Martes, 4 de Enero de 2011

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Más diálogo Cataluña España

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España es plural y Cataluña es plural. Y en su pluralidad, España tiene una identidad. Como Cataluña tiene una identidad, en su pluralidad y dentro de la pluralidad estatal. Si se reconoce este hecho real de identidades y pluralidades, será posible entenderse y convivir en paz y progreso. De lo contrario, la tensión será permanente y bloqueadora para ambas.

Artur Mas, nuevo president de Cataluña, ha vuelto a suscitar la cuestión, en su discurso de fin de año. Lo ha hecho de forma reivindicativa y apelando a las emociones. Pero ha reconocido, de alguna manera, este juego de identidades y pluralidades. Esto puede abrir un camino para un nuevo diálogo Cataluña-España, después de los históricos fracasos en este sentido.

Ha reconocido expresamente que Cataluña acumula “sensibilidades culturales o nacionales diferentes o mezcladas". Y que estamos en "una democracia consolidada que compartimos con el resto del Estado". Sobre este telón de fondo, reabrir un diálogo fructífero es posible y necesario, como se he intentado otras veces. Diálogo que, como en otras ocasiones, deberían iniciar los intelectuales, como viene insistiendo, entre otros, el fino pensador y escritor catalán que es Josep Maria Puigjener.

Se trata, para comenzar, de conocerse más. De que castellanos y catalanes empecemos soltando el lastre de tantos tópicos, históricos y actuales, que impiden, a unos y a otros, vernos como realmente somos. Y, después, desde los respectivos puntos de vista, esforzarnos por entender la forma de ser de unos y de otros. Y desde aquí, meternos en la piel - histórica, cultural, de mentalidad e idiosincrasia- del otro.

Durante algunos años -lo comprobé personalmente viviendo en Madrid- ser catalán era especialmente valorado, casi como un mérito, por todos; casi equivalía a poseer un cierto "master" en seriedad, trabajo y rigor. Años después (quizás en el último mandato de Jordi Pujol) se fue perdiendo. Entonces, aparecieron las mutuas campañas mediático-políticas de animadversión, que rápidamente se fueron generalizando por diversos motivos atribuibles a todos.

Remontar esto no será fácil, pero hay que volver a intentarlo, de buena fe y con buena voluntad. Con absoluta sinceridad por ambas partes. Sin que nadie crea que debe convencer o imponerse al otro. Fueron ridículos aquellos proyectos de organizar comisiones y caravanas político-culturales catalanas para recorrer la geografía española para "dar a conocer Cataluña". Y, además de ridículos, contraproducentes y un costoso fracasado. No es eso.

Pienso que en esos encuentros, que reclamo, de intelectuales de alto nivel de catalanes y castellanos, y en los planteamientos que se hagan en los debates mediáticos, las cuestiones debían ponerse con toda su crudeza sobre la mesa, y analizarlas lo más objetiva y fríamente posible por todos los interlocutores. Sin afán de superioridad de nadie, sin prejuicios y sin pretensiones que vayan, de momento, más allá de conocernos mejor, en lo bueno y lo malo, y analizarlo desapasionadamente, en sus raíces, causa y efectos,
En este primer gran intento, los políticos debían quedar al margen todo lo posible. El campo de encuentro debiera ser el intelectual y de los expertos, sin militancias activas
Y no estaría de más que se empezara poniendo sobre la mesa, o en la picota, para su contraste y un análisis en profundidad, algunas de las afirmaciones que el president Artur Mas ha introducido en su discurso. Por ejemplo, las tres siguientes, sin duda polémicas y de hondo alcance intelectual y político:
- “Las incertidumbres y las amenazas también se ciernen sobre nuestra realidad nacional catalana. La incomprensión, y más de una vez hostilidad, a nuestra personalidad colectiva y nuestra identidad cultural y lingüística deberían haber quedado definitivamente superadas en una democracia consolidada como la que compartimos con el resto del Estado".

- “Cualquier aspiración de más autogobierno es presentada como un privilegio; cualquier demanda de un trato fiscal más justo es rápidamente calificada de poco solidaria; cualquier acción de afirmación de nuestra cultura o nuestra lengua es catalogada como un afán de encerrarse en nosotros mismos como si fuéramos un pueblo de mentalidad provinciana”.

- “Cataluña desea más autogobierno porque quiere la libertad; Cataluña aspira a un trato fiscal más justo porque valora el esfuerzo; Cataluña sabe que su identidad se fundamenta sobre todo en su cultura, y a la vez tiene un afán permanente de proyectarse y darse a conocer de puertas afuera”.

¿Agudos pensadores y expertos, de uno y otro lado, recogerán el guante, para debatir esto y más, sin prejuicios de nadie, y con serenidad, razonamientos y profundidad?

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