Viernes, 19 de Agosto de 2011

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Batasuna: “por imperativo legal”

wifredo-F-Jordi-PuigWifredo Espina

Si nadie ha cuestionado nunca, hasta ahora, los juramentos o promesas “por imperativo legal” de acatar la Constitución de algunos políticos, diputados y senadores -cosa bastante sorprendente-, será difícil ahora cuestionar la “condena de la violencia, incluida la de ETA” , también por “imperativo legal” –aunque no utilice esta formula literal- que hace de forma solemne el nuevo partido de Batasuna.

Su imperiosa necesidad de entrar en el juego político para lograr o avanzar en sus fines, impedida por la Ley de Partidos Políticos a los que no condenan y rechazan la utilización de la violencia, hace irremediable que la nueva fuerza abertzale decida pasar formalmente por el aro legal. Quedarse fuera es condenarse a la inoperatividad política práctica. Esta fórmula, que mejora radicalmente los anteriores intentos, tampoco parece ser ética, pero puede resultarle más útil, política y económicamente, si los tribunales le dan el plácet.

Este nuevo planteamiento estratégico no lo hace solo “por imperativo legal”, sino también por imperativo real, es decir, porque no tiene otra salida ya que la inmensa mayoría de la sociedad rechaza la violencia para conseguir fines políticos. Y, además, la experiencia de tantísimos años sin haber conseguido sus propósitos con estos métodos, no solo ha aumentado su rechazo generalizado, sino que ha llevado al debilitamiento claro de las fuerzas que propugnaban o respaldaban abiertamente la violencia.

Por otra parte, una democracia no puede excluir de su seno a unos miles de ciudadanos que dicen solemnemente comprometerse a respetar sus normas, por simples sospechas sobre su sinceridad. Otra cosa será que haya razones e indicios claros, verificables, de que se actúa con engaño y alevosía, de que estamos ante un “caballo de Troya” de ETA. Esto le toca a la Justicia verificarlo y valorarlo. Por esto estamos en un Estado de derecho.

También es posible que un Gobierno muy debilitado y desprestigiado, con una crisis económica que le ahoga, tenga interés en promover y aprovechar estas maniobras legales, para apuntarse un tanto político en un tema especialmente sensible como es avanzar –o que lo parezca- hacia el fin del terrorismo. Un sutil juego de intereses por ambas partes, que se entrecruzan en este caso. La veracidad y la prudencia debieran predominar para no dar pasos en falso, sin renunciar a los principios democráticos.

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escrito por O. Colis, febrero 09, 2011
Durante la formación de los partidos políticos, tras la muerte de Franco -que no del franquismo, porque no ha muerto- muchos de los torturadores, asesinos, extorsionadores y leales (inquebrantables) a la dictadura formaron parte de las listas de los partidos de derecha, algunos de ellos aún viven, y acataron aparentemente la Constitución por imperativo legal. Siempre creyeron que más tarde o más pronto acabarían con ella y con el régimen de libertades que se estaba gestando. Con los mismos argumentos que ahora, aquellas vozarronas del franquismo más retrógado, aquellos fascistas tolerados por todos nosotros, no querían permitir la inscripción del Partido Comunista de España, exactamente igual que ahora quieren impedir que la mal llamada izquierda abertzale (el nacionalismo es siempre antiinternacionalista, por definición, y por lo tanto no puede adscribirse al pensamiento de izquierda) entre a formar parte de los partidos legales en la España de las Autonomías. Es verdad que aquellos fascistas y estos nacionalistas radicales euskaldunes siempre creyeron y creerán que se pueden cambiar las normas a través de la presión, incluida la de las armas, pero no podemos ponernos a su altura e impedirles que se aprovechen de las libertades que ellos nunca nos concederían, porque si actuáramos así tendríamos que suponer que han empezado a vencernos. Decenas de miles de vascos creen que sólo el nacionalismo radical les interesa, de la misma forma que cientos de miles de españoles, incluidos algunos vascos, creen que se debiera haber fusilado a Carrillo según pisó el suelo patrio, a finales de los años setenta, e instaurado un posfranquismo con los Principios Generales del Movimiento como Constitución. Seguramente todavía hoy hay muchos más nacionalistas españoles que piensen así, que nacionalistas abertzales vascos sosteniendo su ideario independentista tutelado por ETA. El resto, muchos millones de españoles constitucionalistas, no podemos impedirles que formen partidos y se presenten a las elecciones, aunque juren o prometan la Constitución por imperativo legal. Este debe ser un requisito indispensable, que se comprometan a respetar nuestra ley de leyes, que es en donde estamos nosotros, la gran mayoría. Que se atengan a las consecuencias legales de no cumplir lo que prometen o juran. Estas son nuestras armas.

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