Viernes, 11 de Noviembre de 2011

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Navegas por Opinión Detrás de las palabras Pujol se revisa a sí mismo

Pujol se revisa a sí mismo

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No es un acto de contrición, pero lo parece. No dice que se equivocó, pero cambia de criterio. De sabios es rectificar, si es que, en este caso, hay una sabia rectificación. Aunque no es muy seguro. Más bien sigue en su hábil “sí, pero no” y “no, pero sí”.

Lo cierto es que el expresident Jordi Pujol, desde hace un tiempo, ha entrado en un camino de revisionismo de sus convicciones y planteamientos. Quizás no muy profundo, pero aparentemente bastante radical, No muy profundo porque en el fondo es el mismo, pero ha modificado ostensiblemente su estrategia y su lenguaje.

Pujol, a la vista de determinadas circunstancias que considera graves para Catalunya, revisa sus posturas pasadas respecto de España, de las relaciones Catalunya-España, se revisa a si mismo. Y cambia de brújula o, al menos, reorienta el sentido de sus agujas. No es que pierda el norte, pero lo busca en otro lugar.

Y este esfuerzo de autorrevisión le conduce a algunas contradicciones. Afirmar que siempre ha estado a favor de un buen encaje de Catalunya dentro de España –doctrina esencial del catalanismo-, que de esto hizo su apostolado durante toda su vida, y que ahora no lo está por culpa de posturas “anticatalanas” de los actuales PP y PSOE, suena, históricamente, a renunciar a lo esencial por lo circunstancial. Incluso la sentencia del Constitucional sobre el Estatut, encajándolo restrictivamente dentro de la Carta Magna, permite caminos e interpretaciones de un más explícito reconocimiento de la personalidad nacional catalana y de su autogobierno. Y el mismo Tribunal Constitucional puede ser modificado legal y democráticamente. Como también la Constitución.

Para el expresident de la Generalitat, si España sigue con “su menosprecio” a Catalunya, la mancha de aceite independentista se irá extendiendo. Y cierto es que, en amplios ambientes catalanes, ha ido ganando terreno, lo cual debiera ser motivo de reflexión profunda para gobernantes, políticos, opinión ilustrada y por la propia sociedad española. Las cosas no ocurren porque sí.

En su reciente conferencia “¿Residuales o independientes? ¿Alguna otra solución?”, Pujol confiesa que “después de muchos años de intentar disuadir a los que optaban por el independentismo, ahora me encuentro que no tengo argumentos para rebatirlos”. Lo cual hace pensar en la solidez de sus anteriores convicciones y argumentaciones o de las que actualmente parece apuntarse. Hecho que no deja de sorprender en un hombre de acusada solidez cultural e intelectual.

Y como político de auténtica vocación y reconocida talla, sorprende tanto o más su afirmación de que “no ve argumentos contra la independencia, salvo su viabilidad política y el riesgo interno (en Catalunya)”. ¡Casi nada la “viabilidad política y el riesgo interno”!. Porque si ética y teóricamente, resulta difícil negar la legitimidad (no es lo mismo que lagalidad) de un pueblo o colectividad, con la personalidad, solidez, cohesión y voluntad suficientes, el derecho a escoger por las vías legales, la forma en que desea estar vinculado a otros del mismo Estado o en el concierto internacional, otra cosa son los hechos.

A un político de fuste, aunque sea nacionalista desde su más tierna infancia, no se le puede escapar la realidad, por más que quiera cambiarla y precisamente por esto. Como no se le escapa, evidentemente, a Jordi Pujol cuando contrasta su sueño político, con sus fuertes dudas sobre la “viabilidad política y el riesgo interno” de la independencia catalana. Viabilidad política, teniendo en cuenta la realidad del actual Estado de derecho y de la correlación de fuerzas políticas en este momento, así como el contexto jurídico-político de la Unión Europea que no admite ciertas derivas.

Pero seguramente es de tener más en cuenta lo que llama “el riesgo interno”. Catalunya es una sociedad plural, y cada vez más, y no homogénea. Y un planteamiento secesionista de España la dividiría sin duda, seguramente por la mitad. Lo cual sería fatal para su presente y su futuro. Para intentar una mayor aceptación del sueño independentista, “como una mancha de aceite”, el énfasis que ahora se pone en el aspecto económico (el “expolio fiscal” de España) sobre el aspecto simplemente identitario, puede ser muy eficaz (por aquello de “la pela”) para penetrar en sectores no nacionalistas. Pero el “riesgo interno” de división social seguirá existiendo. Una ideología y unos sentimientos no se imponen, ni puede intentarse en una sociedad democrática; es propio de otros regímenes.

Todo esto lo sabe muy bien Pujol, antes y después de su “auto revisionismo”. De aquí su constante “si, pero no” o “no, pero sí”. Pero esto, en el fondo –no de su sueño, sino de su realismo- viene a coincidir con el pensamiento del exministro y socialista catalán Joan Majó, cuando éste afirma que prefiere ser “una Baviera alemana que Dinamarca” ya que, visto desde Europa (de la que tiene larga experiencia), aquella tiene mucho más peso y posibilidades que la segunda. De aquí que propugne un Estado de corte federal, que es la doctrina de la izquierda.

Convendría, tal vez, que, pese a las evidentes dificultades de un rumbo federalista, el expresident Pujol siga “revisionándose a si mismo” en esta línea.

 

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