
Manuel López.- Indómito, irreverente, imprevisible, “ingobernable”, impertinente, siempre genial, Jorge Rueda fue uno de los “artistas invitados” en el tercero de los ocho Seminarios “Jóvenes Fotógrafos” que se celebraron entre 1986 y 1993 en el marco de los Encuentros Internacionales de Juventud de Cabueñes (Gijón, Asturias), pioneros Cursos de Verano de Fotografia del Instituto de la Juventud que me cupo el honor de dirigir. (En esa edición, asistido por Ángel Marcos y Luis Valenciano; en las anteriores lo hizo Mariajo Cavadas y en las siguientes lo haría Alejandro Castellote).
En esa ocasión, 1988, opté por un cóctel ciertamente dispar de ponentes: el maestro Francesc Català-Roca, el fotodocumentalista norteamericano John Kimmich y el surrealista Jorge Rueda. Al lado del pozo sin fondo de filosofía fotográfica del más puro sentido común de Català-Roca en los relatos mil de sus andanzas por España cámara en ristre en los cincuenta/sesenta y la vitalidad reporteril explosiva pasada con vocación de encendido rigor académico del fotógrafo-profesor Kimmich, Jorge era el vivo ejemplo de “ni esto ni aquello, sino todo lo contrario”.
Costó lo suyo convencerle para que, antes de emprender el viaje a Gijón desde Alozaina, un pueblo perdido en la Sierra de las Nieves en la Málaga profunda donde vivía sin teléfono, me pasara los datos de rigor para todo contrato: segundo apellido, preferencias de transporte y horarios y demás. Las conversaciones telefónicas eran una odisea en toda regla. Había que llamar al bar, contarle el asunto al tabernero para que a su vez pusiera sobre aviso a Jorge cuando pasara por el bar… quién sabía a qué hora… si ese día le cuadraba pasarse.
Pidió una modelo profesional para hacer fotos de desnudos en exteriores. Se le consiguió. No sé si fue la primera vez que en un documento oficial de la Administración figuraba tal capítulo de propuesta de contratación, con la correspondiente explicitación de la naturaleza del gasto. Lo pude arreglar con el funcionario responsable como mejor pudimos. La sorpresa fue luego la localización de la sesión: en pleno patio del imponente complejo de la antigua Universidad Laboral de Gijón, actual LABoral Centro de Arte y Creación Industrial, el edificio más grande de España con sus 270.000 metros cuadrados. La hora, como no podía ser de otro modo, la de mayor tráfico de personas: la de la entrada al comedor.
Detrás del enfant terrible de Nueva Lente en los años ochenta y el lúcido director artístico de Aquí Imagen, un lujo de revista que editó Alberto Murias (Establecimientos Aquí, de Madrid) en los años ochenta, se escondía el reportero más valiente que pude conocer. Fue uno de los secretos mejor guardados por sus amigos: Jorge Rueda es el autor de las fotos acongojantes de viejos falangistas mostrando sus pistolas debajo de las chaquetas en una de las concentraciones de apoyo a Franco en la Plaza de Oriente los Primeros de Octubre, el de 1970, creo recordar. Nos las vino a ofrecer a Cuadernos para el Diálogo en 1976 por un precio alto, pero razonable, con la condición de que no apareciera su firma. Sabía perfectamente que su vida corría peligro.
Quise comprarle la serie, pero la crisis que se me llevó FOTO por delante se empecinó en abortar la operación. Quien quiera que tenga alguno de los juegos de copias que positivó con todo primor en su retiro del mundanal ruido en Alozaina, haría bien en cederlas para su publicación. Son el alegato más contundente que conozco contra el fanatismo de los violentos armados. Para justificar el precio, Jorge no dejaba de recordarme que tenían doble fijador y “eliminador de hiposulfito”, lo que les confería calidad museística.
Confieso que calculé mal la jugada con el Premio Nacional de Fotografía cuando formé parte del jurado de la primera edición en 1994. Pensé que los jurados que vinieran después repararían “lógicamente” en autores como Jorge Rueda, al que por aquel entonces tan sólo le faltaba la exposición antológica Human que le habría de hacer el Centro Andaluz de la Fotografía (CAF) en 2007. No fue así. Los PNF se lo perdieron, pero la Historia de la Fotografía ahí le tiene como uno de los grandes de todos los tiempos. Descansa en paz, irrepetible artista.

escrito por magda, noviembre 29, 2011
escrito por August, noviembre 23, 2011
Sobre su testamento:
Si es cierto lo que dice Eloy, pues así sea, sus razones tendría y si tanto interés tenían sus fotos y su figura, en una vida de 68 años hay tiempo suficiente para haber sido generoso con el y haberlo hecho ya hace tiempo. Ya está bien de que a los artistas solo se les reconozca y se les ponga en el lugar adecuado, cuando ya no hay que negociar con el.
Este país y en especial el colectivo fotográfico y artístico, estará en deuda con Rueda, eternamente.
Saludos.
escrito por Manuel López, noviembre 22, 2011
Sé lo tozudo, lo científica e "irrevocablemente" concienzudo que era Jorge, pero...
...sus imágenes, y muy especialmente las de la Plaza de Oriente, son ni más ni menos que Historia ignota de España...
Tratándose de Jorge Rueda, todo es categóricamente "irrevocable"... "de aquella manera"...
De ser yo albacea... ¡me lo pensaría, créeme! España le debe el tributo del homenaje y la memoria permanente a su impagable aportación como fotógrafo irrepetible.
Él fue el iconoclasta perfecto. Si yo fuera albacea suyo, me aplicaría el mensaje, créeme. No es el primer gran maestro de la fotografía que pide que quemen sus archivos... para que en última instancia sean salvados para la memoria colectiva.
Con la "autoridad" que pudiera darme el hecho de haber sido uno de los miembros del jurado de la primera edición del Premio Nacional de Fotografía y admirador confeso de la obra de Jorge, pido sinceramente a los albaceas que intenten leer entre líneas lo dispuesto en su testamento por un genio que si en algo no creía era precisamente en papeles "oficiales"...
escrito por Eloy Rueda Muñoz, noviembre 21, 2011
En su testamento dice:
"Los archivos fotográficos en forma de clichés, diapositivas y fotografías de cualquier tamaño, repartidos en diversos lugares de mi domicilio, sean concienzudamente quemados y/o destruidos por mi albacea, junto al material informático, formado por ordenadores, discos duros portátiles, CD y DVD, debiendo sólo respetarse los catálogos, libros y publicaciones impresas.
En lo referente al Premio Nacional de Fotografía, un día le pregunté su parecer, y me contestó:
-Bien, pero a mi no me lo darán nunca, no soy bien visto por ciertas personas, no me quita el sueño.
Eloy Rueda
escrito por Rocio, noviembre 20, 2011
amen Nuria!
qué buena foto!
escrito por Nuria Gras, noviembre 19, 2011


En la maleta mayor de sus archivos,encontramos un papel en el que figuraba el motivo por que la quema debía realizarse: "para que las alimañas carroñeras que me acosaron en vida no se aprovechen de mis despojos"