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Martes, 13 de Noviembre de 2012

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Cuando América influyó en la formación de Europa

Tito Drago (IPS/Madrid).- América influyó en la formación de Europa miles de años antes de que Cristóbal Colón hiciera su primer viaje trasatlántico, afirmó el periodista e historiador peruano Ricardo Ñique Cornelio, en una reunión celebrada en el centenario Ateneo de la capital española.

Sobre las relaciones entre ambas regiones, Ñique Cornelio dijo a IPS que coincide con unas palabras del ensayista, historiador, diplomático y político colombiano Germán Arciniegas (1900-1999), quien afirmó que "se habla mucho de la influencia de Europa en la formación de América y muy poco de la influencia de América en la formación de Europa".

Añadió que Arciniegas siempre precisaba que no se podía imaginar una comida en Europa sin papa, tomate, maíz o frijoles, todos productos de plantas originarias de América.

Antes de que existiera el Imperio Incaico, agregó el periodista, había plantas, como el maíz, que "era una gramínea que florecía, pero no daba grano". Fueron "los genetistas preincas quienes lograron que produjera el choclo o el elote, la mazorca y las distintas variedades de maíz, en el Valle de la Convención", en el departamento peruano de Cuzco.

Por eso dijo coincidir con el profesor italiano Antonio Melis, de la Universidad de Siena, quien señaló que hay mucho que aprender de los Incas, de su sistema comunitario, del respeto al ambiente, "un Imperio que contaba con expertos biólogos, ingenieros, agricultores que cultivaron la tierra hasta los 5.000 metros de altura y que combatían a las plagas con métodos naturales".

Recordó lo dicho por Alexander von Humboldt, geógrafo y explorador alemán que recorrió toda América a comienzos del siglo XIX y que fascinado por la riqueza minera de Perú asumió la frase de su colega italiano Antonio Raimondi en la que éste afirmó que ese país "es un mendigo sentado en un banco de oro".

Ñique Cornelio, secretario general de la Célula Aprista Víctor Raúl Haya de la Torre de Madrid, fue entre 1958 y 1979 secretario privado de este líder peruano, fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) a nivel continental y del Partido Aprista Peruano a nivel nacional.

Para honrar la memoria de Haya de la Torre (1895-1979) entiende que se debería formar un gobierno nacional en las próximas elecciones que recoja su legado político y social en bien de su pueblo y por la unidad de América del Sur, porque "es indispensable para salir adelante".

Sobre la posibilidad de concretar esa unidad se manifestó algo optimista Enrique Borcel, presidente del Observatorio Hispano Argentino de Madrid, quien declaró a IPS que hay tres países que deberían asumir su responsabilidad a ese respecto, Argentina, Brasil y Venezuela, que son las economías más importantes de América del Sur.

Además destacó que ya existe la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), que agrupa a los 12 países de la región, por lo que no es necesario crear nuevas instituciones sino dotar a esa de los fondos, recursos y políticas suficientes para que la unidad se convierta en un hecho.

En la misma reunión del Ateneo, Ñique Cornelio presentó un ejemplo de como América influyó positivamente en Europa, con el viaje de americanos a Europa y el traslado de estatuas, plantas y otros elementos, todo ello miles de años atrás.

Sobre este tema fueron importantes las investigaciones efectuadas a partir de 1976 por el matemático boliviano Iván Guzmán de Rojas, que llevó a conocer la lengua indígena aymara, que se hablaba a orillas del lago Titicaca, en lo que hoy es Bolivia y Perú, hace más de 4.000 años y que en la actualidad hablan dos millones de personas en esos dos países y en las zonas norteñas de Chile y Argentina.

Ese idioma tiene una estructura matemática, es bisilábico, o sea que todas sus palabras son cortas, de dos sílabas, y tiene una lógica trivalente. En el español y otras lenguas la lógica es bivalente, o sea que indica que algo es verdadero o falso. El aymara indica tres: verdadero, falso o incierto.

Lo más importante es que su sintaxis es aplicable para desarrollar matrices de algoritmos sintácticos, ese lenguaje que entienden los ordenadores. En los traductores informáticos que se utilizan a partir de otras lenguas solo se pasa de un idioma a otro, pero con el atamiri se pueden simultanear varios idiomas. De esta manera se reduce 10 veces el tiempo de la traducción y de su coste.

Guzmán de Rojas documentó con datos fidedignos que el atamiri fue precursor de las lenguas europeas, asiáticas y africanas, rompiendo además la versión histórica de que fue Colón quien hizo los primeros viajes de un lado al otro del océano Atlántico.

Ñique Cornelius recordó dos citas que en sus obras incluyó Guzmán de Rojas, una del historiador Augustus Le Plongeon (1825-1908) y otra del profesor inglés James Churchward (1851-1908).

Le Plongeon escribió el libro "Los misterios sagrados entre los Mayas y los Quicés" y documentó que los primeros difundieron en el mundo su civilización hace más de 11.500 años.

Churchward afirmó que Jesús, al ser crucificado, habría hablado en aymara. Eso aclararía las palabras que pronunció en sus últimos momentos y que están en San Mateo XXVII, versículo 46: "Eli!, ¿Eli!, Lamma sabachtani...!", lo cual traducido con el atamiri queda como "Díos mío, Dios mío, ¡Cómo me has glorificado!" y no lo que se usa habitualmente: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?".

Otro boliviano, Emeterio Villamil de Rada, a mediados del siglo XIX dedicó cuatro tomos al "Sistema de la Primitividad Americana", en uno de los cuales documentó vocabularios del aymará irradiados a lenguas como la griega, la latina, la inglesa, la hebrea y la tecnología científica.

También sustentó que el paraíso bíblico estaba en Bolivia y que el idioma primigenio de la humanidad es el aymara, que la civilización más antigua de América y del mundo fue ésa y que de allí emigraron los seres humanos hacia el resto del planeta.

Su trabajo fue confirmado en gran parte al descubrirse en 2000 "La Piedra Rosetta de las Américas", un tazón con escritura cuneiforme y protosumeria escrita 3.500 años antes de Cristo, conocido también como "Fuente Magna". Con esto se habría probado la relación de los sumerios con América del Sur y además la existencia de escritura en esta región en tiempos muy antiguos.

Casi inmediatamente después del hallazgo de Villamil de Rada se descubrió en las cercanías del lago Titicaca, a unos 75 kilómetros de La Paz, el "Monolito de Pokotia", encontrándose allí también escrituras similares a la "Fuente Magna".

Recientemente, en la ciudad peruana de Caral se descubrieron pirámides del año 2.600 antes de Cristo, por lo tanto anteriores a las egipcias, y en Chile momias de 10.000 años de antigüedad, o sea también mucho más viejas que las egipcias.

Asimismo el filósofo, sociólogo y antropólogo francés Jacques de Mahieu documentó a mediados del siglo XX que América del Sur fue el escenario del Antiguo Testamento, y como ejemplo puso que importantes detalles arquitectónicos de las catedrales góticas tienen origen en la arquitectura precolombina de esa región.

Otro investigador, el arzobispo Gene Savoy, doctor honoris causa de la Universidad de Yale (fallecido en 2007), descubrió en Perú el complejo arqueológico El Gran Pajaten, donde encontró lanzones de piedra con escritura jeroglífica de data presemítica y demostró que Perú es el Ophir, el lugar donde el rey fenicio Salomón obtuvo el oro para construir el Arca de la Alianza, en la que se guardaron las tablas con los diez mandamientos.

 

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