Jueves, 17 de Mayo de 2012

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El suicidio en los ancianos

José M. Burgos S.

Los índices de suicidio aumentan dramáticamente, especialmente entre los ancianos. Este es un problema muy serio al que casi no se le da publicidad. Pero, ¿qué hay detrás de esta terrible decisión?

La mayoría de los intentos de suicidio no terminan en muerte. Muchos de estos intentos se llevan a cabo en una forma pasiva en que el rescate sea posible. Estos intentos a menudo representan un grito de desesperación en busca de ayuda.

El abandono, el desamor, el dolor físico y la soledad, son factores determinantes para que los ancianos pierdan la ilusión de vivir y opten por terminar con sus vidas.

A veces hay señales que indican la posibilidad de un suicidio, como por ejemplo, regalar las pertenencias; un cambio repentino de comportamiento, cambios de humor sin motivo, pérdida de interés en las actividades que antes disfrutaba; hablar de culpabilidad o desesperación, pero, sobre todo, hablar de la muerte, el suicidio, o el deseo de hacerse daño.

El deterioro del ser humano y los cambios que estos conllevan son parte de la vida. Sin embargo, es muy difícil culpar a alguien que en el ocaso de su vida lo ha perdido todo, y ya no tiene fuerzas para empezar una nueva vida.

Cuando alguien que en su juventud lo tuvo todo y al final se encuentra pobre, enfermo, abandonado, limitado y sin amor, es hasta cierto punto lógico que no le encuentre sentido a su existencia y opte por tomar la terrible decisión de terminar con su existencia.

Para evitar que este fenómeno continúe aumentando, es de vital importancia que las autoridades correspondientes vigilen muy de cerca el trato que se les da a los ancianos que viven en las residencias designadas para personas de la tercera edad, pues en algunas de ellas, los empleados encargados de cuidarlos, con frecuencia pierden la paciencia y los maltratan en lugar de hacerles menos triste la última etapa de sus vidas.

El suicidio en los ancianos
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Mercedes Arancibia
"Discrepo. Poder decir basta tiene que ser un derecho fundamental"
escrito por Mercedes Arancibia, enero 19, 2012
El suicidio asistido de Lucio Magri, imprescindible figura del comunista italiano del siglo XX va a generar, sin duda, un nuevo debate sobre el derecho a decidir el final de la propia vida, el derecho a decir basta. En Italia, y en otros lugares de occidente donde el asunto se topa siempre con el anatema y la inadmisible injerencia de las iglesias y las sectas, fundamentalmente la católica, que confunden el derecho a la vida, primero de los Derechos Fundamentales de todos los seres humanos, con la propiedad que se arrogan sobre las vidas de las personas.
El derecho a una muerte digna lo vienen reclamando insistentemente no solo los enfermos terminales –a quienes no hay razón humana alguna para obligarles a seguir soportando una existencia, que no lo es, hecha de sufrimiento y humillación- sino también sus familiares, forzados no solo al agotamiento físico que supone tener que asistir a esos enfermos, muchas veces en estado vegetativo, lo que no es un estado soportable desde ningún punto de vista, sino también a presenciar cada día, cada hora, cada minuto, esa cadena de sufrimientos sin fin. Solo la promesa religiosa de un paraíso a cambio de dolor –y cuanto más dolor más paraíso- puede si no justificar, justificar nunca, al menos explicar la opción de dejar al enfermo agotarse hasta el último segundo de vida. Para el resto, para quienes no creemos en otra vida, y muchos menos en ningún paraíso de leyenda, no hay nada que explique la obligación de sufrir más allá del límite de resistencia que cada cual soporte. Jorge Martínez Reverte lo contó espléndidamente, hace algunos años, en un artículo donde repasaba la muerte de su madre.
El elenco de enfermedades mortales incluye no sólo las más físicas e invalidantes sino también las morales, las enfermedades del alma. Hoy, el día de después, yo apoyo la decisión de Lucio Magri y envidio la facilidad que ha encontrado para ponerla en práctica. La “fatiga de vivir” es también una enfermedad terminal.

chitina

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