la que el aparato mediático cultural ha puesto ahora sus focos (hacía más de 10 años, por ejemplo, que la revista Time no dedicaba su portada a un escritor). Ambas inician su desarrollo en sendas localidades del medio oeste de los Estados Unidos y sus personajes se trasladan luego a la gran ciudad, oportunidad que da al autor la posibilidad de analizar la doble vertiente de la sociedad americana. En Las correcciones, Alfred Lambert y su esposa Enid, un matrimonio de ancianos con problemas de salud y de convivencia, mantienen con sus hijos Gary, Chip y Denise, ya adultos, una relación difícil agravada por los problemas personales de cada uno de ellos. En Libertad Franzen centra su atención en las relaciones de pareja de los Berglund, un matrimonio de mediana edad formado por Patty y su esposo Walter, y en el trato con sus dos hijos, ambos en el tránsito de la adolescencia a la juventud. Estos intercambios, condicionados por sus respectivos avatares (infidelidades incluidas: magistral el personaje de Richard Katz, músico de rock, vértice en las relaciones de la pareja), se narran con una sensibilidad sorprendente. Franzen penetra en el alma y en los sentimientos de los personajes con una destreza magistral y desarrolla en profundidad los problemas de un matrimonio americano de clase media (esbozado ya en Las correcciones en la pareja formada por Gary y Caroline) y en cómo éstos condicionan las respectivas relaciones con sus hijos y con sus propios padres. Hablar de escritura tolstoiana para calificar la literatura de Franzen puede parecer exagerado pero, salvando todas las distancias, hay una cierta identificación entre las radiografías del alma humana que lleva a cabo el escritor americano con unos personajes contemporáneos de vida aparentemente intrascendente, y las del autor de Ana Karenina en su literatura (de hecho hay todo un homenaje al escritor ruso, con Patty, la principal protagonista de la novela, dedicada a la lectura de Guerra y paz).
Al hilo de la trama que tejen estos personajes y en torno a sus relaciones, Franzen introduce una crítica al sistema americano: a los desastres provocados por una ingeniería financiera gestionada desde la ambición, que crea grandes capitales apoyados en frágiles burbujas; a los tabúes sexuales de un país de ideas conservadoras; al consumismo en una sociedad enriquecida por un capitalismo depredador. Refleja, como en un espejo deformante, algunos de los movimientos en los que se embarcan tanto los progresistas como los conservadores de la nueva América: la explotación de los recursos naturales del planeta disfrazada de ecologismo, el enriquecimiento corrupto de empresarios sin escrúpulos propiciado por las guerras de Irak y Afganistán.
¿Libertad para qué?
¿Qué es la libertad y cómo se administra?, se pregunta a cada momento el lector a lo largo de esta novela en la que el concepto de libertad como opción personal y como base de las relaciones sociales, políticas y económicas, llega a manifestarse obsesivamente como una provocación con dimensiones de conflicto. Los empresarios neocon, enriquecidos con la corrupción institucional, defienden la libertad cuando abogan por el capitalismo de libre mercado. Los ciudadanos del Tea Party critican a la administración Obama por restringir la libertd cuando, según ellos, reparte condones por las escuelas, les quita las pistolas a la gente, obliga a los ciudadanos a llevar un documento de identidad, entrega la soberanía del país a Naciones Unidas… Los cónyuges, por su parte, la enarbolan como justificante de sus nuevas relaciones de amor y sexo después de haber convertido el matrimonio en una sucesión de aburridos episodios de monotonía. Los adolescentes exigen el derecho a la libertad para imponer sus caprichos y su insolidaridad a unos progenitores demasiado ocupados en sus asuntos y paralizados por ese complejo de sentirse fuera de nuevas realidades que no entienden...
La gente, escribe Franzen, llegó a América por el dinero o por la libertad. Quienes no llegan a alcanzar el dinero se aferran con más fuerza a la libertad. Aunque fumar te mate, dice el protagonista Walter Berglund, aunque a tus hijos los mate a tiros un loco con un fusil de asalto, en este país lo único que nadie te puede quitar es la libertad de joderte la vida como te dé la gana…
¿Suficiente para justificar la libertad, para reflexionar sobre la libertad?. Lean la novela y juzguen por ustedes mismos. Si no llegan a ninguna conclusión, tampoco importa. No habrán perdido el tiempo. Libertad es, además, una de las grandes obras de la literatura de este siglo, en la mejor tradición de la novela americana.
*Profesor de Información cultural de la Universidad Complutense de Madrid.


