Sábado, 14 de Abril de 2012

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¡Clint, dispara! De cuando pueblos españoles pertenecían al salvaje Oeste americano

Clint-dispara-portadaConrado Granado Vecino

Aunque haya gente a la que pueda parecerle extraño, algunos pueblos de España formaron parte durante años del Oeste americano. Del salvaje Oeste, aquel de rudos vaqueros que entraban en el saloon mirando de soslayo al personal y escupiendo por el colmillo; forajidos de baja estopa, cazadores de recompensa y gentes de mal vivir; podría decirse que era lo peor de cada casa.

Uno de esos pueblos fue el madrileño de Colmenar Viejo, que podía estar situado, para orientarnos, entre Texas y California, cerca de El paso y al otro lado de Río Grande. Estamos hablando de la geografía cinematográfica, naturalmente. Y es que en este pueblo, en Colmenar Viejo y pueblos de alrededores, se rodaron en los años sesenta gran parte de tres películas que marcaron toda un época en este género, abrieron el grifo de las películas de vaqueros rodadas en Europa que bajo la denominación de spaghetti western, se hicieron en aquellos años, llenando las salas de millones de espectadores.

Películas míticas del género, como Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. Y junto a ellas tres nombres que han pasado a la historia del séptimo arte partiendo de esta llamada trilogía del dólar, cada uno en su especialidad. Sergio Leone, como director; Ennio Morricone, como creador de bandas sonoras de dichas películas, y Clint Eastwood como actor de cine. Cada uno de ellos por separado es toda una leyenda, y por diversas circunstancias coincidieron en unos rodajes en los que nadie apostaba por ellos, haciendo unas películas que algunos no las consideraban del tipo B, sino más bajas todavía, del C. De ahí la sorpresa de su arrollador éxito.

La Asociación Colmenar Viejo, Tierra de Cine, ha querido hacer un homenaje a aquellos tiempos y a esta su tierra, donde se rodaron tantas y tan famosas películas, editando el libro “¡Clint, dispara”!, en el que se recoge una exhaustiva documentación salpicada de anécdotas sobre estas tres famosas películas conocidas como la trilogía del dólar, además de muchos otros datos sobre el cine y superproducciones que se rodaron en España en aquella época gloriosa del celuloide de los años sesenta y posteriores. La obra ha contado con la colaboración de un grupo de expertos en la materia, al frente de los cuales ha estado Víctor Matellano, quien además de un enamorado del cine es escritor cinematográfico y guionista, alternando estas facetas con la dirección escénica y la realización audiovisual. Editado por T & B Editores, “¡Clint, dispara!” es una obra que ayuda a comprender lo que fue y significó en su día en cine rodado en nuestro país y en dos parajes principales como escenarios: Colmenar Viejo y pueblos limítrofes, y el almeriense pueblo de Tabernes.

Clint-dispara-poblado

Sus cerca de 400 páginas están salpicadas de historia cinematográfica de las películas rodadas en España, y sobre todo de anécdotas de todo tipo. Para empezar, hay que decir que el género spaghetti western era un cine no pobre, sino paupérrimo. El protagonista de la trilogía, Clint Eastwood, era incluso el hombre sin nombre, no sabemos si para ahorrar ponerle nombre o porque lo exigía el guión. Según escribe Matellano, “hay que recordar que en Por un puñado de dólares Leone no pudo hacer lo que quiso porque no había medios. Se detuvo el rodaje en varias ocasiones por impago del equipo, del decorado y del propio protagonista, cuestiones que dirimía el coproductor español llevando in extremis cajas de zapatos con dinero al rodaje… Si nos hablan ahora de un rodaje de Eastwood nos aborda directamente un pensamiento idílico, pero lo cierto es que la estrella no tuvo roulote, ni agua mineral, tuvo que compartir caballo y coche, el único coche de producción con los actores…”. Es decir, que el hoy gran actor y director Clint Eastwood bebería en botijo, comería su bocadillo y orinaría detrás de un peñasco, como todo el mundo… Además, se le contrató porque al ser un actor que comenzaba era el más barato (15.000) dólares, frente a los 20.000 ó 25.000 que pedían otras estrellas ya consagradas. Hoy posiblemente cobraría 15 millones de dólares…

Todo el inglés que sabía Sergio Leone era decir “Goodbye”, y todo el italiano de Eastwood consistía en balbucear “Arrivederci”. Así que tenían que entenderse en el rodaje a través de una chica polaca que había aprendido el inglés de los americanos al final de la Segunda Guerra Mundial. Pero es que además se daba la circunstancia de que a veces había en escena a la hora de rodar actores de cinco nacionalidades distintas que ninguno hablaba el idioma del otro, y aquello era de traca.

Sobre las peripecias en los rodajes del spaghetti western, el mismo Clint Eastwood escribe en “¡Clint, dispara!”: “Era divertido, porque tú estabas haciendo una escena y detrás de la cámara podías ver a un par de tíos jugando al frisby, o gesticulando, o contando chistes y podías escuchar a la gente hablar, y te distraía mucho…”. Y sobre el presupuesto de este tipo de películas, el actor y hoy gran director afirma: “Tenían un presupuesto muy ajustado. Disponían de dinero alemán y español, y dinero italiano. Estas tres partes estaban constantemente peleándose entre ellas por quién iba a pagar el qué. Algunas veces rodábamos una secuencia dos o tres veces porque estaban paranoicos…”.

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El día de la presentación del libro en Colmenar Viejo asistieron diferentes profesionales que habían trabajado en el género en aquellos gloriosos años. Actores, escenógrafos, decoradores, dobladores, etcétera, que contaron anécdotas que hoy parecen divertidas, pero que en aquellos tiempos eran reales como la vida misma. Como cuando llegaron un lunes a rodar y habían desaparecido las ventanas del pueblo del Oeste porque la productora no pagaba a los decoradores… Y claro, sin ventanas no se podía rodar, ya que a través del hueco solo se veía el cielo… El actor Conrado San Martín, quien trabajó en esta época, contó que hizo de cicerone de Clint Eastwood en Madrid, y fueron una noche a cenar los dos actores y el director Sergio Leone, con sus esposas, y Eastwood no movió un músculo del rostro en toda la noche; debía ser seco como la mojama. El actor Francisco Valladares, quien puso la voz en español al actor norteamericano, manifestó divertido que odiaba a Clint Eastwood porque era muy difícil doblarle, ya que no movía un músculo de la cara, y no había manera de acoplarle la voz…

¡Clint, dispara!” puede considerarse una pieza para coleccionistas, al tiempo que un manual al uso para conocer los entresijos de un industria, la del cine, en la que, aparte de la trilogía de los duros cow boys del spaghetti western, también se rodaron en España muchas otras películas, como 55 Días en Pekín, La caída del Imperio romano, El coloso de Rodas, Pompeya, El Cid, Lawrence de Arabia, y tantas otras.

 

¡Clint, dispara! De cuando pueblos españoles pertenecían al salvaje Oeste americano
Comentarios (2)Add Comment
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Western de Leone
escrito por Antonio Ruiz, abril 03, 2012
Hola, mi nombre es Antonio Ruiz Escaño, fuy el Actor niño de la Muerte tenia un precio y el Bueno el feo y el malo, entre otras. También tuve el honor de rodar una pelicular en el Colmenar viejo, siendo esta Villa Cabalga.
El reportaje de la historia del Western como homenaje, es estupendo.

Saludo.
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¡Clint, Dispara!
escrito por Abel Manríquez, febrero 10, 2012
Muy buen artículo de lo que se ve es un buen libro. Me encantan esos western de la trilogía de Leone, porque son esencialmente talento cinematográfico, actuaciones centrales muy buenas, excelente montaje, una banda sonora más que incidental; y nada de efectos especiales y de todas esas cosas grandiosas que requieren de un enorme presupuesto que ellos no tenían ni en sueños.
Leone aportó un ritmo y forma de contar la historia no convencional al western conocido; utilizó muy bien los primerísimos planos; magnificó el sonido y eco de los disparos; el "jovencito" no era ni bueno ni malo sino que ambas cosas a la vez o bien dudoso en sus valores y moral; los "malos" y otros se veían sudorosos, barbones, sucios, mugrientos (y no como en el western convencional de EE.UU. en que los "jovencitos" se veían impecables y peinaditos incluso luego de una persecución. El ritmo en "El Bueno, el Malo y el Feo", es arrollador en sorpresas para el espectador.
Creo que la banda sonora de Morricone, es mucho más, en esa trilogía Leone, que en otras creaciones. Aportaba tremendamente a la imagen y uno se quedaba con su recuerdo vibrando en los oídos muchos después de haber visto la película.

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