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Martes, 5 de Junio de 2012

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Otro agujero negro en la memoria: homenaje de urgencia a Antonio Tabucchi

Tabucchi-Antonio

Mercedes Arancibia

En Jávea, de vacaciones frente al mar de los pescadores y lejos de la playa de los turistas, una noche del verano de 1995 un amigo me dejó un libro antes de irse a dormir. Abrí por la primera página y leí: “Sostiene Pereira que le conoció una noche de verano”. Eran las cinco pasadas de la madrugada cuando llegué a la última línea de la página 178: “Era mejor darse prisa, el Lisboa saldría dentro de poco y no había tiempo que perder, sostiene Pereira”.

Solo en muy contadas ocasiones he leído un libro de un tirón; solo muy pocas veces un libro y un autor –Antonio Tabucchi- me ha enganchado de tal forma que no había nada más importante que terminar de leerlo, ni siquiera el sueño superado después del tercer capítulo porque lo fundamental aquella noche de verano que compartíamos Pereira y yo, mirando a dos mares diferentes aunque no tanto porque al final coinciden en el Estrecho, lo fundamental digo era acompañarle en su recorrido por Lisboa y por una vida escondida primero en el fondo de la redacción de un periódico, en la denostada sección de sucesos, donde ningún periodista querría verse nunca confinado mientras a su lado pasaban la resistencia al salazarismo, la guerra civil española y el fascismo mussoliniano, y después logrando un trío intelectual muy estimulante con el joven Monteiro Rossi y su novia, dando forma a una página cultural y descubriendo casi todo lo que hasta entonces se había perdido de la vida.

LIB-sostiene-PereiraUna novela como Sostiene Pereira justifica una carrera de escritor. Desde aquella primera lectura hasta hoy, que en mi mesilla espera turno Viajes y otros viajes –el último libro de Tabucchi publicado por Anagrama-, hemos hecho el resto del viaje juntos: él escribiendo con regularidad, yo leyendo sus obras, ahora ya sosegadamente, paladeándolas, disfrutando una prosa hermosísima y unos personajes inolvidables, descubriendo pasajes ignorados de la pequeña historia portuguesa y europea más reciente, la historia que se escribe con minúscula y protagoniza el héroe anónimo que gana diariamente la batalla de seguir respirando en un mundo injusto, recuperada por un italiano de nacimiento y luso por voluntad propia: Pequeños equívocos sin importancia, El ángel negro, Réquiem, La cabeza perdida de Damasceno Monteiro, Tristano muere, Se está haciendo cada vez más tarde…, en 2003 Autobiografías ajenas, de nuevo un reencuentro emocional con el autor que había escogido un título muy parecido a otro que me resulta muy familiar (Vidas ajenas, F. Martin caballero, Madrid 1914) y en los últimos tiempos se repite en la literatura y el cine, como afirmándose, como reivindicando que aquel volumen un poco torpe, escrito por un “plumilla de provincias”, fue el primero de entrevistas que vio la luz en este país.

Ahora de pronto, en este 25 de marzo de 2012, Tabucchi se ha marchado para siempre. Ya nunca esperaré otro libro suyo. Menos mal que en la mesilla, entre los libros de cabecera, me queda Pereira.

Otro agujero negro en la memoria: homenaje de urgencia a Antonio Tabucchi
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