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Miercoles, 14 de Noviembre de 2012

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Carlos Fuentes, más de medio siglo mirando a la Historia que fluye

Carlos-FuentesLa literatura
es un arte inigualable
que relata la vida real
de una comunidad”.

Mercedes Arancibia

En la novela La Voluntad y la Fortuna (Alfaguara México 2008), Carlos Fuentes hace “hablar” a una cabeza cortada en una playa del Pacífico: "Soy la cabeza degollada número mil desde el comienzo del año en México. Soy uno de los cincuenta decapitados de la semana, el séptimo del día y el único en las últimas tres horas y cuarto...". ¿Cuánto hay de “creación” del escritor en este párrafo? Seguramente no demasiado. Los mexicanos llevan años conviviendo con una sucesión de homicidios bárbaros, con cabezas cortadas que alternan en la vía pública con cuerpos desmembrados.

Autor de una obra tan poética como política escrita a lo largo de más de sesenta años, el elegante diplomático desdoblado en escritor, fundador de la Revista de Literatura mexicana, autor de novelas emblemáticas como La muerte de Artemio Cruz o Terra Nostra, siempre comprometido con la izquierda de esa sociedad que es la suya, siempre controvertido, cabalgó por el periodismo, la narrativa, el ensayo e incluso el panfleto, montado en la sátira, el onirismo y el realismo incluso exacerbado; retratando con palabras el presente, el pasado y hasta la cara oculta de la realidad mexicana. Ahora, en la mitad de este mayo indignado de 2012, los medios literarios internacionales despiden a un “monumento de la literatura” latinoamericana.

En la segunda mitad del siglo XX - escribía Ana Pellicer en el número especial que le dedicó Cahiers de l’Herne en 2006, y ahora reproduce Rue 89- Carlos Fuentes asume a la perfección el rol del intelectual total. Camaleónico, seductor, se le encuentra, como un pez en el agua, implicado en todos los acontecimientos decisivos de la historia del continente (e incluso más allá). Dotado de una inteligencia aguda y un indiscutible talento creador…”, siempre en contacto directo con su época “omnipresente en todas citas ineludibles, ya sean literarias, políticas o sociales”.

Mencionado siempre como “candidato al Nobel”, Premio Rómulo Gallegos en 1977 y Premio Cervantes en 1987, Legión de Honor en 1992, una primera novela, La región más transparente (1958) le proporcionó notoriedad internacional cuando solo tenía treinta años. Hijo de una inspectora escolar y un diplomático, nació en Panamá y tuvo una infancia de constantes viajes y traslados, lo que le convirtió en el gran cosmopolita que ha sido durante toda su vida. En los años ’70 fue durante cinco años embajador de México en París, la segunda mitad de su vida la ha pasado en Londres pero siempre fue un escritor profundamente mexicano. Para el autor de Cambio de piel (1967), La cabeza de la hidra (1978) y Gringo Viejo (1985, un espléndido Gregory Peck le puso cara en el cine), la única cosa que se mantiene en pie en cualquier situación, por desastrosa que sea, en América Latina, es la continuidad de su cultura. Precisamente, en esa continuidad cultural es donde hay que inscribir la obra de Fuentes, tanto cuando se trata de artículos en publicaciones de medio mundo, como cuando hablamos de novelas, obras, teatrales, ensayos, guiones (trabajó con Luis Buñuel, escribió un western con Gabriel García Márquez), y en toda la obra una constatación: sin los libros desaparecen el pasado, el futuro y el ser humano.

Es de la vieja escuela, de la que cree que el intelectual y la literatura tienen un papel asignado en su tiempo: ordenar el caos, ofrecer alternativas a la desesperación y dar un sentido a las ideas. Por eso formó parte de organismos internacionales, participó en debates internacionales sobre ciencia y desarrollo, y sobre cooperación económica en el marco del diálogo Norte-Sur, inauguró la cátedra Robert F. Kennedy en Harvard, creó revistas, editoriales… siempre con el hombre situado en el centro de gravedad del mundo, siempre integrando al individuo en el fluir de la historia colectiva.

Decía que “uno de los dramas del mundo moderno es haber reemplazado el sentido de lo trágico por un espantoso maniqueísmo que no puede ayudar al ser humano, ni en su vida privada, ni en la Historia en que se inscribe, porque el punto de vista de ese maniqueísmo reductor fabrica la exclusión”, y que “la mentira, insoportable en la vida moral y política, es aceptada como factor de creación en la vida literaria”. En el discurso que pronunció en noviembre de 2004, en Guadalajara, con ocasión de la entrega del Premio Juan Rulfo a Juan Goytisolo, habló de “nuevo lenguaje” y “viejas culturas” y recordó que “las exigencias literarias de siempre requieren una imaginación deudora de la creación anterior aliada a una tradición deudora nueva imaginación creadora”.

Carlos Fuentes quería escribir la historia imaginaria del mundo, convertir su obra en la memoria del tiempo, ser «Don Quijote contra Hamlet. El segundo piensa que la literatura no son más que palabras carentes de sentido, el primero que puede cambiar la vida» ( Le Monde). En 2008, cuando se le dedicó un homenaje nacional al cumplir 80 años, explicaba que “hay que tener mucho miedo de escribir. Porque no es un acto natural como comer, o hacer el amor. En cierta manera es un acto contra natura. Es decirle a la naturaleza que ella no basta, que se necesita otra realidad, la imaginación literaria”.

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Carlos Fuentes, más de medio siglo mirando a la Historia que fluye
Comentarios (1)Add Comment
0
Carlos Fuentes
escrito por Javier Sandoval, mayo 21, 2012
Le conocí en Formenor hace veinte años. Gran artículo Merecedessmilies/smiley.gif

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Última actualización el Viernes 18 de Mayo de 2012 23:37