Paloma Avilés.- Esta semana, se cumplen dos años de la quiebra de Lehman Brothers, que desencadenó la peor crisis financiera de los últimos 80 años. Hasta el 15 de septiembre 2008, Lehman Brothers era un sólido banco de inversión, situado entre las cuatro entidades financieras más potentes del mundo. Con el anuncio de la quiebra, Lehman Brothers provocó una gran conmoción en el mercado que se expandió casi instantáneamente en todo el mundo. Los efectos en los mercados de valores fueron tan devastadores que arrastraron a las economías a un pozo de deuda y crédito y perdidas de millones de puestos de trabajo que aún hoy no hemos salido. A pesar de los esfuerzos del gobierno que preside Jose Luis Rodriguez Zapatero, se prevé que España sea uno de los últimos países de la UE en abandonar la UVI de la crisis, mientras la sociedad española se sume en una profunda crisis de valores.
Desmantelamiento globalmente costoso
Lehman Brothers Holdings demandó a Canadian Imperial Bank of Commerce y a decenas de otras entidades para recuperar más de 3.000 millones de dólares de los que dijo que fue privado como resultado de su quiebra hace dos años.
En un comunicado de la compañía, difundido por Reuters, Lehman afirma que presentó las demandas el martes para cumplir con el plazo final de dos años para presentar casos por transferencias fraudulentas. La compañía le pidió al juez James Peck, que administra la quiebra, que suspenda las demandas indefinidamente si trata de llegar a un acuerdo.
Si tiene éxito, eso ayudaría a Lehman a devolverle a sus acreedores parte de los más de 600,000 millones de dólares que les debe. Lehman ya ha demandado al banco británico Barclays para que deshaga una operación por 11,000 millones de dólares relacionada con la compra de su correduría estadounidense, y a JPMorgan Chase & Co para recuperar 8,600 millones de dólares que dijo fueron extraídos poco antes de la quiebra.
Pero el segundo aniversario de la quiebra de Lehman también está envuelto por la polémica. Según adelantó el diario Financial Times, el coste total del desmantelamiento del banco de inversión, con cerca de 158 años de historia a sus espaldas, puede sobrepasar los 2.000 millones de dólares.
Y es que las bancarrotas no son un negocio rentable...
El cierre de las operaciones de Lehman en EEUU ascendía el pasado mes de julio hasta los 917 millones de dólares y deberían sobrepasar los 1.000 millones de dólares en cualquier momento. Por su parte, en lo que se refiere a sus negocios europeos, habría que sumar cerca de otros 900 millones de dólares, según indicó el rotativo británico.
La regulación para mayor control financiero internacional a paso de tortuga
El segundo aniversario de la quiebra de Lehman Brothers coincide con la aceleración de las tareas que impulsó el G-20 para modificar las reglas que rigen los mercados financieros. Básicamente, los líderes planetarios prometieron más transparencia, más control y una regulación menos permisiva para evitar que se repita una crisis global como la actual, que empezó siendo financiera para transformarse en la recesión económica mundial más devastadora desde la Gran Depresión.
Aunque tímidamente, ya se empieza a vislumbrar el armazón de lo que debe ser la nueva arquitectura de control financiero internacional. Es de prever que no será una herramienta infalible, sin embargo sí supone la actualización de un modelo que había quedado obsoleto e inservible ante una la globalizada industria financiera. Es obvio que sólo una coordinación mundial permitirá detectar nuevos riesgos y establecer los mecanismos capaces de atajarlos a tiempo. Los primeros pasos en este sentido, dados desde distintos países y organismos, van en la buena dirección.
A pesar de nacer con evidente retraso desde aquella primera reunión del G-20 en Washington, en noviembre hará dos años, se están dando avances importantes. La delantera en esta cruzada regulatoria la ha tomado EEUU, el único país que de momento ha plasmado en una norma sus nuevas exigencias. El presidente Barack Obama firmó la ley Dodd-Frank de regulación bancaria el pasado 21 de julio. Aunque la exigencia a EE UU era doble, no en vano, la crisis subprime, origen de la hecatombe financiera, se originó por el escaso control y la laxa reglamentación de aquel país, cuya necesidad de mejoras regulatorias era flagrante.
La primacía en el proceso de reformas de EE UU puede dejar al resto peligrosamente rezagado. Por eso resulta más positivo que el Banco de Pagos Internacionales de Basilea haya anunciado a principios de la semana el plan de puesta en marcha de las normas que han de cumplir los bancos a partir de ahora para conjurar las crisis, especialmente el fortalecimiento del capital, lo que contribuirá a generar un sistema financiero internacional más sólido.
La Comisión Europea hizo lo propio esta semana con la regulación de los derivados que actualmente se negocian a través de mercados no regulados OTC (over the counter). Igualmente, pondrá coto a las ventas en corto al descubierto; es decir, sin poseer los activos sobre los que se especula. En este último punto, su gran virtud es la armonización nacional, pues en países como Francia, Alemania y España estas operaciones ya están prohibidas. Como acertadamente escenificaba el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, se ha terminado la época de apostar si la casa del vecino se quema, aludiendo a los inversores que compran o venden derivados sin poseer el activo subyacente.
El control de los derivados se ha demostrado imprescindible en la reciente crisis de deuda soberana, cuando especuladores atacaron las finanzas públicas de países comunitarios -incluida España- realizando operaciones de derivados sobre CDS (credit default swaps) que se utilizan para cubrirse de riesgos de impago de algún activo.
Pero la UE no sólo avanza en la regulación. También lo hace en el control y la prevención, con la creación de una autoridad europea de los mercados bursátiles (ESMA) y un nuevo comité de riesgos sistémicos. Se están haciendo las cosas que se deben y en la dirección correcta para regular eficientemente el nuevo marco financiero internacional. Lo malo es que el proceso se desarrolla al paso de la tortuga, cuando los mercados actúan a la velocidad del rayo. Y que muchas de las nuevas medidas tardarán años en hacerse efectivas.
La recuperación comienza a notarse en algunos sectores y empresas
El resultado conjunto del medio millar de compañías de Estados Unidos que componen el índice Standard & Poor´s 500 alcanzará en 2010 los 787.470 millones de dólares, una cifra que supera en un 1,5 por ciento la estimada justo antes de producirse la crisis.
Algo más rezagada se encuentra Europa, puesto que los beneficios totales de los integrantes del Stoxx 600 sumarán 568.660 millones de euros este año, un 10 por ciento menos que en la era pre-Lehman.
También sobresale el creciente protagonismo del sector tecnológico. Su progreso se observa en que Microsoft, IBM y Apple figuran entre las 10 compañías que más beneficios obtendrán este año, un protagonismo que responderá a la positiva trayectoria de sus cuentas en este periodo.
En el top 15 de las compañías europeas por resultados para 2010 se mantienen dos españolas, Santander y Telefónica. La primera se consolida en la novena posición en la que se encontraba hace dos años, con lo que se asienta como una de las entidades europeas que mejor ha sorteado la época posterior a la quiebra de Lehman pese a que entre las cifras de 2008 y las esperadas para 2010 ha sufrido un recorte del 5 por ciento.
En el caso de la teleco, en ese intervalo sus resultados está previsto que crezcan un 10,5 por ciento, hasta los 8.336 millones de euros.
Mientras, hay mercados emergentes que lucen avances de dos dígitos como el índice brasileño Bovespa, que presenta una revalorización próxima al 30 por ciento en el mismo periodo, porcentaje que alcanza el 42,5 por ciento en el caso del índice CSI 300 de China.


